{"id":23808,"date":"2020-08-04T15:51:10","date_gmt":"2020-08-04T20:51:10","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=23808"},"modified":"2020-10-07T23:28:24","modified_gmt":"2020-10-08T04:28:24","slug":"uribe","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2020\/08\/uribe\/","title":{"rendered":"Uribe"},"content":{"rendered":"\n<p class=\"has-text-align-center\"><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" width=\"1200\" height=\"600\" class=\"wp-image-23975\" style=\"width: 1200px;\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/uribeparaco.jpg\" alt=\"\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/uribeparaco.jpg 1200w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/uribeparaco-300x150.jpg 300w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/uribeparaco-640x320.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2020\/08\/uribeparaco-768x384.jpg 768w\" sizes=\"(max-width: 1200px) 100vw, 1200px\" \/><\/p>\n\n\n\n<p class=\"has-vivid-green-cyan-color has-text-color\">Por Juan Guillermo G\u00f3mez Garc\u00eda<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe es un personaje que ha cautivado al pa\u00eds en sus \u00faltimos ocho a\u00f1os y ha despertado, tal vez en igual medida, feroces debates. De estirpe antioque\u00f1a, su figura menuda, que de lejos y desprevenidamente podr\u00eda confundirse con un cura p\u00e1rroco, ha logrado levantar admiraci\u00f3n y odio, pasi\u00f3n incondicional por mayor\u00edas y protestas por sectores minoritarios que, franca y cordialmente, lo detestan. Las razones para esta polarizaci\u00f3n saltan a la vista y no se necesita un acto de taumaturgia argumentativa para revelar los resortes que empujan a uno y otro sector a venerarlo o aborrecerlo, sin medias tintas. A \u00e9l lo acompa\u00f1a una larga cola de realizaciones, reales, potenciales o virtuales, que son puestas, conforme quien lo juzga, en el haber o deber de un gobierno que da, en este momento, los s\u00edntomas de un desgaste inevitable.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe ha logrado dar un giro a la pol\u00edtica nacional de las \u00faltimas d\u00e9cadas que hab\u00eda padecido, sin lugar a excepci\u00f3n, de presidentes que se hab\u00eda beneficiado, sin pena ni gloria, de un sistema pol\u00edtico conocido como Frente Nacional. A diferencia de los mandatarios que lo precedieron inmediatamente, Samper o Pastrana, a Uribe se le ha cre\u00eddo; mejor dicho, a Uribe se le ha venido creyendo, as\u00ed baje su popularidad por acumulados actos de desacierto, como no se le crey\u00f3 nunca a Turbay Ayala, como no se le crey\u00f3 a Betancur Cuartas ni a Barco, y sobre todo a Uribe se le levant\u00f3 un culto popular, espont\u00e1neo en su primer instante, que no conocieron los otros presidentes colombianos y que nunca so\u00f1aron tener.<\/p>\n\n\n\n<p>Tal vez desde L\u00f3pez Pumarejo o Gait\u00e1n o Rojas Pinilla, la historia de la democracia colombiana no conoc\u00eda un caudillo pol\u00edtico, un l\u00edder de masas y un hombre p\u00fablico que despertara tanto fervor, tanta pasi\u00f3n y tanto odio, al mismo tiempo, como Uribe. La gente en Colombia, si mi memoria no me enga\u00f1a, despreciaba a Turbay, lo sab\u00eda s\u00e1trapa, cruel, corrupto, pero su figura, su voz, su vestimenta, su inteligencia, su ser, mejor dicho, apenas daban lugar a comentarios desde\u00f1osos, a columnas agudas escritas por Garc\u00eda M\u00e1rquez en su p\u00e1ginas de \u201cAlternativa\u201d, pero no motivaban la polarizaci\u00f3n irascible y sin cuartel que presenci\u00f3 y protagoniz\u00f3 el pueblo colombiano en los \u00faltimos a\u00f1os.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe arrastr\u00f3 a su favor la opini\u00f3n p\u00fablica, la condujo a los callejones a los que la quiso llevar, y la remolc\u00f3 tras su personalidad que se fue agigantando, inusitadamente, ante la opacidad de los hombres a los que se opon\u00eda. La historia de desaciertos, desastres, mala administraci\u00f3n, irresponsabilidad, corrupci\u00f3n, que se identific\u00f3 con las figuras de Samper y Pastrana, abri\u00f3 las compuestas para que las aguas represadas de la desesperanza desembocaran en alguien que promet\u00eda superar esos descalabros, y accion\u00f3 de tal forma, con tal firmeza de prop\u00f3sitos, de modo tan unilateral e inequ\u00edvoco que se le crey\u00f3, sin condiciones.<\/p>\n\n\n\n<p> En el l\u00edmite del desgaste de la democracia colombiana, en el filo de los desastres reales y los anunciados, con oportuna insistencia, se vislumbr\u00f3 una luz al final del largo t\u00fanel, y esa luz cobr\u00f3 dimensi\u00f3n corp\u00f3rea en ese hombre de aspecto poco imponente, sin un pasado demasiado conocido (ni muy limpio), con un lenguaje de combate, con gestos f\u00e1ciles que pod\u00edan ser f\u00e1cilmente interpretados por el hombre del com\u00fan, con actitudes y conducta que traduc\u00edan br\u00edo, decisi\u00f3n, firmeza.<br \/>La desesperanza, o la simple postraci\u00f3n de d\u00e9cadas, hizo a Uribe; o mejor, contribuy\u00f3 a hacerlo; o mejor, sin ese sentimiento de acumuladas frustraciones nacionales, sin la sucesi\u00f3n indefinida y sin soluciones de continuidad de gobiernos mediocres de Turbay a Pastrana, Uribe no hubiera sido posible. El primer actor pol\u00edtico para vitalizar a Uribe, para darle carne, fuerza y nervio fue la desesperanza; hasta se podr\u00eda argumentar, sin exageraci\u00f3n, la desesperaci\u00f3n de miles y miles de colombianos, dio vida desde sus entra\u00f1as a Uribe. Uribe se gest\u00f3 en ese sentimiento negativo de falta de futuro. Sobre el horizonte negro, emergi\u00f3 el perfil de este caballista, descomplicado, que hab\u00eda hecho su escuela de gobierno en la hacienda, y que hablaba y actuaba con los modales patriarcales, de buen padre, que necesita el hu\u00e9rfano pueblo de Colombia. El buen padre le proporcionaba la dosis de alimento moral que precisa la masa ag\u00f3nica; le nutri\u00f3 de sus afectos y le confiri\u00f3 un sentimiento de confianza y de seguridad que no conoc\u00eda o cre\u00eda no reconocer en su pasado inmediato.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe se nutri\u00f3 de la desesperanza colectiva, en su germen, as\u00ed como la esperanza que logr\u00f3 descifrar en el lacerado inconsciente colectivo le sirvi\u00f3 para forjarse o terminar de forjar su personalidad autoritaria. La simbiosis entre Uribe y Colombia oper\u00f3, con un grado de mutua e inusitada compatibilidad. La afinidad de prop\u00f3sitos inexpresados (o t\u00e1citos) en esa combinaci\u00f3n, que se arrull\u00f3 en una luna de miel que dur\u00f3 los primeros cuatro a\u00f1os de su mandato, fue al principio simpat\u00eda, luego fervor, m\u00e1s tarde complicidad y por fin, en algunos casos e individuos, violenta intolerancia, aunque el orden temporal o cronol\u00f3gico de estos estados mentales puede variar o alterarse, de muchas maneras y en muchas combinaciones, por regi\u00f3n, partido, clase social, secta religiosa o g\u00e9nero. La labor inconsciente que obr\u00f3 para acercarse estos dos actores, que fueron como uno, o mejor, se reclamaron de modo que Uribe era la patria y la patria era Uribe, pertenece a la antropolog\u00eda social, y mientras no haya estudios m\u00e1s convincentes, o simplemente estudios, es bueno aventurar algunas conjeturas o hip\u00f3tesis.