{"id":13654,"date":"2014-04-14T15:54:51","date_gmt":"2014-04-14T20:54:51","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=13654"},"modified":"2019-08-26T15:09:18","modified_gmt":"2019-08-26T20:09:18","slug":"conflicto-y-salud-mental-las-heridas-invisibles-de-la-guerra","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2014\/04\/conflicto-y-salud-mental-las-heridas-invisibles-de-la-guerra\/","title":{"rendered":"Conflicto y salud mental: las heridas invisibles de la guerra"},"content":{"rendered":"<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/foto-intro.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-large wp-image-13655\" title=\"foto-intro\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/foto-intro-640x384.jpg\" alt=\"\" width=\"405\" height=\"243\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/foto-intro-640x384.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/foto-intro-300x180.jpg 300w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/04\/foto-intro.jpg 1000w\" sizes=\"(max-width: 405px) 100vw, 405px\" \/><\/a>Si bien Colombia se ha empezado a preocupar por sus v\u00edctimas, hay una faceta de su sufrimiento a la que casi no se ha prestado atenci\u00f3n: las cicatrices, en muchos casos indelebles, que ha dejado la violencia en la mente de m\u00e1s de 6 millones de colombianos, una tercera parte de los cuales son ni\u00f1os.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parad\u00f3jicamente, en un pa\u00eds que cumple m\u00e1s de 60 a\u00f1os de guerra, no hay estudios serios que den cuenta de ese da\u00f1o. Los dos trabajos m\u00e1s recientes, aunque focalizados en apenas dos zonas del pa\u00eds, ofrecen una idea de la dimensi\u00f3n del problema. El primero, hecho por M\u00e9dicos sin Fronteras hace un a\u00f1o entre 4.455 pacientes que fueron a su consulta psicol\u00f3gica en Cauca, Nari\u00f1o, Caquet\u00e1 y Putumayo, revel\u00f3 que la violencia es, entre otros factores estudiados, el evento que m\u00e1s afecta la salud mental de la poblaci\u00f3n civil, con \u00edndices de ansiedad y depresi\u00f3n que llegan al 34 por ciento, cifra mucho m\u00e1s alta que la del resto de poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El otro, hecho por Jiovany Arias de la Universidad de los Andes, con una muestra representativa de 208 v\u00edctimas de Montes de Mar\u00eda, hall\u00f3 que el 90 por ciento presenta s\u00edntomas de depresi\u00f3n y en el 60 por ciento de los municipios de la regi\u00f3n la totalidad de los entrevistados tiene valores conclusivos de ansiedad, depresi\u00f3n y propensi\u00f3n a desarrollar s\u00edntomas de estr\u00e9s postraum\u00e1tico.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque estas estad\u00edsticas sirven para entender el drama, los expertos prefieren hablar de sufrimiento y no de enfermedad. En realidad su tragedia no fue causada por problemas intr\u00ednsecos sino por circunstancias del entorno. Si se limitara a ponerle una etiqueta psiqui\u00e1trica a lo que han padecido millones de colombianos por el conflicto, la v\u00edctima tendr\u00eda que llorar sola y con ello la realidad sociopol\u00edtica que vivi\u00f3 se silenciar\u00eda.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">De hecho, el conflicto no afecta a todos por igual. Algunos especialistas se\u00f1alan que solo el 5 por ciento requiere tratamiento psiqui\u00e1trico especializado. Un ejemplo es Carlos Mario Zuluaga, un joven de 25 a\u00f1os que creci\u00f3 en San Carlos, uno de los pueblos m\u00e1s afectados por el conflicto en Antioquia. Sufri\u00f3 33 masacres en una d\u00e9cada, 156 desapariciones forzadas y 5.000 atentados a la infraestructura. Solo a los 17 a\u00f1os, Carlos empez\u00f3 a presentar s\u00edntomas: \u201cPor la noche no dorm\u00eda de pensar que ya llegaban a degollarnos. Yo digo que el infierno existe porque lo viv\u00ed\u201d. Le diagnosticaron un trastorno afectivo bipolar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La gran mayor\u00eda, sin embargo, presenta alguna forma de dolor que, si bien no es una enfermedad, es una carga que a veces no deja vivir. Y si no se atiende adecuada y oportunamente, se podr\u00eda convertir en una patolog\u00eda mental o somatizarse en un mal f\u00edsico, como se ha observado entre las madres de los desaparecidos que terminan sus d\u00edas con c\u00e1ncer o derrames cerebrales, condiciones que en el fondo son la manifestaci\u00f3n de una pena moral profunda derivada de la gran incertidumbre en la que las dej\u00f3 la guerra.