{"id":16996,"date":"2015-06-12T12:05:08","date_gmt":"2015-06-12T17:05:08","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=16996"},"modified":"2019-08-26T15:08:41","modified_gmt":"2019-08-26T20:08:41","slug":"16996","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2015\/06\/16996\/","title":{"rendered":"Proceso de paz y posconflicto armado"},"content":{"rendered":"<p><a href=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/DSC05587.jpg\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignleft  wp-image-16990\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/DSC05587-300x289.jpg\" alt=\"DSC05587\" width=\"130\" height=\"125\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/DSC05587-300x289.jpg 300w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/DSC05587-640x617.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2015\/06\/DSC05587.jpg 996w\" sizes=\"(max-width: 130px) 100vw, 130px\" \/><\/a>La Corporaci\u00f3n Nuevo Arco Iris (CNAI), anuncia a los lectores que en pr\u00f3ximos d\u00edas ser\u00e1 publicada la edici\u00f3n N\u00ba 19 de la revista Arcanos. Este N\u00famero contar\u00e1 con el\u00a0editorial de Fernando Hern\u00e1ndez Valencia, director ejecutivo de la CNAI.<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p>&nbsp;<\/p>\n<p><em><strong>Editorial<\/strong><\/em><\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Esta guerra civil de medio siglo debe terminar ya. Nada justifica la matanza de colombianos por causas pol\u00edticas, ni es \u00e9tico celebrar la muerte de la juventud de uno u otro bando en una guerra in\u00fatil, como un carnaval siniestro, cuando deber\u00eda ser la fiesta de la vida la que corone la convivencia de etnias y culturas, en un proyecto de pa\u00eds com\u00fan sobre esta esquina de Am\u00e9rica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Cuando en 1984, despu\u00e9s de veinte a\u00f1os de alzamiento armado, se firmaron los acuerdos de tregua entre las guerrillas y el Gobierno Betancur, la propuesta de di\u00e1logo nacional de la insurgencia fue replicada con la apertura de la negociaci\u00f3n pol\u00edtica y el pa\u00eds ensayaba una estrategia de reconocimiento del conflicto y b\u00fasqueda de una soluci\u00f3n negociada. Despu\u00e9s de dos d\u00e9cadas de enfrentamiento armado y represi\u00f3n, durante las cuales el establecimiento articul\u00f3 una respuesta contrainsurgente que combinaba la militarizaci\u00f3n del sistema pol\u00edtico, la aguda violaci\u00f3n a los derechos humanos de la poblaci\u00f3n civil y el recurso de los grupos paramilitares, la apuesta por el di\u00e1logo en lugar del autoritario Estatuto de Seguridad, aparec\u00eda como una pol\u00edtica razonable.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero las condiciones no estaban dadas. En plena era Reagan la mentalidad de guerra fr\u00eda del Gobierno norteamericano inflamaba la pol\u00edtica de Seguridad Nacional del Estado colombiano y la doctrina de las fuerzas militares, y la iniciativa de Betancur no concit\u00f3 el respaldo de los EE.UU, ni del establecimiento pol\u00edtico y econ\u00f3mico de Colombia. La paz, al decir de Otto Morales Ben\u00edtez, ten\u00eda enemigos agazapados dentro y fuera del Gobierno que la hicieron fracasar en medio del genocidio pol\u00edtico de la Uni\u00f3n Patri\u00f3tica y la tragedia del Palacio de Justicia. Mientras tanto el narcotr\u00e1fico consolidaba su imperio econ\u00f3mico, su influencia social y pol\u00edtica y desde all\u00ed lanz\u00f3 el reto de la violencia contra el Estado colombiano.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Las negociaciones de paz de los noventa (M19, EPL, PRT, Quint\u00edn Lame, CRS), la Asamblea Nacional Constituyente y la misma Constituci\u00f3n de 1991 crearon un ambiente de apertura democr\u00e1tica y profusa movilizaci\u00f3n social. Sin embargo el esfuerzo de paz se qued\u00f3 parcelado, dejando por fuera a las guerrillas m\u00e1s antiguas y de mayor arraigo social, las FARC y el ELN.