{"id":11494,"date":"2013-09-11T11:03:34","date_gmt":"2013-09-11T16:03:34","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=11494"},"modified":"2019-08-26T15:09:42","modified_gmt":"2019-08-26T20:09:42","slug":"el-dia-en-que-todo-cambio","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2013\/09\/el-dia-en-que-todo-cambio\/","title":{"rendered":"El d\u00eda en que todo cambi\u00f3"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Allende-ultima-foto.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"aligncenter size-medium wp-image-11495\" title=\"Allende ultima foto\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Allende-ultima-foto-300x113.jpg\" alt=\"\" width=\"300\" height=\"113\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Allende-ultima-foto-300x113.jpg 300w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/09\/Allende-ultima-foto.jpg 600w\" sizes=\"(max-width: 300px) 100vw, 300px\" \/><\/a><\/p>\n<p style=\"text-align: center;\"><em>Ultima foto del presidente Allende<\/em><\/p>\n<p><span style=\"text-align: justify;\">Por Ariel Dorfman *<\/span><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si estoy con vida, si cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde puedo contar la historia del golpe del 11 de septiembre de 1973, es gracias a la ciega generosidad de mi amigo Claudio Jimeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Lo recuerdo ahora tal como lo vi entonces, cuando me desped\u00ed de \u00e9l sin saber que se trataba de una despedida final, sin saber que en poco tiempo \u00e9l estar\u00eda muerto y yo iba a sobrevivir, ninguno de los dos anticipando que los militares lo matar\u00edan a \u00e9l en vez de ensa\u00f1arse conmigo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos conocimos en 1960, cuando los dos curs\u00e1bamos el primer a\u00f1o de estudios en la Universidad de Chile. Incisivos sobresalientes y una mata de pelo negro erizado le hab\u00edan merecido un apodo, Conejo, que lucir\u00eda hasta el d\u00eda de su muerte. Estaba de novio con Chabela Chadwick, una estudiante de qu\u00edmica, y cuando yo comenc\u00e9 a salir con Ang\u00e9lica, mi futura mujer, los cuatro particip\u00e1bamos, junto a otros entusiastas condisc\u00edpulos, en un raudal de actividades: bailes y paseos a la playa y, sobre todo, sum\u00e1ndonos a manifestaciones de protesta. Porque lo que en \u00faltima instancia m\u00e1s nos un\u00eda, m\u00e1s all\u00e1 de compartir confidencias y esperanzas, era una feroz necesidad de batallar por la justicia social en un continente de extrema pobreza y desarrollo frustrado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Como millones de otros chilenos, Claudio y yo \u00e9ramos fervientes seguidores del socialista Salvador Allende, que proclamaba \u2013en una \u00e9poca en que la guerrilla se alzaba con furia en toda Am\u00e9rica latina\u2013 que era posible una revoluci\u00f3n en nuestro pa\u00eds sin recurrir a la violencia, que pod\u00edamos crear una sociedad m\u00e1s justa y soberana por medios democr\u00e1ticos y pac\u00edficos. Nuestros sue\u00f1os se hicieron realidad cuando, diez a\u00f1os m\u00e1s tarde, Allende gan\u00f3 las elecciones presidenciales de 1970.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Los sue\u00f1os y la realidad, sin embargo, no siempre van de la mano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Ya a mediados de 1973, el gobierno de Allende estaba asediado por sus enemigos internos y externos y la creciente amenaza de un pronunciamiento militar. De manera que cuando Fernando Flores, el secretario general de Gobierno del Presidente, me pidi\u00f3 que sirviera como su asesor de prensa y cultura, no tuve la menor duda. Una de mis responsabilidades m\u00e1s urgentes era que deb\u00eda hacer guardia una vez, cada cuatro noches, en La Moneda, para que pudiera comunicarme con Allende en caso de alguna emergencia. Las otras noches se rotaban entre tres otros asesores, uno de los cuales era Claudio Jimeno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De manera que