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe actu\u00f3, para decirlo con la categor\u00eda resabida de Le Bon, de polo macho en el juego de atracciones y desposorio en que el pueblo colombiano se puso bajo su mando. El atractivo er\u00f3tico, o simplemente el atractivo, fue mutuo, pero la acci\u00f3n positiva de insinuaci\u00f3n, de abierta seducci\u00f3n, provino del gal\u00e1n de Salgar. Este argumentaba contra la desesperanza que consum\u00eda a la pobre novia, y si bien nunca \u00e9l se auto-represent\u00f3 en ese papel expl\u00edcito de Novio de la Patria, la patria postrada pod\u00eda muy bien entregarse al prometedor presidente que hablaba duro, que se paseaba en caballo de paso fino de feria en feria, que usaba sombrero volteado, que iba a los reinados de belleza, con un peluquiado de monta\u00f1ero, pero que era due\u00f1o del rancho, y eso toda monta\u00f1era entiende a qu\u00e9 sabe. Desesperanzada, casi como viuda sin conocer verdadero mand\u00f3n, el optimismo fue contagioso, se col\u00f3 entre los intersticios de los n\u00facleos neuronales de millones, se meti\u00f3 a la sala, a la alcoba, a los ba\u00f1os y cocinas de los colombianos, les prometi\u00f3 paz con la guerra, prosperidad sin cuento, eficiencia a punta de bala, justicia, progreso y cero corrupci\u00f3n. Lo hizo bien, oportunamente, sin opositores que le dieran la talla; arras\u00f3, opac\u00f3, grit\u00f3, se le hizo caso, se le aplaudi\u00f3 los gritos, la novia-Colombia qued\u00f3, pues, seducida.<\/p>\n\n\n\n<p>El cuento de hadas, contado de esta manera simb\u00f3lica, con todo, fue un cuento tambi\u00e9n cruel, un cuento de terror, que tiene sus m\u00e1s inmediatos antecedentes, no solo en la lucha anti-guerrillera que Uribe encarn\u00f3 como cosa personal (sin que \u00e9l ni sus hijos hayan pisado un campo de batalla), sino que hace parte de otros actos de seducci\u00f3n colectiva que han envuelto y revolcado al pueblo colombiano desde hace d\u00e9cadas. Si Samper o Pastrana fueron unos mediocres consumados, si fueron los representantes de una clase pol\u00edtica sin legitimidad, si ellos eran, entonces, como los \u00faltimos v\u00e1stagos de una oligarqu\u00eda inoperante, corrupta e inconveniente, definitivamente, para el pa\u00eds, tambi\u00e9n no era menos cierto que el pa\u00eds se mov\u00eda a su anchas entre aventuras suicidas, pero no menos atractivas. <\/p>\n\n\n\n<p>Antes de que el caballista de Salgar hubiera logrado hipnotizar al pa\u00eds y ponerlo a ver sus deslumbrantes artes de acrobacia equino-pol\u00edtica, Colombia entera, o casi toda Colombia, o una parte suficientemente representativa de Colombia, al menos la que ha venido mandando, gobernando y comprando todo lo que hay, se obnubil\u00f3 por Pablo Escobar. Es un acto de hipocres\u00eda, es decir, es un acto muy colombiano, empezar por horrorizarnos por este representante oscuro y notabil\u00edsimo de la vida nacional, y enseguida contar con diversos grados de complacencia sus gracias delincuenciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Nadie, incluso muchos de los que fueron sus v\u00edctimas, deja de admirar la astucia, la genialidad para el mal, la dimensi\u00f3n de sus empresas mafiosas, no porque ellas hayan sido solo una muestra de la capacidad creativa de este otro hijo de Antioquia la grande, sino porque en esas empresas se cifra, o sea, se encarna sint\u00e9ticamente, una manera de ser colombiana. Pablo Escobar no es un individuo, es un tipo social consumado; un car\u00e1cter que delata una realizaci\u00f3n, un deseo, un sue\u00f1o cumplidos. Pablo escobar es un mat\u00f3n, un asesino en serie, un capo de la mafia; nadie lo duda. Pero es tambi\u00e9n la encarnaci\u00f3n de una venganza popular, de un revanchismo social contra las clases altas colombianas, contra la estructura violentamente injusta del pa\u00eds. De extracci\u00f3n social, su vida se movi\u00f3, desde su ni\u00f1ez en la pobreza y r\u00e1pidamente ingres\u00f3 a la delincuencia com\u00fan. El salto que dio a la delincuencia en gran escala, fue obra de su temperamento inquieto y su mente abierta, como fue producto de un medio muy propicio para aclimatar esta clase de empresas criminales. <\/p>\n\n\n\n<p><strong>Escobar<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Pablo escobar no creci\u00f3 en un medio puritano, de severos observadores de las leyes divinas y humanas. Por el contrario su vida de maleante se vio, ampliamente favorecida por la permeabilidad moral, casi podr\u00edamos decir, por la aplicaci\u00f3n de manga ancha del casuismo relativista del jesuitismo, que tenemos la gran mayor\u00eda de los colombianos. Entre la delincuencia y las bandas de los a\u00f1os cincuenta y los setentas, en las que actu\u00f3 como protagonista Escobar, solo media una relaci\u00f3n de escala. El fundamento socio-cultural es el mismo, y este fue el que aclimat\u00f3, mim\u00f3 e hizo posible al hijo de un modesto mayordomo de El Tablazo.<\/p>\n\n\n\n<p>La vida de Pablo Escobar parece copiar la vida de odio social y desequilibrio ps\u00edquico de Facundo Quiroga, tal como en ella se nos muestra magistralmente en el libro de Sarmiento; tambi\u00e9n hay rasgos calcados de la vida de Pancho Villa, tal como tambi\u00e9n qued\u00f3 registrado por el periodista Reed. Pero Pablo Escobar suma a esos modelos impl\u00edcitos, la peculiaridad de moverse en un marco urbano, como es Medell\u00edn, en un momento en que la explosi\u00f3n demogr\u00e1fica hab\u00eda hecho triplicar la poblaci\u00f3n en menos de veinte a\u00f1os. Ello explica no solo que las bandas delincuenciales crecieran en n\u00famero sino que se perfilaran en una dimensi\u00f3n inesperada. El \u201cefecto de demostraci\u00f3n\u201d, cabe decir en palabras m\u00e1s comprensibles, el deseo de consumo desaforado de amplios sectores sociales que hasta ese momento no ten\u00edan incorporado ese h\u00e1bito capitalista, se multiplica en forma inconsiderada. Tiene mucho de raro que un ni\u00f1o pobre del campo, crecido aislado sin medios de comunicaci\u00f3n, desee zapatos de rico, pero nada lo tiene que el hijo de un campesino pobre, reci\u00e9n llegado a la ciudad, en medio de una sociedad bombardeada por el consumo, los desee; los robe, mate por obtenerlo, organice combos, bandas y orquestas para adquirir sus ideales zapatos.