{"id":15665,"date":"2014-09-29T10:51:13","date_gmt":"2014-09-29T15:51:13","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=15665"},"modified":"2019-08-26T15:08:58","modified_gmt":"2019-08-26T20:08:58","slug":"vaya-mire-y-me-cuenta","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2014\/09\/vaya-mire-y-me-cuenta\/","title":{"rendered":"Vaya, mire y me cuenta"},"content":{"rendered":"<div>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"right\">Texto presentado y le\u00eddo en la ceremonia de entrega del<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"right\"><strong>Doctorado Honoris Causa<\/strong>,<strong>\u00a0<\/strong>por la\u00a0Universidad Nacional de Colombia.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\" align=\"right\">Bogot\u00e1, septiembre 25, 2014<\/p>\n<div style=\"text-align: justify;\">\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><strong><em>Se\u00f1or Rector de la UN<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Miembros del Consejo Acad\u00e9mico,<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Profesoras y profesoras<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Se\u00f1oras y se\u00f1ores<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>Compa\u00f1eros de Sociolog\u00eda.<\/em><\/strong><\/p>\n<p><strong><em>500 palabras un minuto<\/em><\/strong><\/p>\n<p>La distinci\u00f3n acad\u00e9mica que recibimos de la Universidad Nacional nos llena de una sincera y profunda alegr\u00eda. Aqu\u00ed nos formamos, aqu\u00ed se caldearon nuestros sue\u00f1os, aqu\u00ed aprendimos a encarar el futuro. Estamos agradecidos con la universidad por lo que nos dio y por lo que hoy nos otorga. Volver a estar aqu\u00ed es revivir aquellos d\u00edas en los que el hoy estaba tan lejos.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme hablar ahora en primera persona porque es en ella en la que yo he contado lo que me cuentan.<\/p>\n<p>No es, claro est\u00e1, de mi vida de lo que quiero hablar, es la historia personal de una mirada.<\/p>\n<p>No puedo evitar \u2013aunque lo intente\u2013 recordar mi primer d\u00eda de universidad, quiz\u00e1s un 8 de febrero. Lo viv\u00ed como entrando al pante\u00f3n de los h\u00e9roes porque hab\u00eda ganado una gran batalla: estudiar sociolog\u00eda en lugar de cursar derecho, la profesi\u00f3n de mis t\u00edos y de mis abuelos, y porque hab\u00eda aprobado los ex\u00e1menes de admisi\u00f3n sobre bases acad\u00e9micas muy endebles habiendo hecho, como hice, mi bachillerato entre mesas de billar y salas de cine. Hab\u00eda, adem\u00e1s, pasado la entrevista con Orlando Fals Borda, Camilo Torres Restrepo y Eduardo Uma\u00f1a Luna, tres de las personas que m\u00e1s han influido en mi vida y en mi generaci\u00f3n. Orlando nos abri\u00f3 la puerta al pa\u00eds real; Camilo, al pa\u00eds posible, y Uma\u00f1a Luna, al mundo de la \u00e9tica. Materias todas que seguir\u00edamos cursando en la facultad con otros profesores y bajo distintas c\u00e1tedras: Tom\u00e1s Dukay, republicano exiliado; Chucho Arango, torrente de historia; Juan Friede, estricto, exacto, cr\u00edtico; Virginia Guti\u00e9rrez, Ernesto Guhl, Enrique Valencia, s\u00f3lo para nombrar aquellos que recupera esta memoria que ya comienza a hacer aguas. Lo que en las aulas o\u00edamos, en los prados diger\u00edamos y en la 26 o en la 45, a piedra, defendimos. Ten\u00edamos que entregar intacto el legado de las luchas estudiantiles del 28 contra la Hegemon\u00eda conservadora; las del 54 contra la dictadura de Rojas Pinilla, y afirmar la nuestra contra el Frente Nacional, contra la agresi\u00f3n norteamericana a Cuba, contra el asalto a Marquetalia. Para ninguno fue f\u00e1cil dejar la universidad. Se sale del campus, pero no muy lejos; la vida real da miedo. Me desprend\u00ed de la Nacional a duras penas.