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Pero sobre todo, la reforma pol\u00edtica, contradictoriamente, corri\u00f3 pareja con la apertura econ\u00f3mica que, aplicando el Consenso de Washington, condujo al pa\u00eds hacia el neoliberalismo creando profundas crisis en la industria y la agricultura y gran deterioro social. La negociaci\u00f3n de paz entonces, m\u00e1s all\u00e1 de la desmovilizaci\u00f3n de cinco grupos guerrilleros y m\u00e1s de 4 mil combatientes tuvo un car\u00e1cter contrainsurgente en cuanto no signific\u00f3 transformaciones en el orden econ\u00f3mico y social en beneficio de la poblaci\u00f3n.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">\u00bfC\u00f3mo comprender, entonces, la ofensiva paramilitar de mediados de esa d\u00e9cada? Ya no se trataba solamente de contener, en criminal e ilegal coyunda de las fuerzas militares del Estado con las AUC, el avance de las guerrillas insurgentes, sino de implementar la mayor operaci\u00f3n de despojo territorial moderno, mediante el desplazamiento violento de miles de familias campesinas de sus peque\u00f1as parcelas para implantar un modelo hacendatario de gran producci\u00f3n agraria capitalista, y sobre \u00e9l \u201crefundar la patria\u201d. El gobierno de Uribe coronaba este proyecto con un r\u00e9gimen pol\u00edtico autoritario de caracter\u00edsticas claramente fascistas, y la desmovilizaci\u00f3n de las autodefensas constituy\u00f3 un compromiso necesario para consolidar la base social de la Seguridad Democr\u00e1tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La negociaci\u00f3n actualmente en curso entre el gobierno Santos y las FARC promete la culminaci\u00f3n del largo ciclo de violencia por causas pol\u00edticas. Despu\u00e9s del fracaso del Cagu\u00e1n y de la ofensiva del Plan Colombia, la apertura de la Mesa de La Habana en 2012 tuvo la virtud de convocar nuevamente la negociaci\u00f3n pol\u00edtica como el m\u00e9todo necesario para superar definitivamente el conflicto armado. Un Acuerdo General preciso y realista \u201cpara la terminaci\u00f3n del conflicto y la construcci\u00f3n de una paz estable y duradera\u201d, una agenda acotada y una reglas de funcionamiento mutuamente acordadas fueron el punto de partida del nuevo proceso de paz.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">A junio de 2015 el avance del proceso de la negociaci\u00f3n pol\u00edtica es un signo del momento que debemos valorar en toda su dimensi\u00f3n. Los logros de la Mesa, a\u00fan con las dificultades propias de una negociaci\u00f3n en medio del conflicto armado, ya superan anteriores intentos: acuerdos en tres puntos de la agenda , avances en la Comisi\u00f3n de esclarecimiento hist\u00f3rico y Comisi\u00f3n de la Verdad, acuerdo com\u00fan de desminado, comisi\u00f3n mixta del fin del conflicto, desmovilizaci\u00f3n y dejaci\u00f3n de armas, participaci\u00f3n de las v\u00edctimas del conflicto, mesa de g\u00e9nero, en fin la din\u00e1mica de la negociaci\u00f3n se ha demostrado capaz de superar los incidentes de guerra en el territorio, aunque por ello mismo se impone la urgencia de un acuerdo sobre desescalamiento y cese al fuego bilateral que blinde al proceso de provocaciones. El respaldo de la comunidad internacional es s\u00f3lido, y la misma experiencia internacional en negociaci\u00f3n de conflictos armados brinda un c\u00famulo de herramientas que se pueden adaptar a nuestras realidades.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Particularmente importante es el reciente acuerdo de la Mesa sobre la \u201cComisi\u00f3n de Esclarecimiento de la Verdad, la Convivencia y la no Repetici\u00f3n\u201d, que rompe el estancamiento de la negociaci\u00f3n sobre el modelo de justicia transicional y promete una concepci\u00f3n integral de la justicia, ligada a la verdad hist\u00f3rica, la reparaci\u00f3n y las garant\u00edas de no repetici\u00f3n. Y que vincula elementos de la justicia restaurativa en cuanto al papel social, moral y comunitario de la verdad.