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar anticip\u00f3 a Uribe en ganarse o robarse el alma popular. Sus medios fueron diferentes, pero digamos, m\u00e1s espont\u00e1neos, no porque fue el primero sino porque no ten\u00eda porque estar consciente de todos los resortes que activa en su ser y que repercut\u00eda en su entorno social. Escobar se movi\u00f3 en un medio de sectores bajos, pero cuando empez\u00f3 a acceder a los medios y altos pudo corroborar que entre unos y otros no hab\u00eda una sustancial diferencia en su soporte moral y \u00e9tico, y que todos aspiraban a tener, de modos m\u00e1s hip\u00f3critas, lo que \u00e9l hab\u00eda adquirido de modo h\u00e1bil, violento, creativo: plata. Todos desean la plata que \u00e9l ten\u00eda. La deseaban, por supuesto, los compinches de su barrio, como lo deseaban, camufladamente, las se\u00f1oras modestas que recib\u00edan sus generosos obsequios, como una casa, as\u00ed sea que al d\u00eda siguiente recibiera un balazo su amado esposo o su adorado hijo. El colorido de las escenas se puede muy f\u00e1cil recrear; el humor, la picard\u00eda, la ingeniosidad, como sacada de Quevedo, de las entra\u00f1as de la Espa\u00f1a barroca y contrareformista, est\u00e1n a flor de piel y solo cabe una mirada desprevenida a la prensa de la \u00e9poca, pero sobre todo, basta sentarse a hablar con la gente del barrio Obrero de Envigado para dar con una clave cultural de hondas repercusiones y de un sabor o picante, que est\u00e1n m\u00e1s all\u00e1 y mucho antes del moralismo oportunista que introdujo Luis Carlos Gal\u00e1n para entender el proceso.<\/p>\n\n\n\n<p>La cantidad de an\u00e9cdotas que nos traen el cine y la literatura de esa \u00e9poca sobre la \u00e9poca del narcotr\u00e1fico, entre cuyas obras resaltan las pel\u00edculas de V\u00edctor Gaviria, como documentos est\u00e9ticos y no menos etnogr\u00e1ficos, no agotan la explicaci\u00f3n o comprensi\u00f3n del fen\u00f3meno \u201cPablo Escobar\u201d. Tampoco bastan las obras que se han encargado de recrear su biograf\u00eda delincuencial, o los an\u00e1lisis econ\u00f3micos del impacto de los dineros de la mafia en el normal funcionamiento de la econom\u00eda del pa\u00eds y como parte de ella. Tampoco sobra destapar las ollas podridas del maridaje de Escobar y prominentes figuras de la vida pol\u00edtica, empezando por Santofimio Botero, pero no menos hablar de sus migas con Monse\u00f1or L\u00f3pez; mas ello, apenas roza la epidermis de un fen\u00f3meno socio-cultural determinante de la historia social en Colombia y que est\u00e1 asociado, \u00edntimamente, con la traum\u00e1tica transici\u00f3n del campo a la ciudad en esas d\u00e9cadas cruciales.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar encarna la figura ideal del capo, pero a la vez a la del padre perdido. Su paternalismo se echa de ver en su generosidad que se traduc\u00eda tambi\u00e9n en ferocidad, y que actuaba como el ogro hom\u00e9rico que atemorizaba a sus presos con la sentencia: \u201ct\u00fa ser\u00e1s el \u00faltimo\u201d. Este rasgo mitol\u00f3gico de Escobar no es especulativo; los mafiosos siguen utilizando, como mecanismo de adhesi\u00f3n irrestricta, la amenaza de Polifemo. \u201cT\u00fa ser\u00e1s el \u00faltimo\u201d es a la vez el \u201ct\u00fa eres un privilegiado\u201d; no solo est\u00e1 tu vida en mis manos, sino gracias a este gesto de bondad transicional tu puedes existir para adorarme, venerarme. El paternalismo brutal es un gesto muy propio de Escobar, sin el sentimiento de terror, sin el chantaje f\u00edsico y moral que esconde esa actitud, no se logra la adherencia sagrada por el l\u00edder. Pablo Escobar explot\u00f3 instintivamente esta doble o contradictoria, si se quiere, faceta: terror y culto a su personalidad. En realidad, nunca hubiera deseado conocerlo, de hecho nunca hice nada para conocer a Pablo Escobar, ni a Carlos Casta\u00f1o ni a \u00c1lvaro Uribe V\u00e9lez, pero en estos personajes se\u00f1eros de la vida nacional en las \u00faltimas tres o m\u00e1s d\u00e9cadas se encuentra o combina, en dosis diferenciadas, esa postura de ultim\u00e1tum.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar, como Casta\u00f1o y Uribe, ven\u00eda de campo. Escobar activ\u00f3 en torno a s\u00ed una simbolog\u00eda peculiar, enriqueci\u00f3 los mitologemas de la vida nacional. Pablo Escobar es un mito, es decir, un mito en el sentido moderno, en el sentido en que figura, trasparenta y oculta al tiempo, significaciones m\u00faltiples, signos encontrados y formas diversas que aglutinan, repelen, seducen. Pablo Escobar, con esos bigoticos que denuncian su origen plebeyo, su pelo ondulado de blanco campesino del Oriente antioque\u00f1o, su sombrero de asaltante porte\u00f1o, multiplic\u00f3 por millones su imagen de burdo nuevo rico, envidiado por muchos, odiado por otros tantos. La figura de Pablo Escobar en estas fotograf\u00edas, como hechas a prop\u00f3sito de llenar un \u00e1lbum del imaginario nacional con unas monitas (o cromos) encantadoras, est\u00e1 en la cabeza de todo colombiano, y su rostro, me parece, es la figura nacional m\u00e1s conocida, con justa raz\u00f3n, en el mundo. No creo que ni Garc\u00eda M\u00e1rquez, por la \u00e9poca en que le dieron su Nobel (que adem\u00e1s fue como un balazo que lo fulmin\u00f3) era tan popular mundialmente como el capo de capi Escobar. Su figura se quiso igualar al mafioso Al Capone o -Lucky Luciano-, en cuyos modelos pretendi\u00f3 fundir, como en plomo, su efigie inconfundible, pese a su impresi\u00f3n anodina.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar explot\u00f3 a su favor sus \u00e9xitos e hizo del \u00e9xito el arma favorita para atraer y ser despreciado. Atra\u00eda a muchos, a miles, a millones, sobre todo y ante todo, de pobres espont\u00e1neamente, aunque, con cautela, se le acercaran hombres influyentes, poderosos, para servirse de la fortuna oriental que guardaba tras su pinta plebeya. Pablo escobar seduc\u00eda a los suyos, porque nunca dej\u00f3 de ser de ellos; sobre todo, cuando ostentaba como solo ostenta un nuevo rico que se enriqueci\u00f3 traficando con droga, sexo o armas. Atra\u00eda los pobres, a los plebeyos, no solo por el dinero, no solo porque se parec\u00eda a ellos y proyectaban todos sus ideales inconscientes, pero impotentes de hacer lo mismo si estuvieran en la misma situaci\u00f3n. Gastar\u00eda a mares, sin ocultar nada; gastar\u00edan primero a la cucha a la que le dar\u00eda una mansi\u00f3n, gastar\u00eda con los amigos a los que le prodigar\u00eda con carros, casa y putas, gastar\u00eda con las amantes, a las que las llevar\u00eda en yates y jets ejecutivos, y gastar\u00eda, sobre todo, a la esposa e hijos, porque primero es lo primero. Comprar\u00eda, pues, carros blindados, pent-house, cuadros, pero sobre todo, pero sobre todo fincas, fincas y m\u00e1s fincas como hacen ahora Uribe, su mujer y sus descendientes. Fincas.