<\/p>\n<p>H\u00e9ctor Abad G\u00f3mez, el m\u00e1rtir, nos llev\u00f3 a varios de los nuevos soci\u00f3logos a trabajar en la reforma agraria. Me mand\u00f3 sin pre\u00e1mbulo al alto Sin\u00fa: \u201cVaya, mire y me cuenta\u201d, me dijo. C\u00f3rdoba andaba revuelta: los campesinos ped\u00edan las tierras que los terratenientes les quitaban desecando las ci\u00e9nagas, corriendo cercas, quemando escrituras. El Incora se entreten\u00eda construyendo un distrito de riego que con el tiempo terminar\u00eda fertilizando las tierras de los grandes hacendados. En la cabecera del r\u00edo Sin\u00fa, que es tambi\u00e9n la del San Jorge, hab\u00eda colonos arrinconados por el Ej\u00e9rcito. Se trataba de poner en pr\u00e1ctica el operativo norteamericano en Vietnam de las Aldeas estrat\u00e9gicas. O mejor dicho, de sacar a los colonos de sus tierras para concentrarlos en sitios determinados y poder bombardear las nacientes guerrillas. Yo regres\u00e9 a Bogot\u00e1 con el credo en la boca: el gerente habl\u00f3 con el presidente; el presidente, con el general, y la operaci\u00f3n se suspendi\u00f3. Fue en Juan Jos\u00e9, un pueblo donde despu\u00e9s entregar\u00eda armas el EPL, donde yo o\u00ed por boca de un campesino hablar por primera vez de los \u201ca\u00f1os del tropel\u201d, a\u00f1os de sangre.<\/p>\n<p>No me era extra\u00f1a la violencia, a pesar de haber nacido en un \u00e1rea rural donde no la hubo. Sin embargo, el 9 de abril Bogot\u00e1 ard\u00eda y desde mi casa ve\u00edamos el resplandor de las llamas que consum\u00edan la ciudad. Tres d\u00edas despu\u00e9s la Polic\u00eda se llev\u00f3 a unos forasteros que, se dijo, hab\u00edan dejado salir de La Picota, y el general Amadeo Rodr\u00edguez, jefe civil y militar de La Calera, los fusil\u00f3, sin juicio, en el alto de las Tres cruces. Seg\u00fan \u00e9l, \u201ceran nueveabrile\u00f1os\u201d. Mi casa quedaba en un p\u00e1ramo apacible desde donde se o\u00eda pitar el tren de la sabana a las 5 de la tarde, hora en que los trabajadores alzaban la mano de obra y llegaban a mi casa a comer: entonces hablaban, contaban su d\u00eda, su historia, se re\u00edan, se burlaban unos de otros y a veces hasta tocaban tiple. Yo los o\u00eda embelesado, eran mis h\u00e9roes.<\/p>\n<p>En alg\u00fan veraneo en Chicoral, en la plaza del pueblo vi descargar dos cad\u00e1veres que tra\u00edan a caballo; les vi los ojos horrorizados y secos. El alcalde dijo que eran bandoleros. En Tocaima, en otro veraneo, vi las calles de la plaza llenas de mujeres y de ni\u00f1os durmiendo en las aceras. O\u00ed decir que eran gente que no quer\u00eda trabajar.<\/p>\n<p>Cuando le\u00ed\u00a0<em>La Violencia en Colombia<\/em>, el libro de monse\u00f1or Guzm\u00e1n, Fals y Uma\u00f1a, supe que se trataba de esas historias que quedaron grabadas en mi alma. La facultad de Sociolog\u00eda era un hervidero de ideas. Los peri\u00f3dicos hablaban mal de ella y nosotros, de ellos. Busc\u00e1bamos la verdad en alg\u00fan barrio del sur de Bogot\u00e1 y en alguna vereda de Boyac\u00e1 donde hac\u00edamos pr\u00e1cticas de campo para contrastar las tesis de la sociolog\u00eda acad\u00e9mica, un poco densa, a decir verdad. Una distancia que fue aumentando al ritmo en que me reencontr\u00e9 con la mirada campesina, ese agujero por donde sigo mirando el pa\u00eds.