{"id":8175,"date":"2013-02-05T06:00:19","date_gmt":"2013-02-05T11:00:19","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=8175"},"modified":"2019-08-26T15:10:30","modified_gmt":"2019-08-26T20:10:30","slug":"mi-defensa-jose-alejandro-castano","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2013\/02\/mi-defensa-jose-alejandro-castano\/","title":{"rendered":"Mi defensa: Jos\u00e9 Alejandro Casta\u00f1o"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-8177\" title=\"josea_castano\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/josea_castano.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"363\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/josea_castano.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/josea_castano-300x170.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<p><span style=\"color: #808080;\"><em><strong>\/ Por Jos\u00e9 Alejandro Casta\u00f1o.*<\/strong><\/em><\/span> Puesto a fabricar talco para pies, con los ingredientes correctos, un qu\u00edmico farmac\u00e9utico no produce otra cosa. Si aplica la f\u00f3rmula, sin importar qu\u00e9 tanto le tallen los zapatos, qu\u00e9 tan infeliz o gozoso se sienta, si lleno o hambriento, sea \u00e9l un miedoso o un valiente, si es de noche o es de d\u00eda, el resultado de su esfuerzo es talco para pies. No hay lugar para la perplejidad, para el asombro. Un periodista en cambio, y por suerte, rara vez es capaz de semejante simetr\u00eda. El lugar de sus tareas suele ser campo al aire libre, a merced del azar, de sus propias capacidades. En su trabajo s\u00ed cuentan el hambre, el cansancio, la alegr\u00eda y la tristeza, los deseos, sus temores, la mala ortograf\u00eda, el tipo de calzado. Elucubrismo, palabra que no existe, rima con periodismo, oficio sin ciencia.<em><\/em><\/p>\n<p>Finalmente le\u00ed tu columna Joaqu\u00edn, \u00abDe Casta\u00f1o a oscuro\u00bb, publicada en La Silla Vac\u00eda. (http:\/\/www.lasillavacia.com\/historia-invitado\/37051\/joaquin-botero\/de-castano-oscuro) Mientras te le\u00eda proclam\u00e1ndote an\u00f3nimo, profesional, ap\u00f3stol de la verdad, te imaginaba de tapabocas, con guantes de enfermer\u00eda, de bata blanca, disfrazado de cient\u00edfico. Pides que se me reprenda, que se me quiten los t\u00edtulos de la misma manera en que se hace con un deportista proscrito por doping. Eres un atrevido.<\/p>\n<p>Llevo a\u00f1os oyendo el siseo de los que me acusan de fraude, de inventar las historias de mis cr\u00f3nicas. Casi siempre fue un murmullo an\u00f3nimo, informe, vago, sin un rostro de frente. No quise responder, hasta ahora. Nunca hice una llamada de reclamo, ni escrib\u00ed un mensaje de correo, ni una carta, ni una l\u00ednea si quiera. Me mord\u00ed los codos. \u00a1Es que a tantos les consta lo que no les consta! Afirman con voz segura, enjuician, repiten lo que saben de o\u00eddas, y dictan sentencia, imponen condena. La pregunta es: \u00bfqu\u00e9 gano al desmentir lo que encierra un evidente tufo de rivalidad, de rabia gratis?<\/p>\n<p>Hace dos a\u00f1os, desde aquella publicaci\u00f3n de El Malpensante en la que se me acus\u00f3 de fraude, de inventar viajes, de fabular testimonios, oigo a algunos decir que mi silencio es confirmaci\u00f3n de culpabilidad, prueba de que no tengo c\u00f3mo controvertir. Supongo que me imaginan en un mar de nervios, descubierto en flagrancia, mudo del susto. No es as\u00ed.<\/p>\n<p>Tu texto, que se pretende lapidario, es m\u00e1s de lo mismo, Joaqu\u00edn: recuento de rumores, juicios de valor, opiniones de compa\u00f1eros con los que dej\u00e9 de trabajar hace doce a\u00f1os, justo al comienzo de mi carrera. T\u00fa me acusas de falsificador pero no aportas pruebas, solo apreciaciones. Yo, lo admito, habr\u00eda preferido no responder a tu columna, mantenerme mudo, imp\u00e1vido, entelerido. As\u00ed llamaban las abuelas a los despistados de la casa, a los ensimismados.<\/p>\n<p>Algunos amigos, entre los que hay editores de revistas y miembros del programa Nuevos Cronistas de Indias, de la Fundaci\u00f3n Nuevo Periodismo Iberoamericano, insisten en que esta vez s\u00ed diga, que hable, que no me quede callado. Laura y Mar\u00eda Alejandra tambi\u00e9n me pidieron romper el silencio. Ellas me han hecho caer en cuenta de que el mal olor de tus palabras afecta a publicaciones y a personas que quiero y respeto.<\/p>\n<p>Lo primero ser\u00e1 admitir que tienes raz\u00f3n, Joaqu\u00edn: cuando escribo fabulo. C\u00f3mo negar algo tan obvio. Pero no lo hago como t\u00fa piensas, como algunos creen. Lo supe desde antes de escribir mi primer art\u00edculo en la universidad: que la imaginaci\u00f3n es recurso period\u00edstico, utensilio narrativo, aparejo m\u00e1s \u00fatil que el l\u00e1piz, que la libreta de apuntes, que la grabadora, ese trasto sobrevalorado que algunos usan como si fuera sustituto del cerebro, del mism\u00edsimo coraz\u00f3n.<\/p>\n<p>Yo supe aquello de una manera intuitiva, igual que el visitante que camina una ciudad por primera vez y sin embargo siente que ya estuvo all\u00ed antes, entonces se aventura por las calles sin un mapa, sin m\u00e1s compa\u00f1\u00eda que la curiosidad. Uno de mis primeros textos en El Colombiano fue sobre un conflicto electoral en un pueblo aur\u00edfero a orillas del r\u00edo Magdalena. Yo todav\u00eda era un estudiante en pr\u00e1ctica. Escrib\u00ed una cr\u00f3nica imaginada.