<\/p>\n\n\n\n<p>Comprar fincas y m\u00e1s fincas es ideal de Escobar, de narcotraficantes, de paramilitares, adem\u00e1s de ser la condici\u00f3n propia de los hacendados tradicionales. Pablo Escobar se inmortaliz\u00f3, en la imaginaci\u00f3n popular, por la Hacienda N\u00e1poles. La plata sirve ante todo para comprar fincas; comprar la Hacienda N\u00e1poles, con sus rinocerontes, jirafas, hipop\u00f3tamos, con toda la fauna ex\u00f3tica tra\u00edda de los cinco Continentes. La Hacienda N\u00e1poles parec\u00eda contener, en una fase de inusitada caricaturizaci\u00f3n, el amor a la tierra de la cultura tradicional antioque\u00f1a. Este territorio \u201csalvaje\u201d acumulaba y entremezclaba la ostentaci\u00f3n con el mal gusto, la exaltaci\u00f3n del n\u00facleo familiar como el pillaje exitoso. En otros t\u00e9rminos, en la Hacienda N\u00e1poles Escobar ejerc\u00eda de soberano; mandaba sobre un territorio reconquistado a la imaginaci\u00f3n del infante pobre en la ciudad que coronaba todos sus esfuerzos, todo su emprendimiento, en estas hect\u00e1reas de naturaleza virgen que temblaba, como en sismo, por el peso y rugido de carros y motos de alto cilindraje. La Hacienda era para\u00edso, pista de aterrizaje, motel de mil org\u00edas, centro de capacitaci\u00f3n de sicarios, zool\u00f3gico privado al servicio de quien quisiera admirar sus especies, en una palabra, estramb\u00f3tico culto a la tierra. El retorno a la naturaleza, que como nostalgia obra en la vida del hombre desplazado del campo a la ciudad, ten\u00eda su especial traducci\u00f3n en esta exposici\u00f3n de los valores de anta\u00f1o en tipo nuevo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar era un hombre tradicional. Ten\u00eda temor de Dios, de la virgen y de la excomuni\u00f3n; amaba su familia por encima de todo en la tierra; ten\u00eda sus amantes, cual de todas m\u00e1s loba y tonta; combinaba fe cat\u00f3lica, trabajo y propiedad. Sus valores eran los que compart\u00eda la sociedad, en su conjunto, aunque en su caso, por la forma en que trabaj\u00f3 y compr\u00f3 sus bienes, solo se diferenciaba de los pro-hombres de la sociedad establecida por un matiz. Ese matiz era un matiz de clase, un matiz de cultura, un matiz determinante, en cualquiera de los casos. Por eso, quiera quien quisiera quererlo, a Pablo Escobar no se le pod\u00eda atornillar al potro presidencial, as\u00ed fuera que lo tuvi\u00e9ramos en los corazones. Pablo Escobar podr\u00eda, y era de hecho, un h\u00e9roe popular; su vida, sus haza\u00f1as, sus desaf\u00edos eran legendarios; son, todav\u00eda, objeto de interminables entretenimientos y conversaciones en la mesa de casas modestas del pa\u00eds. Como un duende, sigue rondando las cabezas de miles de j\u00f3venes, y su iconograf\u00eda no se ha agotado del todo, como no se ha agotado, pese al reguet\u00f3n, el gusto por tangos, boleros y baladas.<\/p>\n\n\n\n<p>En suma, Pablo Escobar fund\u00f3 una tradici\u00f3n, sumamente atractiva, de mafiosos colombianos que no desdicen, sino que m\u00e1s bien corroboran, los deseos inconfesos del hombre promedio colombiano, atrapado en sus mil prejuicios. Como hamp\u00f3n supremo de la patria, aclimat\u00f3 o contribuy\u00f3 a aclimatar la relaci\u00f3n mafia-poder, mafia-sociedad, mafia-negocios. Como modelo, todos pod\u00edan aspirar a imitarlo, aunque, en realidad, como deidad primigenia, nadie ha logrado llegarle a sus tobillos como s\u00edmbolo nacional. El joven de comuna, o sea de barrio pobre, encontr\u00f3 al padre que no ten\u00eda, pues o no lo ten\u00eda de hecho, y precisa una figura sustituta, o si lo ten\u00eda era demasiado pobre como para respetarlo. Pablo escobar abri\u00f3 un rumbo a miles de ni\u00f1os o j\u00f3venes y dio oportunidad a cientos de cientos de personas en su natal Medell\u00edn, en la capital Bogot\u00e1 y a sus sat\u00e9lites en Queens (N.Y.) para salir de la maldita pobreza. La pobreza, la falta de oportunidades crea el resentimiento, pero tambi\u00e9n el ingenio. La necesidad fantasea al ritmo de esa criminalidad. El crimen afect\u00f3 ampl\u00edsimos sectores, directamente, o deseadamente. No solo se delinque, sino se desea delinquir para obtener sus sue\u00f1os. Como hijo del complejo antioque\u00f1o, Escobar fue emprendedor, empecinado y, para su caso, logr\u00f3 \u00e9xito, notoriedad y fama mundial. En el crisol multicultural que son las ciudades en expansi\u00f3n, el tipo de Escobar se clon\u00f3 en Cali, Barranquilla, o donde hiciera falta trabajar para sacar adelante estos sue\u00f1os. Los sue\u00f1os estaban al alcance de una \u201cvuelta\u201d bien hecha. Falta solo ganas para no lograrlo.<\/p>\n\n\n\n<p>Pero si los j\u00f3venes fueron los primeros afectados de la onda expansiva de la organizaci\u00f3n criminal, tambi\u00e9n los adultos, los banqueros, los comerciantes pudientes, los parlamentarios, miembros del alto clero, muchos oficiales del ej\u00e9rcito, comandantes de polic\u00eda, tambi\u00e9n artistas y profesionales, se pusieron al servicio de esas mafias o se aprovecharon de ellas o pretendieron sacar tajada de un dinero que si no lo tomaba yo, lo tomaba el vecino. Pablo Escobar no creo ese clima, pero ese clima de relajado inmoralismo, de permeabilidad, de complicidad, de favorabilidad, facilit\u00f3 e incluso fortaleci\u00f3 la carrera loca por el dinero \u201cf\u00e1cil\u201d. En realidad, el que menos f\u00e1cil lo obten\u00eda era Escobar, pero todos lo quer\u00edan igual de r\u00e1pido y en las dimensiones descomunales que \u00e9l lo adquiri\u00f3. Podemos suponer los reparos morales, o mejor el c\u00e1lculo de consecuencias penales que inhibieron a muchos industriales ante las ofertas tentadoras de lavar esos capitales desconocidos en el pa\u00eds. El take off nacional ven\u00eda por v\u00eda non sancta, pero que se iba a colar, de todos modos, era un fen\u00f3menos imparable y hasta deseado. El aluvi\u00f3n de capitales sepult\u00f3 el barniz de pudor que ostentaban o los que quedaron excluidos del juego o los que simplemente se salvaron por carambola (es decir, que les llega el dinero por intermedios de intermediarios y as\u00ed, de mano en mano, el dinero sucio, se iba lavando haci\u00e9ndose todos los de la vista gorda). Vender la casa en un barrio tradicional, a un precio por encima del mercado, fue una de las tantas y tantas formas de limpiar capitales con beneficios verdaderamente fraudulentos, pero universalmente aceptados.<\/p>\n\n\n\n<p>Pablo Escobar aclimat\u00f3 esa cultura o la cultura favoreci\u00f3, sin mayores rechazos, incluso con innumerables gestos de aceptaci\u00f3n, entusiasmo y fervor, esas nuevas maneras de adquirir capitales. El culto a esos dineros, fue culto, necesidad, fatalidad. El dinero rod\u00f3 a chorros, inund\u00f3 las bocas sedientas de los colombianos, estimul\u00f3 su fantas\u00eda empresarial (las llamadas pir\u00e1mides son parte de esa misma fantas\u00eda en que el Tutankamon de turno ofrece los tesoros orientales a sus s\u00fabditos, sin esfuerzos de ninguna especie), hizo pensar que el dinero sin delito no se consigue, y que en todo caso como el dinero escasea y las oportunidades son mezquinas, es mejor entrar al reino de los cielos, es decir, antes de los ricos solos, antes de que venga un envidioso calvinista (moralista odioso) y nos joda la predestinaci\u00f3n.