{"id":16448,"date":"2015-01-26T11:35:53","date_gmt":"2015-01-26T16:35:53","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=16448"},"modified":"2019-08-26T15:08:48","modified_gmt":"2019-08-26T20:08:48","slug":"el-regreso-la-lucha-wayuu-por-bahia-portete","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2015\/01\/el-regreso-la-lucha-wayuu-por-bahia-portete\/","title":{"rendered":"El regreso, la lucha way\u00fau por Bah\u00eda Portete"},"content":{"rendered":"<div id=\"attachment_16449\" style=\"width: 630px\" class=\"wp-caption alignleft\"><a href=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete-body-image-1422200417.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" aria-describedby=\"caption-attachment-16449\" class=\"wp-image-16449 size-large\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete-body-image-1422200417-640x427.jpg\" alt=\"Las familias han regresado a sus tierras a pesar de las nuevas amenazas. Foto: Vice.com\" width=\"620\" height=\"414\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete-body-image-1422200417-640x427.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/01\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete-body-image-1422200417-300x200.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 620px) 100vw, 620px\" \/><\/a><p id=\"caption-attachment-16449\" class=\"wp-caption-text\">Las familias han regresado a sus tierras a pesar de las nuevas amenazas. Foto: Vice.com<\/p><\/div>\n<p style=\"text-align: justify;\"><strong>Por: Ana Karina Delgado<\/strong><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00a0Es noche cerrada en un paraje lejano de la Alta Guajira, extremo norte de Colombia. Suena el viento rompiendo contra los techos de <em>yotojoro<\/em> (el coraz\u00f3n seco del cactus) y a lo lejos se escucha el bramido alargado y triste de un burro. Si se fija la mirada con atenci\u00f3n, m\u00e1s all\u00e1 de los palos de la enramada se ve un cielo atestado de estrellas, y m\u00e1s abajo, a ras de suelo, se divisan a lo lejos grandes halos blancos que se desplazan. Cada vez el halo se hace m\u00e1s peque\u00f1o y el c\u00edrculo de luz en el centro se va definiendo. M\u00e1s cerca, m\u00e1s r\u00e1pido. Una luz viene del oriente, otras dos de abajo, como si subieran desde el viejo puerto. Las luces vienen de las motos, motos como casi todas las de la zona, fuertes, r\u00e1pidas, algunas incluso incre\u00edblemente nuevas, sin placas y a lo m\u00e1s alg\u00fan sticker con la bandera tricolor que bien podr\u00eda ser colombiana, si debajo, en letras grandes y rojas no dijera \u00absocialista\u00bb.<\/p>\n<p class=\"p2\" style=\"text-align: justify;\">Estas motos no est\u00e1n solo para transportar pasajeros, para llevar de aqu\u00ed para all\u00e1 variada mercanc\u00eda; seg\u00fan algunos, las motos siguen cargando, como hace tiempo, drogas, llevan objetos robados, turistas secuestrados. Pero estas que se intuyen entre los cardones, que rondan la rancher\u00eda en medio de la noche, parecen tener otro fin. Los que en medio de la noche todav\u00eda andan por la rancher\u00eda al ver las luces, al sentirlas, se paran derechos y aguzan el o\u00eddo, con los ojos siguen su recorrido sin musitar palabra; se ven como si no le temieran a nada. Otras veces, los mismos gestos parecen delatar que el intento de infundir terror hace mella.<\/p>\n<p class=\"p2\" style=\"text-align: justify;\">Una de las mujeres que vive en la enramada de la comunidad, mientras cocina guineos para el desayuno, cuenta que so\u00f1\u00f3 que ella, t\u00eda Carmen y t\u00eda Meme iban a visitar el cementerio, ese mismo que en los d\u00edas aquellos termin\u00f3 profanado. Dice que las tres caminaban tranquilas cuando de pronto una bandada de aves negras, como murci\u00e9lagos enormes, apareci\u00f3 y empez\u00f3 a perseguirlas como si fueran su presa. Un hombre corpulento y casi blanco como un alijuna (el no ind\u00edgena, el extranjero), cuenta al o\u00edrla que tambi\u00e9n tuvo sue\u00f1os oscuros, so\u00f1\u00f3 que la esposa de un t\u00edo estaba en una cocina, de esas construidas con cardones para cortar el viento, estaba guisando carne, revolv\u00eda el guisado y serv\u00eda en platos. \u00c9l se acerc\u00f3 y ella le ofreci\u00f3 un poco, \u00e9l, como es tan goloso, lo recibi\u00f3 y cuando estaba a punto de comerse un bocado, despert\u00f3 violentamente recordando que esa t\u00eda suya llevaba ya a\u00f1os muerta.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\"><i>\u2014Por aqu\u00ed como que camina el diablo<\/i> \u2013dijo una de las mujeres de la rancher\u00eda. Y lo dijo no solo por las motos aquellas que los rondan en silencio, tambi\u00e9n por las peleas de los ni\u00f1os que terminaba en peleas de adultos, porque el regresar despu\u00e9s de un poco m\u00e1s de una d\u00e9cada implica retos descomunales, amenazas que pululan, desaf\u00edos para la valent\u00eda de un pueblo que aun hoy, m\u00e1s de un d\u00e9cada despu\u00e9s del desplazamiento, lucha por conocer la verdad, por recuperar su tierra y sus vidas. Un pueblo que lucha por volver a Bah\u00eda Portete.