<\/p>\n<p>Tras el recuento de votos, dos candidatos al concejo municipal obtuvieron la misma cantidad de sufragios. Aquello amenaz\u00f3 con iniciar una revuelta entre los miembros de las dos campa\u00f1as enfrentadas. Pocas cosas llegan a ser m\u00e1s azarosas que las ilusiones de redenci\u00f3n personal tras el triunfo de un candidato: los patrocinadores esperan contratos millonarios, los miembros de su ej\u00e9rcito de hormigas esperan trabajos bien remunerados, los barrios de donde provienen las votaciones m\u00e1s altas esperan aceras, parques, postes de luz, alcantarillados al fin. Es tan com\u00fan y corriente ese mundo burs\u00e1til con que suele tranzarse el fervor ciudadano que lo entendemos como normal. Asustadas, las autoridades del pueblo extendieron el toque de queda aquella noche y los candidatos acordaron reunirse a primera hora del d\u00eda siguiente en la oficina de la Registradur\u00eda.<\/p>\n<p>Para esos casos, la ley establece como \u00fanico recurso de desempate un juego de azar: meter dos papelitos con los nombres de los aspirantes en una bolsa y sacar un ganador, igual que si la rifa fuera de un pastel reci\u00e9n horneado. Las campa\u00f1as aprobaron el procedimiento pero no lograron ponerse de acuerdo sobre qui\u00e9n ser\u00eda el que meter\u00eda la mano en la bolsa. El registrador se excus\u00f3, dijo que prefer\u00eda no sentenciar la buena suerte de unos y la mala suerte de otros. Propusieron que fuera el alcalde, pero result\u00f3 que era del mismo partido pol\u00edtico de uno de los candidatos; entonces que el director del hospital, pero tampoco pudieron ponerse de acuerdo porque le hab\u00eda atendido ya dos partos a la esposa de uno de ellos; entonces que el comandante de la Polic\u00eda, pero recordaron que ese diciembre una de las campa\u00f1as les hab\u00eda regalado una ternera a los polic\u00edas para la cena de navidad. Es lo que recuerdo ahora, a tantos a\u00f1os de distancia.<\/p>\n<p>A la una de la tarde, los candidatos no hab\u00edan logrado ponerse de acuerdo sobre qui\u00e9n meter\u00eda la mano en la bolsa y la oficina de la Registradur\u00eda se fue convirtiendo en una gallera por culpa de los espont\u00e1neos que, afuera, recib\u00edan billetes de quienes apostaban a favor de uno o de otro. Pueblo aur\u00edfero. Les dio la noche en esas. Que el profesor de la escuela, que el boticario de la farmacia, que el administrador de los billares, que el conductor de tal bus que era testigo de Jehov\u00e1, que el due\u00f1o de la carnicer\u00eda, que un ni\u00f1o ciego de la escuela, todos resultaban impedidos por alg\u00fan tipo de proximidad indeseable, de parentesco hasta entonces inadvertido.<\/p>\n<p>Ahora se me ocurre que tal vez, de haber estado un circo de visita por aquellas lejuras, habr\u00edan podido invocar la intercesi\u00f3n de una mujer de goma, de un enano en zancos, de alg\u00fan burro biling\u00fce. Pero s\u00ed ocurri\u00f3 un prodigio. En el tumulto de voces un hombre record\u00f3 que esa misma ma\u00f1ana hab\u00eda llegado al pueblo un nuevo sacerdote, el padre Arc\u00e1ngel. As\u00ed se llamaba. A \u00e9l fueron a pedirle ayuda.<\/p>\n<p>Una hora m\u00e1s tarde, con el papelito entre los dedos, observado por los rostros deformados de tanto calor, el silencio apretujado entre el aire sucio, el viento del r\u00edo sin resquicios por donde entrar, el sudor ardiendo en los ojos, el padre Arc\u00e1ngel, enviado de Dios, dud\u00f3, trag\u00f3 saliva, gir\u00f3 un poco la cabeza, acerc\u00f3 el papel, lo alej\u00f3, y al fin, con voz de ceremonia, proclam\u00f3 el nombre escogido por la divina providencia. Todo lo dem\u00e1s fue algarab\u00eda. No recuerdo cu\u00e1ntas llamadas hice al pueblo. Al alcalde, a los candidatos, al comandante de la Polic\u00eda, a los apostadores. Habr\u00e1n sido nueve, diez, quince llamadas. Tantas para imaginar lo que nunca vi.<\/p>\n<p>Por culpa de art\u00edculos como ese, que despertaban admiraci\u00f3n en unos pocos compa\u00f1eros e inquietud y dudas en tantos otros, El Colombiano decidi\u00f3 extenderme un contrato a t\u00e9rmino indefinido. Estuve all\u00ed casi cinco a\u00f1os, entre finales el 1997 y comienzos de 2002. Aquella \u00e9poca est\u00e1 llena de malos textos, art\u00edculos de practicante, sujeto apurado, disperso, sin duda con m\u00e1s atrevimiento que talento. Cabeza dura, eso tambi\u00e9n. Enamorado de Laura, entonces de cuatro a\u00f1os, y de Mar\u00eda Alejandra, de dos.<\/p>\n<p>Esto lo hac\u00eda todas las noches: me llevaba a mi casa los art\u00edculos que iban a aparecer en la edici\u00f3n del otro d\u00eda para le\u00e9rselos a ellas como si fueran cuentos. Uno de mis errores m\u00e1s frecuentes de esa primera \u00e9poca consist\u00eda en querer hacer una cr\u00f3nica con cada noticia. Aprendiz desvergonzado. Un d\u00eda decid\u00ed que ya no necesitaba usar comillas. Descubr\u00ed que aquello era recurso innecesario, y tambi\u00e9n una intenci\u00f3n fallida. Se usan las comillas para hacer creer que hay un otro que habla, y el que escribe lo certifica. Pero pocas veces semejante presunci\u00f3n de fidelidad resulta cierta porque quien transcribe una declaraci\u00f3n la edita, y para ello omite y tambi\u00e9n reescribe, conjuga, pone art\u00edculos, corrige pronombres, busca concordancias de n\u00famero, de g\u00e9nero. Supuse entonces, y lo sigo creyendo todav\u00eda, que s\u00f3lo se pone entre comillas las frases c\u00e9lebres, los giros del ingenio, las palabras memorables, todo lo dem\u00e1s deber\u00eda escribirse de corrido, con verbos atributivos sin m\u00e1s se\u00f1as.