<\/p>\n\n\n\n<p><strong>Casta\u00f1o<\/strong><\/p>\n\n\n\n<p>Si Pablo Escobar aclimat\u00f3 la delincuencia, e incluso, si gracias a sus triunfos en el exterior lleg\u00f3 a identificar pa\u00eds con mafia, Carlos Casta\u00f1o Gil, de una familia de campesinos de Amalfi (Antioquia), medianos propietarios, vecino a la Hacienda N\u00e1poles (en Colombia todas las haciendan colindan entre s\u00ed, y el que m\u00e1s, tiene parceros o vecinos, por ello es Uribe), lleg\u00f3 a hacer de las masacres de campesinos del terrorismo paramilitar, el modus operandi m\u00e1s com\u00fan y m\u00e1s aceptado de sus a\u00f1os de gloria. Casta\u00f1o fue otro h\u00e9roe nacional. Si bien no alcanz\u00f3 la tipolog\u00eda de mito nacional, ni se le recuerda por las haza\u00f1as sensacionales, en que se mezcla en anti-yanquismo instintivo de las clases populares colombianas, s\u00ed tuvo triunfos militares inolvidables para nuestras fuerzas armadas. Casta\u00f1o fue, antes del advenimiento de Mancuso, el paramilitar por antonomasia en la historia reciente de Colombia. <\/p>\n\n\n\n<p>Casta\u00f1o arras\u00f3, de manos de militares, narcotr\u00e1ficantes, due\u00f1os de hacienda, empresarios, industriales y multinacionales, el campo colombiano. Carlos Casta\u00f1o impuso a sangre, masacres y terrorismo, un reino que, en realidad, no ha terminado, pese a que lo asesinaron sus hermanos y compa\u00f1eros de lucha y pese  todo lo que diga el gobierno de la desaparici\u00f3n de las estructuras paramilitares. El fondo sigue intacto. El fondo sigue intacto, o mejor, se logr\u00f3 el prop\u00f3sito inicial que era no solo recuperar las tierras sino liquidar la subversi\u00f3n y hacer creer que ese r\u00e9gimen del terror es la mejor manera de garantizar la ciudadan\u00eda.<\/p>\n\n\n\n<p>Casta\u00f1o hizo una guerra abierta a la guerrilla, y fund\u00f3 una actividad anti-subversiva frontal. Mientras Escobar coquete\u00f3 con el M-19, ocasionalmente, el M-19 coquete\u00f3 con Escobar, este mutuo coqueteo no pasaba de atracciones pasajeras sobre la base de una especie de populismo, o afecto popular tangencial y hasta oportunistamente compartido, Casta\u00f1o fue un feroz enemigo de la subversi\u00f3n izquierdista. Sus milicias se reclutaron, entrenaron y comandaron para derrotar a la guerrilla de izquierda, cualquiera fuera la etiqueta que ostentaran, cualquiera fuera la ideolog\u00eda que moviera sus acciones revolucionarias. Con Casta\u00f1o, y gracias a Casta\u00f1o el pa\u00eds empez\u00f3 a saber qu\u00e9 era ganar terreno en la lucha anti-subversiva, y gracias a estas campa\u00f1as alcanz\u00f3 una confianza creciente entre grandes terratenientes, entre medianos terratenientes, entre ganaderos, cafeteros, agricultores, y luego entre pol\u00edticos, empresarios, multinacionales.<\/p>\n\n\n\n<p> El poder de corrupci\u00f3n que Pablo Escobar hab\u00eda ejercido, se endosaba a Casta\u00f1o, bajo la r\u00fabrica de una garant\u00eda m\u00e1s s\u00f3lida, m\u00e1s firme, m\u00e1s definida. Si en alg\u00fan momento la sociedad colombiana, o el Estado lleg\u00f3 a declarar a Pablo Escobar como enemigo n\u00famero uno de la sociedad colombiana, no se puede decir lo mismo de Casta\u00f1o. De Casta\u00f1o dijo un escritor muy afamando por sus novelas y sus desatinos, en noviembre del 2001, en una declaraci\u00f3n sensacional que simplemente era eco de sentimientos ampliamente compartidos, que Carlos Casta\u00f1o era un h\u00e9roe nacional, que se le deber\u00eda otorgar el grado de general de la rep\u00fablica y que gracias al paramilitarismo nos hab\u00edamos librado de seguir los caminos de la Cuba castrista. En lo \u00fanico que se equivoc\u00f3 el escritor es que nombrar a Casta\u00f1o de general era degradarlo, pues su posici\u00f3n de hecho en las filas militares era el de general\u00edsimo.<\/p>\n\n\n\n<p>Casta\u00f1o pues atac\u00f3 la guerrilla, fue el guardi\u00e1n mayor de la gran propiedad, masacr\u00f3 campesinos, acab\u00f3 con l\u00edderes sindicales, con miles de opositores pol\u00edticos, con simples ciudadanos que ca\u00edan con la complicidad del Ej\u00e9rcito, que termin\u00f3 convirti\u00e9ndose en una fuerza de auxilio de sus ACCU. Todo le fue permitido y nadie, ni siquiera la prensa, o los observadores de Derechos Internacionales, ni el gobierno, osaron preguntarle por la enigm\u00e1tica nomenclatura. Una pizca de sentido com\u00fan, o un simple fil\u00f3logo, que con ello hubiera demostrado que la sem\u00e1ntica sirve para algo, le hubiera objetado la C, del brazalete. Todos entienden que la organizaci\u00f3n de Casta\u00f1o era una Auto-Defensa, es decir, miembros de pandillas organizados para matar poblaci\u00f3n civil inerme, pero la C, de campesino, era un abuso sociol\u00f3gico, sem\u00e1ntico, pol\u00edtico. T\u00edmidamente se le hubiera sugerido que cambiara la C por la T, de terrateniente, y as\u00ed se hubiera podido, al menos, en las siglas empezar a despejar el equ\u00edvoco: porque al fin y al cabo lo que Casta\u00f1o defend\u00eda era la gran propiedad, la propiedad terrateniente de Colombia, mientras a los campesinos se le despachaba a la ciudad, por ser peque\u00f1os propietarios, siervos sin tierra.<\/p>\n\n\n\n<p>Se ha calculado que los paramilitares en Colombia despojaron a los campesinos de cinco y medio millones de hect\u00e1reas. Eso equivale a sumar los territorios de B\u00e9lgica y Holanda. Si se piensa que uno roba tierra \u00fatil, y no barbecho, entonces, podemos imaginar cu\u00e1l fue el territorio arrasado. Como desde la \u00e9poca llamada Violencia de los a\u00f1os 50, las motivaciones del despojo, son las mismas. Una buena lecci\u00f3n sociol\u00f3gica, adem\u00e1s de ser un crudo relato literario, es el cuento \u201cLa viuda de Montiel\u201d de Garc\u00eda M\u00e1rquez. All\u00ed se muestra que la intenci\u00f3n de la alianza del alcalde Montiel con el polic\u00eda, de acento del interior (reclutado por Laureano G\u00f3mez en su tenebrosa Popol) era hostigar a los ricos, es decir, a quienes ten\u00edan la propiedad. Este siempre ha sido el m\u00f3vil, aunque los m\u00e9todos y las circunstancias var\u00eden. Tras la lucha anti-subversiva de Casta\u00f1o se escond\u00eda la misma sed de tierras, el mismo impulso de comprador de tierras que hubo en Pablo escobar, que hay en Uribe V\u00e9lez. Esa insaciable sed, domina al hombre de hacienda por naturaleza, pero por efecto colateral al narcotraficante, al nuevo rico, a las clases medias urbanas, a todos quienes, por los m\u00e1s inveros\u00edmiles motivos nost\u00e1lgicos y arribistas, sue\u00f1an coronar sus \u00e9xitos mundanos con un pedazo de tierra, entre m\u00e1s grande y ostentoso mejor, as\u00ed no sirva o demuestre en la racionalidad econ\u00f3mica una rentabilidad garantizada.