cuando me di cuenta de que me tocaba dormir en La Moneda la noche del lunes 10 de septiembre, nada m\u00e1s natural, entonces, que canjear ese turno con mi viejo amigo, pedirle si era posible hacerme cargo de su guardia del domingo 9 de septiembre. Me conven\u00eda ese domingo porque era la \u00fanica ocasi\u00f3n que ten\u00eda para mostrarle a Rodrigo, mi hijo de seis a\u00f1os, la galer\u00eda de retratos de los primeros mandatarios de Chile y para que experimentara, antes de que su madre viniera a buscarlo, ese momento m\u00e1gico en que las luces del Palacio se prend\u00edan al crep\u00fasculo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claudio asinti\u00f3 sin la menor vacilaci\u00f3n. En esos tiempos azarosos, pasar aunque fuera una hora extra con el hijo al que no ten\u00edamos la certeza de ver al d\u00eda siguiente constitu\u00eda un regalo insuperable. De hecho, me agradeci\u00f3 el trueque, ya que le permit\u00eda gozar de un domingo tranquilo con Chabela y sus dos hijos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y entonces quiso la buena y la mala suerte que fuera Claudio Jimeno el que respondi\u00f3 el tel\u00e9fono en la madrugada del 11 de septiembre de 1973, recibiendo la noticia de que el golpe, liderado por el general Augusto Pinochet, hab\u00eda comenzado. Y fue Claudio el que llam\u00f3 a Allende y Claudio el que luch\u00f3 a su lado en La Moneda y Claudio el que termin\u00f3 siendo apresado y luego torturado y finalmente muerto, convirti\u00e9ndose en uno de los primeros chilenos desaparecidos. Mientras que yo despert\u00e9 al lado del amor de mi vida, de Ang\u00e9lica, y trat\u00e9 de llegar a La Moneda y no pude lograrlo y heme aqu\u00ed, cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde, conmemorando a mi amigo y lo que se perdi\u00f3 y lo que se aprendi\u00f3, y recordando, porque Claudio no lo puede hacer, c\u00f3mo mantuvimos viva la esperanza en medio de la oscuridad. Heme aqu\u00ed, todav\u00eda sin poder visitar la tumba de Claudio porque los militares que lo mataron todav\u00eda no revelan d\u00f3nde echaron su cuerpo vejado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El destino de Claudio prefigur\u00f3 el de su pa\u00eds.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Nos aguardaban d\u00e9cadas de represi\u00f3n y pavor, de pesadumbre y combate. Aun cuando terminamos derrotando a la dictadura, nuestra democracia restaurada se vio severamente restringida. La siniestra Constituci\u00f3n de Pinochet, aprobada en un refer\u00e9ndum fraudulento en 1980, sigue siendo hasta el d\u00eda de hoy la ley suprema de la rep\u00fablica, obstaculizando tantas reformas imprescindibles que el pa\u00eds reclama.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si bien aquel 11 de septiembre de 1973 fue tr\u00e1gico para tantos chilenos, tambi\u00e9n tuvo consecuencias m\u00e1s all\u00e1 de nuestras orillas remotas. El naufragio de la revoluci\u00f3n chilena repercuti\u00f3 en forma significativa en Europa, donde llev\u00f3 a una fundamental reorientaci\u00f3n de la izquierda en varios pa\u00edses (notablemente Espa\u00f1a, Francia e Italia), la certeza de que no bastaba con una mayor\u00eda electoral exigua para llevar a cabo transformaciones sustanciales en la sociedad, sino que se necesitaba un consenso amplio y profundo. En los Estados Unidos, la intervenci\u00f3n de la CIA en la ca\u00edda de Allende fue uno de varios factores que condujeron a investigaciones del Congreso, estableciendo leyes limitando las intromisiones del Poder Ejecutivo norteamericano en los asuntos internos de otras rep\u00fablicas, abriendo una discusi\u00f3n que es en este momento m\u00e1s perentoria que nunca, en vista de que los presidentes norteamericanos siguen adjudic\u00e1ndose el derecho a inmiscuirse ilegalmente en cualquier rinc\u00f3n de la Tierra donde sus intereses podr\u00edan peligrar, es decir, matar y espiar en todo el mundo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El legado m\u00e1s crucial, sin embargo, del 11 de septiembre chileno fueron las