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">M\u00e1s all\u00e1 de los muertos y las explosiones, la guerra ha transformado escenarios comunitarios en lugares de miedo, truncado proyectos de vida y provocado humillaciones inenarrables, incertidumbres y p\u00e9rdidas de la identidad. Como le pas\u00f3 a Oveida Mej\u00eda, una mujer de R\u00edosucio, Choc\u00f3, que hoy vive en Valle Encantado, en zona rural de C\u00f3rdoba: \u201cYo les cocinaba a 180 ni\u00f1os del colegio. Mi casita era la m\u00e1s abundante y all\u00e1 los curas siempre se quedaban. Yo all\u00e1 era do\u00f1a Ov eida pero en Monter\u00eda solo me conoc\u00eda mi hermano\u201d.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Parad\u00f3jicamente, uno de los sentimientos que genera el conflicto entre las v\u00edctimas es la culpa. En Nombrar lo Innombrable, un trabajo del Cinep con mujeres v\u00edctimas de Antioquia, hay casos como el de un joven de 17 a\u00f1os que le implora a su madre que lo salve de la muerte a manos de sus victimarios, sin que ella pueda hacer nada. As\u00ed aparece la tormentosa idea de que las cosas ser\u00edan diferentes si los sobrevivientes hubieran actuado distinto. Surge tambi\u00e9n la rabia contra ellos mismos y el resto del mundo. Predominan la soledad y la sensaci\u00f3n de que son \u201cbasura\u201d y de que la vida no vale nada. \u201cUna situaci\u00f3n que por su complejidad afecta la vida toda\u201d, se\u00f1ala el informe.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El da\u00f1o colectivo<br \/>\nLos da\u00f1os emocionales del conflicto no se limitan a lo individual. Se acaban los liderazgos, surge la desconfianza entre quienes antes fueron vecinos y amigos. Se afectan esferas como la familiar porque alguien que no puede atender su propio dolor dif\u00edcilmente tiene capacidad para ocuparse de otros. Ante el desarraigo, muchas familias se atomizaron, o sus relaciones se deterioraron por el cambio de papeles: los hombres proveedores ya no estaban por lo que sus mujeres debieron asumir la jefatura del hogar. \u201cTodo est\u00e1 relacionado. No tener trabajo no es solo un problema econ\u00f3mico: es no darles de comer a mis hijos, y eso genera irritabilidad que puede desembocar en violencia intrafamiliar y alcoholismo\u201d, se\u00f1ala el psic\u00f3logo Juan David Villa, de la Universidad San Buenaventura.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Aunque muchos no vivieron directamente la barbarie de la guerra, los expertos no dudan de que la sociedad se afect\u00f3 al exponerse al conflicto a trav\u00e9s de los peri\u00f3dicos o las im\u00e1genes en los medios de comunicaci\u00f3n. Es as\u00ed como la guerra trastoc\u00f3 las nociones de justicia, culpabilidad y legalidad. Algunos incluso creen que las barras bravas, los asesinatos por celos o el pandillismo son apenas s\u00edntomas del malestar social que ha dejado esta guerra prolongada. \u201cEstamos cosechando las consecuencias de lo que yo llamo impactos transgeneracionales, que ya no son manifestaciones de actores armados\u201d, dice Alfonso Rodr\u00edguez, psiquiatra de la Universidad del Bosque.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">El reto hacia adelante<br \/>\nCon la promulgaci\u00f3n de la Ley de V\u00edctimas estas personas han empezado a ser tenidas en cuenta y atendidas. Eso es un comienzo. Mart\u00edn, un desplazado de C\u00f3rdoba que desde hace poco recibe atenci\u00f3n integral a trav\u00e9s del Programa de Atenci\u00f3n psicosocial del Ministerio de Salud sinti\u00f3 alegr\u00eda cuando el equipo interdisciplinario toc\u00f3 a su puerta para saber c\u00f3mo estaba y si necesitaba algo. La psiquiatra Bertha Luc\u00eda Casta\u00f1o, fundadora de la Corporaci\u00f3n Avre, explica que ese simple hecho tiene gran importancia en la reparaci\u00f3n del da\u00f1o porque es una muestra de que el Estado acept\u00f3 su error.