<\/p>\n\n\n\n<p>Casta\u00f1o quiso hacer del campo colombiano un campo de paz, y casi lo logra. A este prop\u00f3sito nacional, se atraves\u00f3 la perorata de Uribe V\u00e9lez que cal\u00f3 tan profundamente. Si Casta\u00f1o hab\u00eda despejado el terreno en el plano de las estrategias y la ruta antisubversiva, y cuando parec\u00eda que los niveles de expectativas en esa lucha se empantanaban en las conversaciones de paz con las FARC en el mandato de Pastrana Arango (tal vez nunca hubo m\u00e1s masacres y cr\u00edmenes atroces que en las negociaciones de paz por parte de los paramilitares), o Pastrana Harag\u00e1n como lo supon\u00edan todos, faltaba quien le diera una dimensi\u00f3n pol\u00edtica in\u00e9dita, quien diera el salto cualitativo a una guerra sin tregua contra la subversi\u00f3n. <\/p>\n\n\n\n<p>El sentimiento antiguerrillero, sobre todo, por el fracaso de las conversiones con las FARC, y no menos por los injustificables, para cualquier respecto, secuestros indiscriminados, llamadas pescas milagrosas, era profundo; una realidad que se palpaba en el ambiente. Habr\u00eda que ser sordo para pensar que el pa\u00eds quer\u00eda otra soluci\u00f3n pac\u00edfica, pues al fin y al cabo lo que se desacredit\u00f3 en los di\u00e1logos de ese gobierno de Pastrana, era la paz y no la guerra. La guerra se impon\u00eda en los \u00e1nimos de los colombianos; si las FARC hab\u00edan sido los electores de Pastrana Arango, sin merecerlo de ning\u00fan modo, era porque les sonaba de alg\u00fan modo que, al pactar con la FARC una tregua, se evitaba un charco de sangre y se recuperaba un espacio pol\u00edticamente civilizado. No parece muy coherente tratar de poner en el mismo tablero las marchas triunfales de los asesinos de Casta\u00f1o que asolaban el pa\u00eds, a sus campesinos y se enfrentaban rabiosamente con sus enemigos militares, con el sentimiento pacifista que acompa\u00f1\u00f3 las intenciones de Pastrana a llevar a alg\u00fan t\u00e9rmino razonable a la organizaci\u00f3n armada ilegal m\u00e1s antigua, formidable e indestructible del hemisferio occidental. Pero eso aconteci\u00f3.<\/p>\n\n\n\n<p>A Uribe V\u00e9lez le cabe la suerte de formar un \u201cbloque de odio\u201d. Uribe V\u00e9lez materializ\u00f3 una idea difusa, por lo menos en algunos de sus componentes, de asimilar la oposici\u00f3n, cualquiera fuera \u00e9sta al gobierno, con las FARC. El furor, la insistencia, la reiteraci\u00f3n monotem\u00e1tica de la creaci\u00f3n mental del enemigo com\u00fan, fue se\u00f1al y fuente de confianza desmedida. Las extremas medidas que tom\u00f3 al principio de su gobierno, con sus pescas milagrosas, es decir, con la cadena de delincuentes subversiones que, sin ton ni son, exhib\u00edan al principio de su gobierno, contraviniendo todo mandato constitucional y legal, fue la clave de su historia en su gobierno. La mano dura que prometi\u00f3 la cumpli\u00f3. El coraz\u00f3n generoso que exhibi\u00f3 en sus carteles se tradujo en violentas arremetidas, en feroces persecuciones, en implacables represalias; impuso un c\u00f3digo draconiano hacia afuera, para quienes real, supuesta, virtual o imaginadamente atentaran contra su \u201cSeguridad Democr\u00e1tica\u201d, que sus seguidores no saben qu\u00e9 significan pero que a ojo cerrado siguen a quien la predica. Uribe impuso, impuls\u00f3 y cohonest\u00f3 un c\u00f3digo de implacable persecuci\u00f3n a los disidentes pol\u00edticos, y convirti\u00f3 al Estado y a los cuerpos de seguridad, el ej\u00e9rcito, polic\u00eda y DAS, en un gran mecanismo al servicio de la anulaci\u00f3n de los miembros activos de la resistencia, sea estudiantil, campesina, sindical, comunitaria, ind\u00edgena, y dem\u00e1s. Pero hizo m\u00e1s. Mientras Casta\u00f1o era una fuerza militar que arrasaba a sus enemigos, y se ali\u00f3 y fortaleci\u00f3 la actividad de terrorismo de derecha, Uribe V\u00e9lez explot\u00f3 el sentir popular anti-FARC como una modalidad de hacer justicia estatal, es decir, garantizar todo tipo y forma de eliminaci\u00f3n del enemigo pol\u00edtico, bajo la consideraci\u00f3n de un estatus pol\u00edticamente denegado. Hizo m\u00e1s. Mientras Casta\u00f1o luch\u00f3 con hombres armados contra hombres armados, a campo abierto, para ganar espacios geogr\u00e1ficamente determinantes de guerra, Uribe V\u00e9lez extendi\u00f3 e intensific\u00f3 sus formas de lucha contra la subversi\u00f3n, en un plano ideol\u00f3gico -otros dir\u00e1n simb\u00f3lico- mucho m\u00e1s efectivo. Hizo de las dependencias del gobierno instrumentos de su sed de venganza personal, para vengar a su padre presuntamente muerto a manos de las FARC (unos dicen descuartizado), y convirti\u00f3, o logr\u00f3 interpretar un sentimiento de odio en un sentimiento de venganza colectiva. Aqu\u00ed en la Santa Teresita se le vio la misma \u201cma\u00f1anitica\u201d en que liquid\u00f3 a Ra\u00fal Reyes en Ecuador, rezar ante los restos de su padre para ratificar su profesi\u00f3n de fe.<\/p>\n\n\n\n<p>Los or\u00edgenes sociales de Uribe son suficientemente conocidos como para ahondar en ellos. Basta anotar que es hijo de un finquero del suroeste antioque\u00f1o, mediano propietario que entr\u00f3 en contacto con las mafias locales. Estudi\u00f3 en un colegio de clases medias de la ciudad e ingres\u00f3 a la Universidad de Antioquia en donde culmin\u00f3 los estudios de derecho. Su sed de tierras le hizo comprar la Hacienda del Ub\u00e9rrimo en C\u00f3rdoba que, como la Hacienda N\u00e1poles, es s\u00edmbolo de su prestancia y coronaci\u00f3n social. Alcanz\u00f3 algunos cargos de la administraci\u00f3n estatal, fue alcalde y concejal de Medell\u00edn, pero donde m\u00e1s se le recuerda es como gobernador de su Departamento, en donde ensay\u00f3 su concepci\u00f3n c\u00e9lebre de la seguridad de las propiedades rurales privadas como clave de la vida pol\u00edtica. Se rode\u00f3 tempranamente de aventureros, tramposos, y hasta bribones y asaltantes de todo estilo, que compartieron el ideario agrario-militarista. Su hasta cierto punto mete\u00f3rica actuaci\u00f3n p\u00fablica, se hizo notable nacionalmente, en la campa\u00f1a presidencial del 2002, en la que pas\u00f3 de ser un candidato de pocas opciones al triunfador por los balbuceos de su oponente, el desprestigiad\u00edsimo Horacio Serpa, frente al tema candente de las FARC. Uribe capitaliz\u00f3 el problema nacional de la guerra antisubeversiva para darle un estatus de abominable actualidad. Hizo de las FARC pilar absolutista de su discurso p\u00fablico, se mostr\u00f3 como salvador mesi\u00e1nico de la naci\u00f3n en peligro y cerr\u00f3 toda posibilidad de pensar que con esa agrupaci\u00f3n terrorista se pod\u00eda dialogar. La \u00fanica soluci\u00f3n era liquidarlos militarmente. La construcci\u00f3n del enemigo como enemigo absoluto se constituy\u00f3, en adelante, en el factor decisivo y central de su ser pol\u00edtico: as\u00ed las FARC, por v\u00eda negativa lo llevar\u00edan a su primera presidencia. El resto es un cuento de los hermanos Grimm, en versi\u00f3n criolla.