<\/p>\n<p>Hay libros del periodismo nacional, algunos de los m\u00e1s celebrados y vendidos, libros que yo tambi\u00e9n le\u00ed en la universidad y acrecentaron en m\u00ed la idea feliz de hacerme cronista, que son eso: testimonios de p\u00e1ginas enteras entre comillas. No son, por supuesto, citas textuales, aunque eso sugieran. Est\u00e1 claro en ellos la mano entrometida del escritor que pone, que quita, que orienta un ritmo necesario, que hace legible el relato, que acent\u00faa una atm\u00f3sfera, que deja abiertas preguntas que otros personajes resuelven con una coincidencia sorprendente. Si hasta parece que estuvieran conversando en la misma habitaci\u00f3n cuando, en realidad, los separan miles de kil\u00f3metros y a\u00f1os de distancia. Y en ocasiones esas declaraciones son de personas muertas que nos hablan desde el m\u00e1s all\u00e1.<\/p>\n<p>Poner entre comillas p\u00e1rrafos enteros es alarde de una fidelidad imposible. Ni siquiera el periodismo televisivo, que exhibe sus hallazgos en vivo y en directo, logra contar textualmente. Porque la televisi\u00f3n, claro est\u00e1, tambi\u00e9n omite, edita, zurce, construye escenarios, imprime sus puntos de vista, hace \u00e9nfasis, matiza, vende. A veces todo lo que se logra son aproximaciones, igual que en el sorteo de las loter\u00edas. Fue lo que hice esa d\u00eda del 2002 cuando el Independiente Medell\u00edn qued\u00f3 campe\u00f3n tras 45 a\u00f1os de no serlo. Pero me equivoqu\u00e9. Y puse entre comillas lo que deb\u00ed contar sin miedo, sin pretensiones de exactitud. Bobo fui.<\/p>\n<p>\u201c\u00a1Los queremos muchachos, gracias por limpiarnos el alma y darnos alegr\u00eda! -vociferaban cinco prostitutas en las afueras de la iglesia de La Veracruz, y aplaud\u00edan y tiraban besos, y re\u00edan y bailaban\u201d. S\u00ed: eso suena tan almidonado, tan irreal. Yo vi a esas putas ri\u00e9ndose tras el paso de los jugadores subidos en el carro m\u00e1s grande de los bomberos, un cami\u00f3n escalera. Saltaban ellas, hinchas del Medell\u00edn campe\u00f3n. Y recuerdo el sol, en todo lo alto, derriti\u00e9ndoles los rastros de colorete. Yo no invent\u00e9 nada ese d\u00eda, Joaqu\u00edn. Tampoco los milagros que pones en duda en tu diatriba, diez a\u00f1os despu\u00e9s.\u00a0 \u00bfCu\u00e1l es tu prueba en contra?<\/p>\n<p>Es verdad: la emoci\u00f3n puso de pie a un parapl\u00e9jico -supongo que ponerse de pie no es lo mismo que caminar-. Y un asm\u00e1tico se cur\u00f3. Y un postrado dej\u00f3 la cama. Y una pareja cay\u00f3 de un balc\u00f3n sobre un vendedor ambulante y los tres se pararon ilesos \u2013no habr\u00e1 sido de un quinto piso-. Todo eso me lo contaron la misma noche del campeonato vecinos de Moravia, de Villa Hermosa, de La Floresta, de Castilla, de La Toma, barrios a donde fui a recoger testimonios. Eran declaraciones a los gritos, entre abrazos, llanto, lluvia de maicena, ruido de p\u00f3lvora. Y hubo fotos de algunos de los que hablaban, claro que las hubo.<\/p>\n<p>\u00bfQuer\u00edas ver al parapl\u00e9jico con la camiseta del Medell\u00edn parado sobre su silla de ruedas? Yo tambi\u00e9n, pero en la barah\u00fanda no hubo tiempo para nada m\u00e1s. \u00bfTe ha pasado que todo lo que tienes a veces es la versi\u00f3n de quienes te cuentan una historia? Yo estoy seguro de que esa noche prodigiosa ocurrieron m\u00e1s milagros, solo que yo no tuve tiempo ni recursos para contarlos, para ir tras ellos. Claro: ese que escrib\u00eda entonces era un cronista en formaci\u00f3n, un alumno a toda prisa, un sujeto torpe. Lo admito sin atenuantes: aquel fue otro texto fabulado, la narraci\u00f3n de un t\u00edtulo que parec\u00eda imposible.<\/p>\n<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-8176\" title=\"andreshoyos_joaquinbotero\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/andreshoyos_joaquinbotero.jpg\" alt=\"\" width=\"600\" height=\"292\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/andreshoyos_joaquinbotero.jpg 600w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/02\/andreshoyos_joaquinbotero-300x146.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 600px) 100vw, 600px\" \/><\/p>\n<h6><span style=\"color: #808080;\"><strong>La revista El Malpensante, dirigida por Andr\u00e9s Hoyos, public\u00f3 en febrero de 2011 un largo art\u00edculo sobre Jos\u00e9 Alejandro Casta\u00f1o donde se pon\u00eda en duda su\u00a0honestidad. As\u00ed mismo el periodista Joaqu\u00edn Botero, en noviembre de 2012, public\u00f3 en La Silla Vac\u00eda una diatriba que dej\u00f3 muy mal parado al cronista. La situaci\u00f3n ya fue denunciada por Casta\u00f1o.<\/strong><\/span><\/h6>\n<p>Entre los rumores en mi contra o\u00ed este: que una vez, sorprendido en una mentira, fui echado de El Colombiano. En su molestia contra m\u00ed, El Malpensante repiti\u00f3 ese disparate. Los recuerdos de mi \u00faltimo d\u00eda en ese peri\u00f3dico son distintos. Una tarde de amigos con torta y helado, en compa\u00f1\u00eda de Linamar\u00eda, de Laura, de Mar\u00eda Alejandra, brindis con vino y un discurso de Carlos Alberto Giraldo, de quien tengo tantas cosas qu\u00e9 agradecer. Fueron unas palabras emotivas, elogiosas, venturosas en sus deseos. Esta es tu casa, vuelve cuando quieras, me dijo Ana Mercedes G\u00f3mez, la directora, y hubo aplausos, abrazos y besos. No fue la despedida de un forajido.<\/p>\n<p>En cambio la vez que s\u00ed estuve a punto de que me echaran fue por un texto cuya verdad se me pidi\u00f3 no publicar de inmediato. Una tarde recib\u00ed la llamada de una prostituta de Remedios, en el nordeste de Antioquia. Ella se llamaba Gloria, pero le dec\u00edan Candelaria. Me dijo que los polic\u00edas hab\u00edan cavado una mina de oro dentro de la estaci\u00f3n, un t\u00fanel vertical de 15 metros de profundidad. Una de las tareas m\u00e1s rutinarias de los polic\u00edas en los pueblos aur\u00edferos consiste en evitar que la gente cave t\u00faneles en sus viviendas. En Remedios, en Segovia, en Zaragoza, hay barrios enteros cuyas casas se desplomaron por culpa del efecto domin\u00f3 que origin\u00f3 la excavaci\u00f3n de una familia en su propia cocina. De manera que la historia de un socav\u00f3n minero en la estaci\u00f3n de Polic\u00eda era una promesa dorada.