<\/p>\n<p>Al regresar de estudiar en Par\u00eds \u2013donde aprend\u00ed poco y divagu\u00e9 mucho\u2013, quise hacer mi tesis de grado sobre la renta de la tierra, un tema de moda entre los intelectuales. Opt\u00e9 por hacer el trabajo de campo en Granada, un pueblo lejano en el r\u00edo Ariari que yo hab\u00eda conocido de ni\u00f1o con el nombre de Boca de Monte y donde me hab\u00edan mostrado de lejos al temible \u201cTuerto\u201d Giraldo, un guerrillero liberal. El Ariari era una tierra arrancada a la selva por colonos de Tolima y de Cundinamarca. Busqu\u00e9 ansioso informaci\u00f3n para mi tesis. La gente me respond\u00eda con una mezcla de generosidad y desconfianza, hasta que, viendo mi torpeza, la primera le gan\u00f3 la partida a la segunda y entonces me contaban su vida: Unos hab\u00edan llegado de la guerra remontando la Cordillera Oriental con sus hijos y sus corotos a cuestas, otros hab\u00edan llegado en bus con el \u201csolo encapullado\u201d. Todos huyendo, todos buscando tierras nuevas. Sus historias apasionadas, enriquecidas con sue\u00f1os, adoloridas por la persecuci\u00f3n, me hicieron olvidar la tesis y las caras doctorales de mis calificadores franceses. Fue en Bogot\u00e1 donde, a cambio de una historia, ced\u00ed a la tentaci\u00f3n de tener un cart\u00f3n. No me cupo duda, era demasiado lo que me hab\u00edan contado los colonos, era muy grande mi compromiso. Opt\u00e9 a conciencia por contar lo que me hab\u00edan contado, dir\u00eda mejor, lo que me hab\u00edan confiado. Lo escrib\u00ed en primera persona como si ellos, los colonos, lo hubieran escrito. Tal subjetividad \u2013dictamin\u00f3 la doctrina\u2013 re\u00f1\u00eda con la naturaleza objetiva y as\u00e9ptica de la ciencia. No se pod\u00eda distinguir entre la verdad y la fantas\u00eda. Para m\u00ed, la cuesti\u00f3n no era de m\u00e9todo sino de \u00e9tica. Se produjo entonces un rompimiento a ciencia y conciencia, una \u201cruptura epistemol\u00f3gica\u201d con lo que parec\u00eda m\u00e1s un juez que un maestro.<\/p>\n<p>Y sobre este rompimiento ech\u00e9 a andar.<\/p>\n<p>Los colonos de El Pato, que se hab\u00edan tomado Neiva despu\u00e9s de un bombardeo infame, me ense\u00f1aron a o\u00edr sus reclamos hist\u00f3ricos; en el Valle del Cauca, en Caldas, en Tolima, las v\u00edctimas de los p\u00e1jaros en Ceyl\u00e1n y de los chulavitas en Sevilla, y los hu\u00e9rfanos de los crucificados en Rovira, me hicieron arte y parte de su tragedia. Segu\u00ed las huellas de los levantamientos de Guadalupe Salcedo y del Tuerto Giraldo en el Llano; de Isauro Yosa y de Charro Negro en Tolima. Pero, sobre todo, recog\u00ed el eco del dolor de hombres y mujeres que una mina de oro en el Naqu\u00e9n, en un manglar del Pac\u00edfico, en un r\u00edo de Choc\u00f3 rebuscaban lo que la selva les diera, lo que las aguas les llevaran, ante la indiferencia suprema del Estado. As\u00ed, de costa a costa, de r\u00edo en r\u00edo, de camino en camino, hice lo que un negro viejo en el Charco, Nari\u00f1o, me dijo: \u201cPara conocer, se\u00f1or, hay que andar\u201d. Un consejo que ha sido el itinerario de mi vida.<br \/>\n<a href=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/MonOrz23.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft size-full wp-image-15667\" title=\"MonOrz23\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/MonOrz23.jpg\" alt=\"\" width=\"390\" height=\"514\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/MonOrz23.jpg 390w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2014\/09\/MonOrz23-227x300.jpg 227w\" sizes=\"(max-width: 390px) 100vw, 390px\" \/><\/a>O\u00edr las voces de las gentes no fue suficiente. Para no usurparlas, hab\u00eda que escribirlas en el mismo tono y el mismo lenguaje en que hab\u00edan sido escuchadas. No fue f\u00e1cil desembarazarme del idioma conceptual que me imped\u00eda ver y hablar. Un afortunado d\u00eda escribir se me volvi\u00f3 obligatorio, incluso apasionante. Pero todav\u00eda faltaba saber si ser\u00eda \u00fatil. Poco a poco esta condici\u00f3n abri\u00f3 camino al constatar que la gente llana entend\u00eda lo que yo escrib\u00eda con su voz. Los colonos, los aventureros, los guerrilleros, los despojados y hasta los desaparecidos adquir\u00edan as\u00ed vida textual. Entend\u00ed que los relatos pod\u00edan servirles de espejo