<\/p>\n\n\n\n<p>Si la mediocridad de Samper y Pastrana fue el primer aliado a la causa de Uribe, en su aspiraci\u00f3n presidencial, a ese actor nacional gen\u00e9rico, se sum\u00f3 la idealizaci\u00f3n del enemigo, las FARC, como fact\u00f3tum de los males de Colombia. \u201cSi llueve y se inunda la casita\u201d; eso son las FARC. \u201cSi hace mucho sol, y se pierden las cosechas\u201d, no queda duda que tras ello esta Tirofijo; \u201cSi subieron los impuesto de renta y complementarios\u201d, no cabe sino echarle la culpa al secretariado de la selva. Las peroratas de Uribe contra las FARC fueron as\u00ed el pan de cada d\u00eda con que los colombianos nutr\u00edan su sed de venganza y su fe de salir de las lluvias excesivas, de las sequ\u00edas sin soluci\u00f3n, de los impuestos impagables y hasta la posibilidad de abandonar la esposa y ponerse a vivir con la amante deseada. El lenguaje anti- FARC fue el retint\u00edn con que los colombianos, antes de acostarse y en el instante de despertar, encant\u00f3 los o\u00eddos del ama de casa de Armenia, del ejecutivo en la 72 en Bogot\u00e1, del transportador por las carreteras destapadas de los Llanos, de los hacendados que todav\u00eda compart\u00edan con Casta\u00f1o la dicha de seguir asesinando tanta piel mestiza.<\/p>\n\n\n\n<p>Los colombianos se identificaron con Uribe porque Uribe fue capaz de identificarse con la masa an\u00f3nima de colombianos que quer\u00edan no solo venganza sino hechos cumplidos, ya no por Casta\u00f1o, sino por un presidente, de venganza anti-guerrillera.<\/p>\n\n\n\n<p>Con la llegada de Uribe al poder, los d\u00edas de Casta\u00f1o estaban contados. Que lo matara su hermano o sus compinches fue solo un asunto de tr\u00e1mite que ten\u00eda que ver, no con su intenci\u00f3n de largarse a Estados Unidos y huir del infierno que hab\u00eda creado, sino por el simple hecho de que sobraba. En el mismo cielo de Colombia no cab\u00edan Casta\u00f1o y Uribe al mismo tiempo, y por eso despacharlo al cielo de verdad, a la eternidad bendita, pero metaf\u00edsica, era una necesidad que se resolv\u00eda de un solo balazo. Y se lo dieron. Uribe estaba para hacer del infierno de Casta\u00f1o el cielo de los colombianos. Y lo hizo en la ilusi\u00f3n, fue un acto de catarsis nacional en que muchos quisieron o se vieron expiando culpas propias, colectivas o comunitarias. En esa especie de rito expiatorio u orgi\u00e1stico o b\u00e1quico con que el cham\u00e1n elevado a presidente envolv\u00eda a sus conciudadanos, tratados como fieles, s\u00fabditos o jornaleros, se encontr\u00f3 el pa\u00eds con \u00e9l mismo, bajo la figura del redentor vengador. El se\u00f1or presidente, era en adelante primer mandatario, sargento mayor, padre de familia, cura p\u00e1rroco, juez de provincia, experto en vallenato, amigo de Mancuso pero de lejitos, caballista consumado, bravuc\u00f3n cuando tocaba y sobre todo cuando sobraba, sagrado coraz\u00f3n con voz y voto, capataz de hacienda, gerente bancario, maestro de escuela (desertificada), embajador volante, caldo de cultivo, masa sin\u00e9rgica, tonto de pueblo, macho cabr\u00edo, v\u00edctima de ocasi\u00f3n, testigo ocular, mandatario sin ministros, jefe de gobierno sin embajadores, caballero de industria a t\u00edtulo personal y por la interpuesta persona de sus dos geniales hijitos, Ph. D. de cualquier cosa, abogado de causas ganadas, m\u00e9dico de enfermos terminales, y sobre todo, enemigo de sus enemigos. Las FARC.<\/p>\n\n\n\n<p>Las FARC fabricaron a Uribe. Le dieron la primera presidencia, le dieron la segunda presidencia y casi lo dejan en la presidencia hasta que se acaben las FARC; cu\u00e1ndo ser\u00e1 ese cu\u00e1ndo. Uribe fue desagradecido con Las FARC; en la primera elecci\u00f3n, en la segunda, y sin duda en la tercera, de haber sido posible, tambi\u00e9n hubiera mostrado su desagradecimiento. Pero tambi\u00e9n Uribe fue desagradecido con Pastrana al que no le reconoci\u00f3 su mediocridad e ineptitud como causa indudable de su triunfo electoral. Porque Uribe no derrot\u00f3 a la sombra penosa de un pol\u00edtico que es \u2013ha sido y fue- Horacio Serpa, sino, derrot\u00f3 a Samper y Pastrana en mo\u00f1ona. Los derrot\u00f3 por lo que fueron capaces de hacer y sobre todo de no hacer nada para que el pa\u00eds se hundiera en ese abismo del que se sigue, pero con la sensaci\u00f3n de que no es as\u00ed. La clave de Uribe fue su repetici\u00f3n, se ha dicho, pero la pre-clave fueron sus antecesores y sus concomitantes fueron los errores pol\u00edticos de sus enemigos.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe no ha dejado, luego de ocho a\u00f1os de gobierno, ni mejor ni peor el pa\u00eds que en la \u00e9poca de Turbay Ayala, pero sobre el com\u00fan todav\u00eda queda la sensaci\u00f3n que se ha avanzado un poco en el camino de la venganza, porque se miden los logros contra la FARC a la luz de la nulidad que lo precedi\u00f3. En realidad, las FARC fue pretexto, contexto y texto de su gobierno y se pierde la perspectiva de la realidad nacional si se mide su gobierno solo por una lucha que ha dejado tambi\u00e9n muchos sin sabores. El resultado militar ha sido, al menos, equ\u00edvoco, en muchos sentidos, y en consideraci\u00f3n del armamento sofisticado y los ingentes recursos empleados, un fraude por destapar.<br \/>Pero como los fil\u00f3sofos nacionales han ense\u00f1ando que perder es ganar un poquito, y que perder un poquito es una regla del m\u00e9todo con la que el colombiano ajusta sus cuentas con la realidad que no comprende, entonces se deduce, por simple regla silog\u00edstica, que Uribe es el mejor o el peor presidente que hemos tenido desde la \u00e9poca de Laureano G\u00f3mez, incluido, dependiendo de la escuela sof\u00edstica en que nos inscribamos. Pero como el asunto no es de sof\u00edstica y se reduce a una ponderaci\u00f3n de cifras no cabe sino concluir que la econom\u00eda pasa por un momento deplorable, que el desempleo es alarmante, que la injusticia e inequidad crecen, que la corrupci\u00f3n campea como siempre, que la falta de competencia es norma, que el narcotr\u00e1fico no cede sus rutas, solo las var\u00eda, que todos los factores que hacen la pobreza, la injusticia, la violencia est\u00e1n a la orden del d\u00eda, que pida el plato fuerte que sea que siempre se le ser\u00e1 servido y que nunca le defraudaremos sus perversiones.