<\/p>\n<p>Los que me vieron entrar al pueblo, con c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, vestido con el chaleco de prensa de El Colombiano, dieron por cierto lo que, hasta entonces, era un rumor sin confirmar. \u00bfViene por lo de la mina polic\u00edaca?, me pregunt\u00f3 el conductor del campero que me recogi\u00f3 en el aeropuerto. Tan pronto se enteraron de mi llegada, los agentes me mandaron una raz\u00f3n con un vendedor de copitos de nieve: que me fuera, que a la estaci\u00f3n solo entraba si iba preso, y ni as\u00ed ver\u00eda nada. Tuve suerte. Al otro d\u00eda lleg\u00f3 un ingeniero de la Secretar\u00eda de Minas del Departamento para verificar los rumores y en la Alcald\u00eda se conform\u00f3 una comisi\u00f3n de notables. El hoyo result\u00f3 una garganta oscura de un metro y medio de di\u00e1metro y m\u00e1s de 20 metros de profundidad, lo mismo que un s\u00f3tano de 10 pisos. Los \u00fanicos que nos atrevimos a bajar a ese infierno fuimos el ingeniero de minas de la Gobernaci\u00f3n y yo. Primero \u00e9l, luego yo, en ese orden. Si me meto primero, pens\u00e9, tal vez no me vuelven a sacar.<\/p>\n<p>Es que la \u00fanica manera de descender era sentados sobre una tabla amarrada a un lazo y sostenida desde un malacate que giraban los mismos polic\u00edas sudorosos, con miedo de que los despidieran, molestos con la intromisi\u00f3n de un periodista, justo un periodista. Su coartada para la excavaci\u00f3n fue un permiso del Ministerio de Defensa en el que les autorizaban construir una trinchera para que se resguardaran en caso de un ataque guerrillero. Las especificaciones estaban escritas en un papel con sellos oficiales y se advert\u00eda que la profundidad m\u00e1xima era de 140 cent\u00edmetros. Los polic\u00edas habr\u00e1n hecho mal las cuentas, o las hicieron bien.<\/p>\n<p>Hay tanto oro en los pueblos del Nordeste que la gente roba la tierra de los caminos para procesarla con mercurio y extraer dinero. Los drogadictos excavan los separadores de las aceras y barren el polvo de las calles. En el basurero municipal de Segovia encontr\u00e9 dos familias que extra\u00edan metal de entre los desechos de papeles, c\u00e1scaras de frutas y verduras, botellas de licor. \u00bfCu\u00e1nto oro sacaron los polic\u00edas de la tierra de un hoyo semejante? No lo s\u00e9, y no voy a respond\u00e9rselo, aqu\u00ed no pas\u00f3 nada, fueron las palabras en susurro que me dijo el ingeniero en el fondo del pozo oscuro, ambos empapados de sudor, mirando arriba, al cielo de ese infierno, las cabezas diminutas de los polic\u00edas armados con sus fusiles.<\/p>\n<p>Cuando regres\u00e9 al peri\u00f3dico, dos d\u00edas despu\u00e9s, uno de los asesores editoriales, Alberto Vel\u00e1squez Mart\u00ednez, me pidi\u00f3 llamar al comandante de la Polic\u00eda Antioquia, un coronel de apellido Carrillo. Le hab\u00eda prometido que la historia solo saldr\u00eda despu\u00e9s de que yo conversara con \u00e9l. Al parecer, el oficial pens\u00f3 que si evitaba hablar conmigo no habr\u00eda publicaci\u00f3n. Se equivoc\u00f3. Despu\u00e9s de insistir diez horas para que me diera una entrevista, convenc\u00ed al editor del peri\u00f3dico para que publicara la historia. Al otro d\u00eda, con todo el revuelo que provoc\u00f3 el escrito, fui acusado de incumplir una orden superior y de atentar contra el buen nombre de la Polic\u00eda. Falt\u00f3 poco para que perdiera mi trabajo, pero el mismo Alberto Vel\u00e1squez Mart\u00ednez, un hombre rodeado de Quijotes en su oficina, esculturas, dibujos, libros, termin\u00f3 mediando a mi favor.<\/p>\n<p>Es curioso. Esas misma historias que algunos han calificado de mentirosas, las he visto despu\u00e9s en programas de televisi\u00f3n, en revistas, en otros peri\u00f3dicos. La historia de los hipop\u00f3tamos fugados de la hacienda N\u00e1poles, por ejemplo. Yo fui el primero en hablar de ellos. Escrib\u00ed una cr\u00f3nica de domingo para El Tiempo. \u00bfA d\u00f3nde van dos hipop\u00f3tamos tristes? Fue el t\u00edtulo de aquella historia inveros\u00edmil. Al parecer eran dos machos que se metieron al r\u00edo Magdalena a buscar aguas abajo las hembras que no iban a encontrar. Las autoridades conformaron un Bloque de B\u00fasqueda para cazarlos, el mismo nombre del grupo de polic\u00edas que, con el apoyo log\u00edstico y econ\u00f3mico de los carteles de la droga, persigui\u00f3 a Pablo Escobar hasta matarlo. Recib\u00ed mensajes an\u00f3nimos de burla, acusaciones de fraude, comentarios en voz baja. Pero los hechos posteriores fueron aun m\u00e1s incre\u00edbles.<\/p>\n<p>Yo estaba en Barcelona, raz\u00f3n por la que no pude contar el final de aquella historia como hubiera querido: los animales fugados resultaron ser un macho y una hembra en embarazo. Hab\u00edan huido para formar una familia pero fueron alcanzados por el Bloque de B\u00fasqueda un par de meses despu\u00e9s. El macho result\u00f3 muerto. Vi su cad\u00e1ver rodeado por los soldados que lo fusilaron, trofeo id\u00e9ntico al del capo que orden\u00f3 traerlo a \u00e9l y a sus hermanos desde \u00c1frica, de las planicies de Kenia junto con cebras, ant\u00edlopes, avestruces, una jirafa.<\/p>\n<p>En Cali, trabajando para El Pa\u00eds, cont\u00e9 la historia de un ancianato para leones jubilados. Te sorprender\u00edas de las muchas veces que se repiti\u00f3 esa imagen en todas partes: la escena de la due\u00f1a del hostal de fieras besando a un le\u00f3n en la boca, abrazada por sus garras enormes. Hasta t\u00fa la habr\u00e1s visto.