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\"><b>Lo que pas\u00f3 aqu\u00ed no puede repetirse<\/b><\/p>\n<p class=\"p2\" style=\"text-align: justify;\">Portete qued\u00f3 deshabitada hace casi 11 a\u00f1os, sus casas fueron saqueadas y quemadas, los chivos abandonados y las hogueras a\u00fan prendidas mientras su gente hu\u00eda por la sierra o por el candente desierto de arena y sal. Unos se escondieron en los manglares o entre los cardones y luego llegaron como bien pudieron a Puerto Nuevo o a Media Luna, al otro lado de la misma bah\u00eda. La gente en masa cruz\u00f3 la frontera para ir en busca de ayuda a Venezuela, que tambi\u00e9n es tierra suya, tierra way\u00fau. Lo que ocasion\u00f3 el \u00e9xodo masivo de un pueblo que desde La Colonia resisti\u00f3 la ocupaci\u00f3n del territorio fue una masacre sin precedentes que descoloc\u00f3 a toda la comunidad y hoy sigue grabada en la memoria nacional. Fue una masacre que se dirigi\u00f3 exclusivamente contra una etnia y donde la agresi\u00f3n fue aplicada especialmente a las mujeres. Los way\u00fau son una comunidad que, es importante recordar, es matrilineal y donde la mujer no es solo un puente entre el mundo ind\u00edgena y el alijuna, sino entre la vida y la muerte.<\/p>\n<p class=\"p2\" style=\"text-align: justify;\">Ya por los 70 la Guajira hab\u00eda padecido una oleada de violencia a causa de la <i>bonanza marimbera<\/i>, y de nuevo a final de los 90 empieza otro ciclo oscuro a ra\u00edz de la llegada voraz del paramilitarismo. En 2002 se consolida el Frente Contrainsurgenica Way\u00fau (FCW), del bloque Norte de las AUC, y empieza su expansi\u00f3n para hacerse a zonas estrat\u00e9gicas como el puerto de Bah\u00eda Portete, un puerto natural de gran calado a su orilla y una ubicaci\u00f3n estrat\u00e9gica que dificulta cualquier tipo de control de las autoridades ausentes para el momento; Portete ha sido siempre un lugar ideal para el ejercicio del contrabando. El FCW al parecer no era m\u00e1s que un eufemismo para justificar pol\u00edticamente la existencia paramilitar en la zona. \u00ad<br \/>\n<i>\u2014Cu\u00e1l insurgencia way\u00fau, aqu\u00ed cu\u00e1l guerrilla. Por aqu\u00ed no vienen. Llegan hasta Maicao porque aqu\u00ed se mueren de sed y de hambre. Solo nosotros hemos sabido vivir aqu\u00ed toda una vida \u2013<\/i>cuenta Carmen Epinay\u00fa Uriana<i><\/i><\/p>\n<p class=\"p2\" style=\"text-align: justify;\">La masacre protagonizada por el FCW y algunos wuay\u00faus locales se prolong\u00f3 durante tres d\u00edas, entre el 18 y el 20 de abril de 2004. Aunque hay varias versiones sobre las causas que desataron la masacre, tras investigaciones desarrolladas por el Grupo de Memoria Hist\u00f3rica de la Comisi\u00f3n Nacional de Reparaci\u00f3n y Reconciliaci\u00f3n (CNRR) se cree que el puerto hab\u00eda desatado una antigua disputa entre clanes por su control y el usufructo del mismo. El puerto no solo interesaba a la comunidad, interesaba al FWC. Por all\u00ed no solo entraban cajas de whiskey, televisores y chancletas: entraban armas y sal\u00eda coca. Varios hechos se desperdigan desde los 70 para crear el caldo de cultivo que termin\u00f3 en lo ocurrido aquel abril, un recorrido de muerte, tortura y saqueo.<\/p>\n<p class=\"p1\" style=\"text-align: justify;\">Aunque el saldo de aquellos tres d\u00edas es de seis v\u00edctimas, el informe del CNRR se refiere a un total de 12 que incluye a personas asesinadas antes y despu\u00e9s de la masacre en estrecha relaci\u00f3n con ella. Las 12 victimas pertenecen a los clanes Epinay\u00fa y Uriana. Varios integrantes de la comunidad aseguran que el n\u00famero de muertos y desaparecidos es mucho mayor, pero no puede precisarse pues la pol\u00edtica descentralizada de la organizaci\u00f3n del pueblo Way\u00fau impide que un clan denuncie los muertos de otro.<\/p>\n<p class=\"p1\">Leer art\u00edculo completo:\u00a0\u00a0<a href=\"http:\/\/www.vice.com\/es_co\/read\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete?utm_source=vicefbcol\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/www.vice.com\/es_co\/read\/la-lucha-wayuu-por-bahia-portete?utm_source=vicefbcol<\/a><\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por: Ana Karina Delgado \u00a0Es noche cerrada en un paraje lejano de la Alta Guajira, extremo norte de Colombia. Suena el viento rompiendo contra los techos de yotojoro (el coraz\u00f3n seco del cactus) y a lo lejos se escucha el bramido alargado y triste de un burro. 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