<\/p>\n\n\n\n<p>El fallo sobre el Referendo reeleccionista de la Corte constitucional el viernes pasado, ech\u00f3 por tierra las intenciones de Uribe de perpetuarse en la presidencia de la rep\u00fablica. Su tercer mandato era autom\u00e1ticamente su reelecci\u00f3n a perpetuidad, y pese a que muchos colombianos vieron tambi\u00e9n frustradas sus ilusiones de verse morir de viejos viendo en la pantalla de televisi\u00f3n babiando de anciano a Uribe, gritando que ya mat\u00f3 al \u00faltimo miembro del secretariado (tambi\u00e9n de viejo), ilusi\u00f3n que compart\u00edan muchos colegas, la Corte simplemente los baj\u00f3 de las nubes, los llam\u00f3 a la sensatez, les dio una lecci\u00f3n constitucional, les dio una lecci\u00f3n democr\u00e1tica y, sobre todo, les dio una lecci\u00f3n moral. <\/p>\n\n\n\n<p>S\u00e9 que Colombia debe enfrentarse, en los pr\u00f3ximos meses, a\u00f1os y d\u00e9cadas a la desuribizaci\u00f3n del pa\u00eds, de sus campos, de sus instituciones, de sus universidades, por ejemplo. As\u00ed como Alemania tuvo que enfrentarse a la ca\u00edda de Hitler a la Entnazifizirung, o sea, a una forma de desterrar pol\u00edtica, moral, culturalmente la sombra de la violencia nazi, que fue una obra colectiva y no de un ser malvado individual, Colombia debe librar una guerra civil, en el campo de las ideas, en el campo de la pedagog\u00eda, en el campo de la educaci\u00f3n ciudadana, por recuperar un eje gravitacional de su dignidad democr\u00e1tica.<\/p>\n\n\n\n<p> Lo que la Corte puso de presente no fue solo una argumentaci\u00f3n en contra de la intenci\u00f3n individual de Uribe de perpetuarse en el poder, sino, destap\u00f3 de paso una forma inaceptable de hacer las cosas que se hab\u00eda aclimatado por d\u00e9cadas en Colombia. En Colombia burlar la ley era una manera de sentir que se hac\u00eda patria. La anti-cultura ciudadana, la cultura mafiosa que impuso Pablo Escobar con sus incursiones en el bajo mundo que conquist\u00f3 el alto mundo, o lo deslumbr\u00f3 de alg\u00fan modo; la forma en que Casta\u00f1o quiso sustituir las instituciones estatales y privatizar la seguridad (como se privatiza la salud, la educaci\u00f3n, los recursos naturales y no renovables); la forma en que desde hace ocho a\u00f1os las aplanadoras pol\u00edticas violan y desconocen los derechos ciudadanos, las minor\u00edas pol\u00edticas, \u00e9tnicas, de g\u00e9nero; los ultim\u00e1tum terroristas que permanentemente daba Uribe al pueblo colombiano, porque sin \u00e9l todo se acababa; todo eso fue lo que en el fondo se juzg\u00f3. La Corte Constitucional obr\u00f3 en derecho, pero obr\u00f3 de modo que, sin exagerar sus m\u00e9ritos o calidades ni hacer hip\u00e9rboles de sus intenciones, abri\u00f3 un boquete que el ciudadano com\u00fan, el profesor honrado, puede aprovechar a su favor de su libertad y su dignidad.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe es un animal pol\u00edtico herido pero no muerto. Cuando dice que va a seguir luchando por el pa\u00eds hasta el \u00faltimo d\u00eda de su vida, significa que va a conspirar hasta que se muera. De cualquiera modo y de todos modos. Solo se escribir\u00e1 la \u00faltima palabra cuando lo veamos en el caj\u00f3n. Y ni siquiera. Sus aduladores le arrebataran abusivamente sus banderas, tal como \u00e9l les ense\u00f1\u00f3 que se debe hacer la vida p\u00fablica, es decir, tal como corrientemente se hace pero que no hab\u00eda encontrado un campe\u00f3n tal directo como ejemplo a que resaltar. Muerto Uribe, despu\u00e9s del velorio y luego del sepelio seguir\u00e1 viviendo. Todos se quitar\u00e1n la palabra para seguir los pasos del santo patr\u00f3n que anim\u00f3 a Colombia a seguir los c\u00f3digos del se\u00f1or hacendado, con sus maneras bruscas y autoritarias, para hacerse obedecer. Mandar es una pasi\u00f3n, antropol\u00f3gicamente inserta en la condici\u00f3n humana, que se muestra en su primaria forma patriarcal, que revive y toma su particularidad hist\u00f3rica en esa figura sacada de las ardientes sabanas cordobesas para Colombia y el mundo. La escuela de gobierno fue su finca; la finca que fue la escuela de gobierno de Escobar y que la fue de Casta\u00f1o. El hacendado que el colombiano lleva adentro encontr\u00f3 en Uribe su paradigma. Si Colombia en el siglo XIX, no hab\u00eda tenido su Rosas, su Melgarejo, su Santa Anna, los caudillos por antonomasia en la historia latinoamericana, s\u00ed elabor\u00f3 tard\u00edamente el modelo o tipo pol\u00edtico y lo ungi\u00f3 en el hijo de esta fecunda de hombres bravos, de machos violentos, de amigos de la violencia, de finqueros sin ag\u00fceros, de Uribes, de Uribitos, de\u2026 El modelo fue elaborado por todos, hist\u00f3ricamente arrastra un poquito de cada \u00e9poca, cada clase social siente su aporte. \u201cUribe somos todos\u201d, se dir\u00e1, s\u00ed, todo el pasado negativo colombiano que es preciso dejar atr\u00e1s. De una u otra forma, cuando la Corte Constitucional derrot\u00f3 el Referendo reeleccionista se libr\u00f3 simb\u00f3licamente en Colombia la batalla de Caseros de 2 de febrero de 1852, en Argentina, en que la civilizaci\u00f3n triunf\u00f3 sobre la barbarie; en que la ley se impuso ante la brutalidad del campo, en un juego dial\u00e9ctico equ\u00edvoco, en todo caso, de muy circunstancial y condicionadas consecuencias.<\/p>\n\n\n\n<p>Uribe, sospecho, perdi\u00f3 la fe, porque no se le ha vuelto a ver por Santa Teresita, as\u00ed sea para rezar de rabia contra la Corte y prometer los litros de sangre con que alimenta su pathos personal.<\/p>\n\n\n\n<p>Desde hace ocho a\u00f1os la Universidad p\u00fablica es un ap\u00e9ndice del uribismo. La universidad p\u00fablica siempre ha estado politizada y ser\u00eda ingenuo pensar que en estos ocho a\u00f1os se viol\u00f3 una regla que ya no estuviera de antemano violada. Pero tambi\u00e9n es cierto que la manipulaci\u00f3n del poder en la universidad se hizo m\u00e1s visible, pues los resortes de su actuaci\u00f3n parecieron m\u00e1s descarados. No se trat\u00f3 solo de que un oscuro abogadillo de provincia, Jos\u00e9 Obdulio Gaviria, corrompieran y pusiera bajo su manto ideol\u00f3gico a unos cuantos profesores; no se trat\u00f3 que un exrector de nuestra universidad, que como rector lo hizo decorosamente, hiciera un salto mortal hacia el partido de la U (que no fue el partido de la Universidad sino de los \u201curangutanes\u201d) para llegar al parlamento. Esos casos se pueden multiplicar y caer en un fatigoso listado de inmoralidades. Es el momento de librar otras batallas, o las mismas que se sofocaron en ocho a\u00f1os de terror solapado. De alcahueter\u00eda, de complicidad, de oportunismo, de conveniencia, de connivencia. La palabra la tiene la oposici\u00f3n, y es hora de ejercerla.<\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Por Juan Guillermo G\u00f3mez Garc\u00eda Uribe es un personaje que ha cautivado al pa\u00eds en sus \u00faltimos ocho a\u00f1os y ha despertado, tal vez en igual medida, feroces debates. 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