<\/p>\n<p>Un d\u00eda encontr\u00e9 en el parque San Fernando de Cali a un aviador del ej\u00e9rcito alem\u00e1n, testigo de la ca\u00edda de Berl\u00edn al final de la Segunda Guerra Mundial. Viv\u00eda en un edificio de familias jud\u00edas, en la avenida Sexta, y algunos de sus vecinos eran sobrevivientes del holocausto, hijos y nietos de hombres y mujeres muertos en los campos de concentraci\u00f3n nazi. En las tardes se reun\u00edan en su apartamento para tomar caf\u00e9 y comer panecillos y o\u00edrlo a \u00e9l tocar el piano. Melod\u00edas de Mendelssohn, Chopin, Beethoven, Strauss. Todos hab\u00edan nacido en Transilvania, en el centro de Rumania. \u00bfC\u00f3mo es que llegaron a encontrarse ya viejos en un lugar tan lejano, al sur de Colombia? Cuando habl\u00e9 con \u00e9l era un joven de 83 a\u00f1os, l\u00facido conversador en m\u00e1s de seis idiomas, espa\u00f1ol, alem\u00e1n, franc\u00e9s, ingl\u00e9s, rumano, italiano, portugu\u00e9s. Cont\u00e9 su historia en El Pa\u00eds.<\/p>\n<p>Tambi\u00e9n en Cali descubr\u00ed una empresa funeraria cuyos coches eran los que el Servicio de Inteligencia de Estados Unidos le don\u00f3 a la Presidencia de Colombia para que se transportaran los Jueces sin Rostro, esos magistrados que llevaban procesos contra los capos m\u00e1s peligrosos del cartel de Medell\u00edn. Muchos a\u00f1os despu\u00e9s, el due\u00f1o de la funeraria los hab\u00eda comprado a precio de ocasi\u00f3n y orden\u00f3 desmontar el pesado revestimiento de acero y vidrios blindados, restaur\u00f3 las latas podridas, cambi\u00f3 los tapetes, retir\u00f3 las sillas de atr\u00e1s, justo donde viajaban los jueces, y dispuso un sistema de rodillos para deslizar los f\u00e9retros sin esfuerzo.<\/p>\n<p>En El Heraldo publiqu\u00e9 la cr\u00f3nica de un pueblo en las monta\u00f1as de Becerril llamado Estado Unidos. El gentilicio de sus habitantes era simple y lapidario. Ellos mismos lo repet\u00edan con orgullo: gringos. Y viv\u00edan al lado de otros dos caser\u00edos: Canad\u00e1 y Argentina. No me molesta darme de bruces con lo incre\u00edble. No le temo a esas cr\u00f3nicas inveros\u00edmiles. Y la verdad es que, lo admito, disfruto las caras de asombro de quienes me tildan de mentiroso embutidos atr\u00e1s de sus escritorios de toda la vida, las barrigas enormes, los ojos adormilados, las palabras duras, malgeniados ellos, enfermos de tedio.<\/p>\n<p>En tu diatriba citas a un ex compa\u00f1ero de El Colombiano que dice recordar Las Cuevas de Barrio Triste de manera muy distinta a como yo las describ\u00ed. \u00bfSe supone, Joaqu\u00edn, que eso prueba qu\u00e9? Yo estuve en ese antro de droga y prostituci\u00f3n disfrazado de mendigo, acompa\u00f1ado de un indigente, ingeniero de petr\u00f3leos de la Universidad Nacional, a quien apodaban Mickey Mouse. Fue una inmersi\u00f3n de cuatro horas. El peri\u00f3dico El Colombiano elogi\u00f3 el texto, lo respald\u00f3 en una nota editorial, me felicit\u00f3 en p\u00fablico. Y exigi\u00f3 una respuesta de la Alcald\u00eda. Esa cr\u00f3nica, en efecto, produjo una enorme movilizaci\u00f3n de opini\u00f3n, fue el inicio de un debate de control pol\u00edtico en el Concejo y motiv\u00f3 el m\u00e1s grande operativo policial que se haya hecho en el Centro de la ciudad contra los antros de vicio.<\/p>\n<p>Las Cuevas eran un lugar peligroso. A sus muertos los desmembraban para poder arrojarlos al r\u00edo Medell\u00edn escondidos en costales. Hasta 400 personas, muchos de ellos ni\u00f1os, pod\u00edan alojarse en su geograf\u00eda de t\u00faneles y pasadizos en las horas de m\u00e1s movimiento. Yo cont\u00e9 mi experiencia en esa cr\u00f3nica de dos p\u00e1ginas por la que, meses despu\u00e9s, fui finalista del Premio Internacional de Periodismo Kurt Schork, de la Universidad Columbia de Nueva York. No fue un logro aquel trabajo. Fue m\u00e1s bien una derrota dolorosa.<\/p>\n<p>Tras la publicaci\u00f3n, el alcalde de la \u00e9poca, Luis P\u00e9rez Guti\u00e9rrez, orden\u00f3 un operativo policial contra Las Cuevas y sus habitantes fueron desalojados con chorros de agua, gases lacrim\u00f3genos y golpes de macana sin que mediara ning\u00fan esfuerzo por reconocerles los derechos que ten\u00edan. En cambio, los expendedores de droga siguieron tal cual, y siguen, en Barrio Triste, a mil y tantos pasos del centro administrativo de La Alpujarra, donde los pol\u00edticos recitan discursos de memoria sobre la inclusi\u00f3n, la equidad de g\u00e9nero, la lucha contra la corrupci\u00f3n, la protecci\u00f3n de la ni\u00f1ez, la transparencia de los polic\u00edas motorizados que patrullan las calles, esas cosas. Mientras tanto, las esquinas del Centro pertenecen a las bandas criminales y en el r\u00edo Medell\u00edn siguen apareciendo cuerpos de indigentes mutilados.<\/p>\n<p>Yo decid\u00ed volver a las calles a o\u00edr las voces entre la muchedumbre de ni\u00f1os, de viejos, de j\u00f3venes, de mujeres embarazadas drog\u00e1ndose a la intemperie en la Avenida Regional. Aquel fue el origen de un librito que escrib\u00ed en las madrugadas, en El Colombiano, a escondidas de mis jefes y que, aunque testimonial, no se pretend\u00eda period\u00edstico. En sus p\u00e1ginas hay poemas que recuerdan los muros de Las Cuevas derruidas, las voces de sus habitantes escritas en las paredes sucias, sobre rastros de sangre y mugre, electrocardiogramas de corazones alucinados:<\/p>\n<p>\u201cVagina es la Santa m\u00e1s popular, la Beata con m\u00e1s fieles en el mundo. Ante ella se inclinan reyes, ricos y mendigos. Hombres sabios y brutos, honestos y rateros la veneran, la besan, la acarician, lo dejan todo por ir tras ella. Y aunque Santa Vagina no es grande, apenas una enana de rostro deforme, le caben joyas, dinero, poder, propiedades, palacios, carros, barcos, naciones enteras. Ese es su milagro: se traga todo\u201d.