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Por su parte, la etapa de exploraci\u00f3n con el ELN ha identificado los temas de la Agenda y discute las condiciones para la apertura de la Mesa p\u00fablica de negociaci\u00f3n. La dificultad para que este proceso avance radica en la discusi\u00f3n sobre las condiciones para la dejaci\u00f3n de armas, aunque el avance de la Mesa de La Habana al respecto puede aportar elementos. Lo resaltable en ambos esfuerzos es que ya en el pa\u00eds se asent\u00f3 la metodolog\u00eda de la resoluci\u00f3n pac\u00edfica de conflictos para superar la guerra de medio siglo.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Sin embargo el fin de la confrontaci\u00f3n armada por causas pol\u00edticas eliminar\u00e1 una de las fuentes de la violencia en Colombia, pero no significa la superaci\u00f3n de las violencias. Doscientos a\u00f1os de guerras civiles, de reg\u00edmenes pol\u00edticos excluyentes y de sectarismos partidistas y religiosos, generaron entre los colombianos una matriz cultural de relaci\u00f3n social violenta. La violencia armada, f\u00edsica, verbal y simb\u00f3lica hace parte de la cultura pol\u00edtica que un verdadero proceso de paz debe afrontar. La construcci\u00f3n de una cultura de paz tiene fundamento en el aprendizaje de la tolerancia y la instauraci\u00f3n de la tramitaci\u00f3n pac\u00edfica y negociada de los conflictos.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">La etapa del posconflicto armado se presenta compleja. Primero, por el dise\u00f1o de la negociaci\u00f3n de acuerdo con el cual el Gobierno insiste en que all\u00ed no est\u00e1n en cuesti\u00f3n ni el actual modelo econ\u00f3mico ni el militar. Es decir, las reformas van a estar limitadas dentro de la estrategia neoliberal, lo que ya es visible en el Plan de Desarrollo. Ser\u00e1 el movimiento social y pol\u00edtico el que imponga su propia agenda de transformaciones mediante la acci\u00f3n colectiva. De todas maneras la insurgencia no es representativa del conjunto de los intereses de la sociedad colombiana, pero su transici\u00f3n a la lucha pol\u00edtica puede fortalecer el espectro de las alternativas pol\u00edticas de la izquierda democr\u00e1tica.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Segundo, por la debilidad del Estado local para gestionar las reformas acordadas de acuerdo con la concepci\u00f3n de paz territorial. Dado el car\u00e1cter centralista del Estado colombiano, la institucionalidad regional es muy precaria, est\u00e1 mediada por el clientelismo del sistema pol\u00edtico o est\u00e1 cooptada por los actores armados ilegales. Es en las regiones donde se va a jugar en gran parte la consolidaci\u00f3n de la paz, de all\u00ed la necesidad de fortalecer las instituciones territoriales, la capacidad de los agentes del Estado local, el respeto por las organizaciones sociales y comunitarias y la relaci\u00f3n Estado- comunidad en la construcci\u00f3n del gran proyecto de paz nacional. Sobre todo, es el Estado social el que debe llegar a las zonas donde durante d\u00e9cadas la poblaci\u00f3n sufri\u00f3 la violencia de todos los actores armados e identific\u00f3 al Estado con la represi\u00f3n militar.<\/p>\n<p style=\"text-align: justify;\">Finalmente, por las dificultades de la justicia transicional sin la cual es imposible un verdadero proceso de Reconciliaci\u00f3n. El reconocimiento y dignificaci\u00f3n de las v\u00edctimas, la construcci\u00f3n de la memoria y el relato colectivo del conflicto, el esclarecimiento de la verdad hist\u00f3rica, el ejercicio digno de la justicia, las medidas de reparaci\u00f3n, las garant\u00edas de no repetici\u00f3n, en conjunto son necesarias para superar la cultura de guerra, odio y desconfianza y tejer una verdadera comunidad pol\u00edtica, una sociedad colombiana del siglo XXI pac\u00edfica, solidaria, que goce la convivencia en una democracia moderna.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>La Corporaci\u00f3n Nuevo Arco Iris (CNAI), anuncia a los lectores que en pr\u00f3ximos d\u00edas ser\u00e1 publicada la edici\u00f3n N\u00ba 19 de la revista Arcanos. Este N\u00famero contar\u00e1 con el\u00a0editorial de Fernando Hern\u00e1ndez Valencia, director ejecutivo de la CNAI. &nbsp; &nbsp; Editorial Esta guerra civil de medio siglo debe terminar ya. 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