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Atender las v\u00edctimas es fundamental porque hacer p\u00fablico el dolor les hace entender que el problema no es individual sino del contexto sociopol\u00edtico del pa\u00eds y que \u201csu identidad de v\u00edctimas fue creada por otros\u201d, dice Liz Ar\u00e9valo, psic\u00f3loga de la Fundaci\u00f3n V\u00ednculos. Tambi\u00e9n les ayuda a ver su doble condici\u00f3n de v\u00edctimas y sobrevivientes que han hecho esfuerzos valientes para sobreponerse al dolor y a la tristeza y a batallar por sus derechos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Para algunos la atenci\u00f3n psicosocial del Estado es un gran esfuerzo, pero no es suficiente para la dimensi\u00f3n de la tragedia. \u201cUn psic\u00f3logo no es nada en un municipio como San Carlos, donde el 80 por ciento de la poblaci\u00f3n fue v\u00edctima del conflicto. Tendr\u00edamos que tener diez\u201d, dice Mar\u00eda Patricia D\u00edaz, alcaldesa de San Carlos. pastora Mira, concejal del municipio, agrega que este problema no se puede manejar con \u2018contraticos\u2019 sino con un centro especializado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La sanaci\u00f3n de las heridas mentales debe involucrar otras esferas, como la atenci\u00f3n integral en salud. Pero tambi\u00e9n debe pasar por la Justicia, porque la impunidad deja al agresor en libertad de seguir amenazando a las v\u00edctimas y en esas circunstancias la rabia y el odio aumentan. Es el resentimiento del que habla Jean Amery, sobreviviente del holocausto jud\u00edo, que surge por sentirse un extra\u00f1o en medio de una sociedad que sali\u00f3 ilesa de la guerra y que sigue su vida como si nada hubiera pasado.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las v\u00edctimas necesitan un presente digno, seguro, con garant\u00edas de que podr\u00e1n trazar un futuro para que puedan por fin dejar de ser v\u00edctimas. Tambi\u00e9n se necesitan espacios de memoria en donde sus conciudadanos vean los horrores que padecieron. Adem\u00e1s, se requiere de todo un esfuerzo, que desde el sistema educativo, promueva una gran reflexi\u00f3n sobre los valores perdidos y los que hacen falta para convivir en paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esa es una responsabilidad no solo del Estado, sino de toda la sociedad que debe salir de la indiferencia, pues si bien negar el conflicto, no verlo, es una reacci\u00f3n normal para preservarse de algo muy doloroso, tambi\u00e9n puede ser s\u00edntoma de una gran afectaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Si se quiere hablar de posconflicto y reconciliaci\u00f3n, es necesario atender los casos como lo merecen. Las v\u00edctimas, que aguantaron lo indecible y han mostrado valent\u00eda enorme, necesitan recuperar su lugar en la sociedad como ciudadanos, merecen el reconocimiento de que lo que les pas\u00f3 fue muy grave, pero sobre todo, la garant\u00eda de que no se repita. Y a\u00fan falta mucho para eso.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><a href=\"http:\/\/www.semana.com\/especiales\/conflicto-salud-mental\/index.html\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">Tomado de:\u00a0http:\/\/www.semana.com\/especiales\/conflicto-salud-mental\/index.html<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Si bien Colombia se ha empezado a preocupar por sus v\u00edctimas, hay una faceta de su sufrimiento a la que casi no se ha prestado atenci\u00f3n: las cicatrices, en muchos casos indelebles, que ha dejado la violencia en la mente de m\u00e1s de 6 millones de colombianos, una tercera parte de los cuales son ni\u00f1os. 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