<\/p>\n<p>Estando en El Colombiano, siendo un aprendiz del oficio, hice parte del equipo de trabajo que obtuvo el premio Rey de Espa\u00f1a y gan\u00e9 tambi\u00e9n el premio Casa de Las Am\u00e9ricas, en Cuba, con ese libro sobre Las Cuevas que titul\u00e9 La isla de Morgan y que luego edit\u00f3 la Universidad de Antioquia con un pr\u00f3logo maravilloso de Juan Jos\u00e9 Hoyos. El reconocimiento de ese libro fue literario, no period\u00edstico. Hace un par de a\u00f1os, Crist\u00f3bal Pel\u00e1ez, director del Matacandelas, me propuso hacer una versi\u00f3n teatral de La isla de Morgan y entonces le ced\u00ed los derechos a \u00e9l y a su grupo del carajo, sujetos prodigiosos. Qui\u00e9n sabe qu\u00e9 llegue a pasar.<\/p>\n<p>Yo creo que lo mejor que tienen los premios de periodismo y de literatura es que te dan dinero, un dinero que nunca sobra en este oficio. Mi pap\u00e1 ten\u00eda una frase para los reconocimientos: dec\u00eda que son como el perfume: para untarse pero no para tomarse. Eso hago yo, y no tengo un solo pergamino o foto o estatuilla de premio alguno exhibida, puesta ante los ojos de los dem\u00e1s. Esas cosas las tengo guardadas con papeles y fotos viejas arriba en zarzos y debajo de las camas. Pero ser\u00e1 justo que ahora, aludido por tus palabras sucias, mencione que tambi\u00e9n en El Pa\u00eds hice parte de un equipo de trabajo que mereci\u00f3 un Premio Nacional de Periodismo Sim\u00f3n Bol\u00edvar. Lo mismo ocurri\u00f3 cuando trabaj\u00e9 en El Tiempo, donde cont\u00e9 el drama de las v\u00edctimas de los ej\u00e9rcitos paramilitares a trav\u00e9s de las manos de una recuperadora de huesos de la Fiscal\u00eda, una mujer con la que me met\u00ed a fosas de cad\u00e1veres si nombre, al sur, en La Hormiga, en las selvas del Putumayo.<\/p>\n<p>Mi primer Premio Sim\u00f3n Bol\u00edvar lo obtuve con la revista Gatopardo. Fue una cr\u00f3nica con fotos de Henry Agudelo sobre los polic\u00edas cazadores de mulas en los aeropuertos. \u00bfC\u00f3mo es posible que, con tanta exposici\u00f3n, mis \u201cman\u00edas de mentiroso compulsivo\u201d no hayan sido descubiertas, Joaqu\u00edn, y por el contrario hayan obtenido premios y reconocimiento?<\/p>\n<p>Pecas de ingenuo cuando me acusas de no haber ido a la tragedia de Amag\u00e1 y escribir como si nada la cr\u00f3nica de los mineros muertos. Creo que te apuraste con el siseo de voces y el mentiroso resultas ser t\u00fa. Dices que hablaste con un par de periodistas y que ninguno me vio all\u00e1 como corresponsal de Semana, \u00bfesa es tu prueba?<\/p>\n<p>Yo en cambio puedo decirte que habl\u00e9 con el p\u00e1rroco de la iglesia de Amag\u00e1, y con otros cuatro sacerdotes que llegaron de los pueblos vecinos para atender la mortandad de tantos hombres, 73 al final, seg\u00fan el censo de las autoridades. Y habl\u00e9 con la directora del ancianato, donde descubr\u00ed a un sobreviviente de otra vieja tragedia de 77 mineros en esas mismas monta\u00f1as horadadas por t\u00faneles al infierno. Y habl\u00e9 con la Secretaria de Gobierno del Municipio. Y habl\u00e9 con el comunicador de la Alcald\u00eda de Amag\u00e1, ahora presidente de una cooperativa de periodistas. Y habl\u00e9 con uno de los enviados de El Colombiano y con el conductor del peri\u00f3dico, con quien me re\u00ed recordando andanzas juntos. Y, por supuesto, habl\u00e9 con los pap\u00e1s, y con las mam\u00e1s, y con las esposas, y con los hijos de los mineros sepultados. Y habl\u00e9 con el gerente de una de las funerarias que se qued\u00f3 sin ata\u00fades y debi\u00f3 mandar por f\u00e9retros a los pueblos vecinos. Y habl\u00e9 con las autoridades de Ingeominas. Y habl\u00e9 con las palomas del parque y con la estatua de Sim\u00f3n Bol\u00edvar, cuya espada fotografi\u00e9 rota y oxidada. Y habl\u00e9 con un par de perros callejeros que me dijeron que eran de los mineros muertos, pero aquello no lo comprob\u00e9 y entonces, m\u00e1s curtido en el oficio, omit\u00ed su relato.<\/p>\n<p>Me obligas a responderte a ti lo que nunca le respond\u00ed a El Malpensante. Ellos tambi\u00e9n hablaron de \u00abfundadas sospechas\u00bb. Me acusaron de haber incumplido la entrega de unas cr\u00f3nicas luego de un largo recorrido que hice por Venezuela, Per\u00fa, Bolivia, Colombia, Panam\u00e1 y Ecuador. Dijeron que los enga\u00f1\u00e9 con material ya publicado, tambi\u00e9n que invent\u00e9 un viaje, o parte de \u00e9l. Eso dijeron. Y que estuve preso en Venezuela varios d\u00edas. \u00bfDe d\u00f3nde habr\u00e1n sacado eso? Se excedieron, sin duda, ofuscados conmigo, impotentes por culpa de mi incapacidad, de mi torpeza sin atenuantes. Yo fui un imb\u00e9cil que colm\u00f3 su paciencia. Por eso, cuando apareci\u00f3 aquel texto en febrero de 2011, guard\u00e9 silencio. Ni siquiera termin\u00e9 de leer el edicto completo de sus acusaciones. No fui capaz.