para que se reconocieran y recabaran en la fuerza que, sin saberlo, cargaban. Comprend\u00ed que la aceptaci\u00f3n de los textos \u2013mi aspiraci\u00f3n m\u00e1s secreta\u2013 me satisfac\u00eda no porque me justificaran, sino porque por ah\u00ed el conocimiento encontraba objeto, cumpl\u00eda su raz\u00f3n de ser. O\u00edr a la gente re\u00edrse de s\u00ed misma, discutir sus propios testimonios, volver a sufrir sus dolores, interrogarse, aceptarse, era el sentido vital que yo pod\u00eda reclamarle al conocimiento. Ya no era la curiosidad de o\u00edrlos y de gozar su lenguaje y sus maneras particulares de entender el mundo, ahora era la grat\u00edsima sensaci\u00f3n de que lo que uno hab\u00eda hecho era acogido. El conocimiento es una especie de hijo pr\u00f3digo que s\u00f3lo encuentra suspiro cuando regresa a su fuente. Escuchar \u2013perd\u00f3nenme el tono\u2013 es ante todo una actitud humilde que permite poner al otro por delante de m\u00ed, o mejor, reconocer que estoy frente al otro. Escuchar es limpiar lo que me distancia del vecino o del afuerano, que es lo mismo que me distancia de m\u00ed. El camino, pues, da la vuelta.<\/p>\n<p>Escuchar es casi escribir. Pero pregunto: \u00bfC\u00f3mo puede uno guardar lo que ha encontrado cuando ese hallazgo es un instante de plenitud? La verdadera relaci\u00f3n con otro ser humano es jubilosa porque ha logrado romper la trinchera del miedo. Pienso que guardar esa emoci\u00f3n podr\u00eda ser da\u00f1ino. No es s\u00f3lo una responsabilidad, sino tambi\u00e9n un asunto de vida o muerte. \u00bfC\u00f3mo seguir viviendo aislado cuando uno conoce al vecino y sabe, adem\u00e1s, que vive tan solo como uno? M\u00e1s a\u00fan: \u00bfC\u00f3mo no comunicarle que uno existe? \u00bfC\u00f3mo no mandarle un papelito dici\u00e9ndole: \u201caqu\u00ed estoy\u201d? Eso es escribir. Se tiene miedo de escribir porque se tiene miedo de escuchar, porque se tiene miedo de vivir. Quiz\u00e1 por eso son m\u00e1s seguros los conceptos y los prejuicios.<\/p>\n<p>Escuchar y escribir son actos gemelos que conducen a la creaci\u00f3n. El conocimiento no es el resultado de la aplicaci\u00f3n de unas reglas cient\u00edficas sino un acto de inspiraci\u00f3n cuyo origen me es vedado pero cuya responsabilidad me es exigida. Uno no escoge los temas, dice S\u00e1bato, los temas lo escogen a uno. La creaci\u00f3n esconde la utop\u00eda, la aspiraci\u00f3n a un mundo nuevo y distinto que puede ser tanto m\u00e1s real cuanto m\u00e1s simple. Las cosas suelen no estar m\u00e1s all\u00e1 sino m\u00e1s ac\u00e1.<\/p>\n<p>Perm\u00edtanme terminar diciendo que la creaci\u00f3n es el movimiento de la vida. Por eso todo esfuerzo encaminado a conocer debe aspirar a crear, no a descubrir. Crear es, al fin y al cabo, un acto \u00e9tico. Por eso, entre otras cosas, me honra recibir este doctorado Honoris Causa en compa\u00f1\u00eda de ustedes y sobre todo, del poeta Juan Manuel Roca, quien sin saber para quien escribe, sabe que lo hace en la madrugada:<\/p>\n<p><em>\u201cDesde una naci\u00f3n donde alguien proscribe el sue\u00f1o,<\/em><\/p>\n<p><em>donde gotea el tiempo como lluvia envilecida<\/em><\/p>\n<p><em>y la risa es condenada por traici\u00f3n a los espejos\u201d.<\/em><\/p>\n<div><\/div>\n<\/div>\n<\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\">Tomado de:\u00a0<a href=\"http:\/\/yezidarteta.wordpress.com\/2014\/09\/25\/vaya-mire-y-me-cuenta\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/yezidarteta.wordpress.com\/2014\/09\/25\/vaya-mire-y-me-cuenta\/<\/a><\/div>\n<div style=\"text-align: justify;\"><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Texto presentado y le\u00eddo en la ceremonia de entrega del Doctorado Honoris Causa,\u00a0por la\u00a0Universidad Nacional de Colombia. 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