estrategias econ\u00f3micas implementadas por Pinochet. Mi pa\u00eds se convirti\u00f3, en efecto, en un laboratorio para un salvaje experimento neoliberal, una tierra donde la avaricia desmedida, la extrema desnacionalizaci\u00f3n de los recursos p\u00fablicos y la supresi\u00f3n de los derechos de los trabajadores fueron impuestas con virulencia a un pueblo desamparado. Muchas de estas pol\u00edticas fueron adoptadas m\u00e1s tarde por Margaret Thatcher y Ronald Reagan (as\u00ed como por l\u00edderes en el resto del globo), acarreando una disparidad escandalosa en la distribuci\u00f3n del ingreso y la riqueza y, podr\u00eda arg\u00fcirse, creando condiciones para las \u00faltimas crisis financieras que han sacudido al planeta. Por cierto, este modelo chileno de un libre mercado exorbitante y sin frenos no ha perdido hoy su atractivo. La dr\u00e1stica y desastrosa privatizaci\u00f3n del sistema previsional sufrida en Chile es enaltecida por derechistas de todas las estampas como una \u201csoluci\u00f3n\u201d al \u201cproblema\u201d de las pensiones de los jubilados. Y recientemente, The Wall Street Journal, en un editorial, suger\u00eda que \u201cojal\u00e1 los egipcios tuvieran la buena suerte de que sus nuevos generales reinantes resultaran ser como Augusto Pinochet de Chile\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Afortunadamente, Chile no export\u00f3 \u00fanicamente las peores experiencias surgidas de la asonada militar. Tambi\u00e9n ha servido como un modelo de c\u00f3mo un pueblo desarmado puede, a trav\u00e9s de la no violencia y una ardua campa\u00f1a de desobediencia civil, conquistar el miedo y liquidar a una dictadura. Los alentadores movimientos de resistencia y en favor de la democracia que han brotado en todos los continentes durante estos \u00faltimos a\u00f1os prueban que el futuro no tiene que ser despiadado, que el 11 de septiembre chileno no marc\u00f3 el final de la b\u00fasqueda de libertad y justicia social por la que muri\u00f3 Claudio Jimeno, que tal vez su sacrificio no fue enteramente en vano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Y, sin embargo, no me puedo consolar. Cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde todav\u00eda recuerdo su sonrisa de conejo cuando me dijo adi\u00f3s en La Moneda aquella noche del 10 de septiembre de 1973.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Al d\u00eda siguiente, ese martes desbordante de terror en Santiago, muchas cosas cambiaron para siempre, cambios pol\u00edticos y econ\u00f3micos que alteraron a Chile y, se podr\u00eda aventurar, tambi\u00e9n al mundo. Pero cuando contemplamos el pasado, lo que necesitamos recordar es que finalmente la historia la hacen y padecen seres humanos reales, hombres y mujeres que quedan penosamente afectados. La historia consiste de muchos Claudios y muchos Jimenos de nuestra especie, uno m\u00e1s uno m\u00e1s uno.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa es la historia irreparable, la que nos duele y conduele: no puede Claudio despertar, como lo hago yo cada ma\u00f1ana, al canto interminable de los p\u00e1jaros.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Claudio Jimeno, el amigo que muri\u00f3 en mi lugar cuarenta a\u00f1os atr\u00e1s, nunca ha de ver a sus nietos crecer, nunca podr\u00e1 sonre\u00edrse cuando lo llamen Abuelo Conejo.<\/p>\n<p>* Escritor chileno. Su \u00faltimo libro es Entre sue\u00f1os y traidores: un striptease del exilio<\/p>\n<p>EL MUNDO \u203a OPINION<\/p>\n<p><a href=\"http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/elmundo\/4-228727-2013-09-11.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/www.pagina12.com.ar\/diario\/elmundo\/4-228727-2013-09-11.html<\/a><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Ultima foto del presidente Allende Por Ariel Dorfman * Si estoy con vida, si cuarenta a\u00f1os m\u00e1s tarde puedo contar la historia del golpe del 11 de septiembre de 1973, es gracias a la ciega generosidad de mi amigo Claudio Jimeno. 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