<\/p>\n<p>Siento admiraci\u00f3n y respeto por las personas de esa revista y s\u00e9 que el proyecto en el que nos embarcamos juntos era su apuesta m\u00e1s ambiciosa. Tambi\u00e9n lo era para m\u00ed. Y les fall\u00e9. Me fall\u00e9. Pero no en la forma en que ellos lo expusieron. Por ejemplo: la historia de un partido de f\u00fatbol en el desierto de la Alta Guajira entre polic\u00edas colombianos y venezolanos que apareci\u00f3 publicada en SoHo y que propuse como parte de mis cr\u00f3nicas sobre la independencia no fue ning\u00fan intento de enga\u00f1o. Fue un recurso adrede: aprovechar un material que era m\u00edo, de nadie m\u00e1s, y que no hab\u00eda circulado en Espa\u00f1a, que pod\u00eda hacer parte de un todo en el que, por supuesto, lo dem\u00e1s era in\u00e9dito, producto de los viajes que s\u00ed sufragaron Casa Am\u00e9rica de Catalu\u00f1a y El Malpensante. Aquello iba a ser valorado en el proceso de edici\u00f3n, como ocurre con cualquier ejercicio de escritura, pero termin\u00f3 gritado en p\u00fablico sin que mediara ninguna discusi\u00f3n.<\/p>\n<p>Mario Jursich hizo lo que estuvo en sus manos, lo s\u00e9. Fue diligente, generoso, siempre se mostr\u00f3 contento y dispuesto. Yo lo ech\u00e9 a perder. Pero eso no justifica sus acusaciones de falsedad. La verdad que nadie puede controvertir es esta: jam\u00e1s he inventado un viaje. \u00bfPara qu\u00e9? Por suerte todos mis recorridos, dentro y fuera del pa\u00eds, est\u00e1n documentados en fotos, entrevistas, testimonios. No tengo temor. Nada qu\u00e9 ocultar.<\/p>\n<p>En tu diatriba, Joaqu\u00edn, mencionas mi paso por El Mundo, y relatas el episodio de un especial sobre las barras bravas. En ese trabajo participaron cinco periodistas m\u00e1s, \u00bfpor qu\u00e9 te conformaste con la opini\u00f3n de uno solo de ellos? Aquel fue un texto que yo correg\u00ed como editor, un par de semanas despu\u00e9s de haber llegado al peri\u00f3dico. La jefa de contenidos, Luz Mar\u00eda Tob\u00f3n, no solo estuvo de acuerdo con mi trabajo sino que lo respald\u00f3 y lo celebr\u00f3. Era, dijo entonces, un ejemplo de lo que deber\u00eda seguir haci\u00e9ndose. Fueron sus palabras. Por supuesto que cada afirmaci\u00f3n de ese especial estuvo sustentada en un documento de la Polic\u00eda Metropolitana, cuya copia tambi\u00e9n recibi\u00f3 la Personer\u00eda Municipal y el Instituto de Deportes y Recreaci\u00f3n de Medell\u00edn.<\/p>\n<p>Durante el tiempo que estuve en ese peri\u00f3dico les propuse a mis periodistas una c\u00e1tedra diaria sobre la imaginaci\u00f3n como recurso period\u00edstico, el asombro como m\u00e9todo de trabajo, los ret\u00e9 a no escribir entre comillas, les dije que ya no usaran verbos en pasado y los anim\u00e9 a leer y a leer y a caminar y a caminar y mientras todo eso les lanzaba por los aires grapadoras, zapatos, sus propios celulares, el directorio telef\u00f3nico, llamados de atenci\u00f3n. E hicimos paseos y entrevistas en grupo, y escribimos textos a seis, ocho, diez, doce manos. \u00bfPor qu\u00e9 omitiste sus valoraciones?, \u00bfjustamente del grupo de profesionales con los que me vi todos los d\u00edas durante doce meses? Varios de ellos, estudiantes reci\u00e9n graduados, obtuvieron premios y distinciones nacionales por trabajos period\u00edsticos que s\u00ed hicieron conmigo. \u00bfO\u00edste algo de eso?<\/p>\n<p>Mencionas un texto que fue retirado de la edici\u00f3n por contenido falso, el de un sacerdote en el barrio San Benito. La verdad que no quisiste averiguar es que ese texto no lo escrib\u00ed yo. Fue una periodista cuyo nombre t\u00fa conoces. Bastaba hablar con ella. Su versi\u00f3n de lo ocurrido es, en todo caso, muy distinta. La explicaci\u00f3n que le dieron por el retiro del texto nunca fue por falsedad. No es cierto que en ese peri\u00f3dico me hayan rechazado art\u00edculos a \u00faltimo momento. Yo no escrib\u00ed cr\u00f3nicas para El Mundo. El \u00fanico texto que publiqu\u00e9 apareci\u00f3 con mi nombre, por decisi\u00f3n de la direcci\u00f3n: un especial sobre el aniversario del asesinato de Guillermo Gaviria y Gilberto Echeverri.<\/p>\n<p>No te lo habr\u00e1n dicho: estando en El Mundo fui docente de su programa de prensa escuela y particip\u00e9 en la formaci\u00f3n de sus promotores de lectura. Entonces tambi\u00e9n era asesor pedag\u00f3gico de un proyecto de convivencia con desmovilizados y v\u00edctimas del conflicto armado, tarea que me ocupaba los fines de semana. Sin embargo, con frecuencia, se me pidi\u00f3 encargarme de la edici\u00f3n general del peri\u00f3dico en turnos de domingo. Era una solicitud siempre insistente, espont\u00e1nea, de buenos amigos. \u00bfConfiar\u00edan esas tareas a un ladronzuelo del que tem\u00edan que manipulara, mintiera, se excediera?<\/p>\n<p>Hace un par de meses, ese peri\u00f3dico me entrevist\u00f3 a prop\u00f3sito del lanzamiento de Cierra los ojos, princesa. Fue despu\u00e9s de mi salida del diario. La publicaci\u00f3n ocup\u00f3 dos p\u00e1ginas, un reconocimiento desconcertante para un periodista tenido por indeseable.<\/p>\n<p>Yo lamento que no hagas parte del libro que mencionas, la Antolog\u00eda de cr\u00f3nica latinoamericana actual, que compil\u00f3 Dar\u00edo Jaramillo para Alfaguara y que re\u00fane lo mejor del g\u00e9nero en lengua espa\u00f1ola. Yo no llamo pidiendo atenci\u00f3n, no escribo correos, no contesto el tel\u00e9fono. Buena parte de mis errores m\u00e1s est\u00fapidos se originaron en esa incapacidad para responder a tiempo, para explicar. La c\u00e1rcel del amor, que Dar\u00edo decidi\u00f3 incluir en su antolog\u00eda, es otro de mis textos imaginados.<\/p>\n<p>La primera versi\u00f3n la publiqu\u00e9 en El Tiempo, otro domingo cualquiera, con fotos a color. Ana Mar\u00eda Escobar, entonces jefe de prensa del Instituto Nacional Penitenciario, fue testigo de cada foto, de cada entrevista que hice con los reclusos y con sus novias, presas de la pasi\u00f3n. Un texto siguiente apareci\u00f3 en Etiqueta Negra, donde publiqu\u00e9 tantas cr\u00f3nicas, una revista portentosa que, como sabes, verifica los textos de sus autores. Yo fui su corresponsal en Colombia por generosidad de Julio Villanueva Chang, el mejor editor de cr\u00f3nica en lengua espa\u00f1ola.<\/p>\n<p>La c\u00e1rcel del amor acaba de ser traducida el alem\u00e1n y publicada en Suiza. \u00bfQuieres el correo de mi editor en Berna para que lo adviertas de alg\u00fan fraude?, \u00bfqu\u00e9 sabes t\u00fa que \u00e9l ya no sepa? Lo que t\u00fa en cambio no sabes, y seguro tampoco los que me acusan tan orondos, es que nunca he tenido que rectificar, retractar o corregir alguno de mis textos, ni en su totalidad ni en parte. Nunca.<\/p>\n<p>Soy un hombre agradecido. Algunas de mis cr\u00f3nicas han sido traducidas al ingl\u00e9s, al franc\u00e9s, al portugu\u00e9s, al japon\u00e9s. No voy a detenerme ahora, claro est\u00e1. La \u00faltima de las habladur\u00edas surgi\u00f3 con Cierra los ojos, princesa, una novela publicada por \u00cdcono hace unos meses. Algunos me acusan de haberle robado ese libro a una ex novia. \u00bfTienen idea de qu\u00e9 hablan?, \u00bfqu\u00e9 significa robar un libro?<\/p>\n<p>\u201c\u2026 un d\u00eda le escribi\u00f3 un poema al n\u00famero dos. Dec\u00eda que ten\u00eda dos aretes, dos huequitos en la nariz, dos o\u00eddos, dos pulmones, dos ri\u00f1ones, dos ojos, dos ovarios no s\u00e9 de d\u00f3nde sac\u00f3 eso de los ovarios porque estaba muy chiquita; dos rodillas, dos manos, dos pies, dos lados, pecho y espalda, dos teticas, que el amor nunca es tres, nunca cuatro, nunca cinco, nunca diez. El amor es dos. As\u00ed terminaba el poema. Puede parecer tierna, es verdad doctora, pero cuando se enoja, esa ni\u00f1a es otra cosa. Se multiplica\u201d. (Fragmento de Cierra los ojos, princesa)<\/p>\n<p>Ni una sola l\u00ednea de esa novela ni de ninguna de mis cr\u00f3nicas, de mis relatos, de mis cuentos, de mis libros, pertenece a alguien que no sea yo.<\/p>\n<p>Ahora mismo estoy avanzando en una nueva novela, y estoy terminando un cuento para ni\u00f1os, y sigo recogiendo historias sobre el alzh\u00e9imer para un libro que tal vez se llamar\u00e1 Pap\u00e1 no me olvides, y estoy reuniendo la correspondencia de mis hijas, la de sus primeros a\u00f1os, sus voces en cartas, en tarjetas de navidad, en cuadernos del colegio, en grabaciones de paseos. Les propuse hacer un libro entre los tres, una historia a seis manos de nuestra cr\u00f3nica m\u00e1s \u00edntima. Y por iniciativa de Fernando Gait\u00e1n estoy convirtiendo en guion televisivo algunos de mis textos. Me declaro afortunado.<\/p>\n<p>No necesito de tu reconocimiento para seguir adelante, para persistir en lo que amo y gozo. T\u00fa me acusas de algo muy grave e incurres es un comportamiento punible. Y pretendes hacerlo con la alegr\u00eda de un repartidor de pizza, destruir mi honra, no solo ante los lectores de mis textos sino tambi\u00e9n ante mi familia. Lamento tu ligereza, tu bravura.<\/p>\n<p>Intent\u00e9 publicar esta carta en La Silla Vac\u00eda pero a Juanita Le\u00f3n, su directora, le pareci\u00f3 extensa e imprecisa. Ella me pidi\u00f3 concretar mis objeciones y exigir una rectificaci\u00f3n. La reconozco como una periodista seria y creo que la anima el mejor criterio. Pero no creo ser capaz de complacerla. No quise. Si hasta ahora nunca habl\u00e9 sobre los salivazos hediondos no iba a hacerlo en una enumeraci\u00f3n de asuntos del uno al diez. Lo siento. Ser\u00e1 incapacidad de cronista. Otra m\u00e1s.<\/p>\n<p>Lo que debes saber es esto, Joaqu\u00edn: les hice caso a mis amigos. Ahora estar\u00e1s obligado a ir ante un juez a probar tus afirmaciones en mi contra. Cada una, como corresponde. Semejante anuncio no me hace feliz. Me preocupa. S\u00e9 que una batalla jur\u00eddica quita tiempo, roba energ\u00edas, cuesta dinero, qu\u00e9 pereza. Pero me siento obligado. No s\u00f3lo por m\u00ed, tambi\u00e9n por mi familia, por mis hijas, por los amigos que me quieren, que me creen. Se sabe que este es oficio de egos al acecho, de envidias rapaces, siseo de voces venenosas, rabias porque s\u00ed. No tengo miedo, no tanto.<\/p>\n<p>Vuelvo a mi escritura. Es lo que m\u00e1s gozo. Yo no soy qu\u00edmico de nada. Cient\u00edfico. Matem\u00e1tico. Doctor del periodismo. T\u00fa lo ser\u00e1s. Lo ser\u00e1n otros. Yo soy escritor, cronista incierto. \u00a1Eso! Cronista incierto. No quiero ser otra cosa mientras viva.<\/p>\n<p>twitter: @estanarizesmia<\/p>\n<p>josealejandrocastano@gmail.com<\/p>\n<div>Blog: <a href=\"http:\/\/cronistaincierto.wordpress.com\/\" target=\"_blank\" rel=\"noopener\">http:\/\/cronistaincierto.wordpress.com\/<\/a><\/div>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>\/ Por Jos\u00e9 Alejandro Casta\u00f1o.* Puesto a fabricar talco para pies, con los ingredientes correctos, un qu\u00edmico farmac\u00e9utico no produce otra cosa. Si aplica la f\u00f3rmula, sin importar qu\u00e9 tanto le tallen los zapatos, qu\u00e9 tan infeliz o gozoso se sienta, si lleno o hambriento, sea \u00e9l un miedoso o un valiente, si es de [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":8177,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[21,29,3],"tags":[],"class_list":["post-8175","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-justicia","category-nacional","category-pais"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8175","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=8175"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/8175\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media\/8177"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=8175"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=8175"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=8175"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}