{"id":9136,"date":"2013-03-09T13:04:25","date_gmt":"2013-03-09T18:04:25","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=9136"},"modified":"2019-08-26T15:10:14","modified_gmt":"2019-08-26T20:10:14","slug":"hugo-chavez-visto-por-gabriel-garcia-marquez","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2013\/03\/hugo-chavez-visto-por-gabriel-garcia-marquez\/","title":{"rendered":"Hugo Ch\u00e1vez visto por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez"},"content":{"rendered":"<p><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-9137\" title=\"chavez_garcia_marquez\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/chavez_garcia_marquez.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"363\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/chavez_garcia_marquez.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/chavez_garcia_marquez-300x170.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/p>\n<h2><strong>El enigma de los dos Ch\u00e1vez<\/strong><\/h2>\n<p><span style=\"color: #808080;\"><em><strong>\/ Por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/strong><\/em><\/span><\/p>\n<p>Cambio 16 | Febrero de 1999<\/p>\n<p>Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez descendi\u00f3 al atardecer del avi\u00f3n que lo llev\u00f3 de Davos, Suiza, y se sorprendi\u00f3 de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa?\u00bb, le pregunt\u00f3 intrigado. El ministro lo tranquiliz\u00f3, con razones tan confiables, que el Presidente no fue al Palacio de Miraflores sino a la residencia presidencial de La Casona. Empezaba a dormirse cuando el mismo ministro de Defensa lo despert\u00f3 por tel\u00e9fono para informarle de un levantamientio militar en Maracay. Hab\u00eda entrado apenas en Miraflores cuando estallaron las primeras cargas de artiller\u00eda.<\/p>\n<p>Era el 4 de febrero de 1992. El coronel Hugo Ch\u00e1vez Fr\u00edas, con su culto sacramental de las fechas hist\u00f3ricas, comandaba el asalto desde su puesto de mando improvisado en el Museo Hist\u00f3rico de La Planicie. El Presidente comprendi\u00f3 entonces que su \u00fanico recurso estaba en el apoyo popular, y se fue a los estudios de Venevisi\u00f3n para hablarle al pa\u00eds. Doce horas despu\u00e9s el golpe militar estaba fracasado. Ch\u00e1vez se rindi\u00f3, con la condici\u00f3n de que tambi\u00e9n a \u00e9l le permitieran dirigirse al pueblo por la televisi\u00f3n. El joven coronel criollo, con la boina de paracaidista y su admirable facilidad de palabra, asumi\u00f3 la responsabilidad del movimiento. Pero su alocuci\u00f3n fue un triunfo pol\u00edtico. Cumpli\u00f3 dos a\u00f1os de c\u00e1rcel hasta que fue amnistiado por el presidente Rafael Caldera. Sin embargo, muchos partidarios como no pocos enemigos han cre\u00eddo que el discurso de la derrota fue el primero de la campa\u00f1a electoral que lo llev\u00f3 a la presidencia de la Rep\u00fablica menos de nueve a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El presidente Hugo Ch\u00e1vez Fr\u00edas me contaba esta historia en el avi\u00f3n de la Fuerza A\u00e9rea Venezolana que nos llevaba de La Habana a Caracas, hace dos semanas, a menos de quince d\u00edas de su posesi\u00f3n como presidente constitucional de Venezuela por elecci\u00f3n popular. Nos hab\u00edamos conocido tres d\u00edas antes en La Habana, durante su reuni\u00f3n con los presidentes Castro y Pastrana, y lo primero que me impresion\u00f3 fue el poder de su cuerpo de cemento armado. Ten\u00eda la cordialidad inmediata, y la gracia criolla de un venezolano puro. Ambos tratamos de vernos otra vez, pero no nos fue posible por culpa de ambos, as\u00ed que nos fuimos juntos a Caracas para conversar de su vida y milagros en el avi\u00f3n.<\/p>\n<p>Fue una buena experiencia de reportero en reposo. A medida que me contaba su vida iba yo descubriendo una personalidad que no correspond\u00eda para nada con la imagen de d\u00e9spota que ten\u00edamos formada a trav\u00e9s de los medios. Era otro Ch\u00e1vez. \u00bfCu\u00e1l de los dos era el real?<\/p>\n<p>El argumento duro en su contra durante la campa\u00f1a hab\u00eda sido su pasado reciente de conspirador y golpista. Pero la historia de Venezuela ha digerido a m\u00e1s de cuatro. Empezando por R\u00f3mulo Betancourt, recordado con raz\u00f3n o sin ella como el padre de la democracia venezolana, que derrib\u00f3 a Isa\u00edas Medina Angarita, un antiguo militar dem\u00f3crata que trataba de purgar a su pa\u00eds de los treintis\u00e9is a\u00f1os de Juan Vicente G\u00f3mez. A su sucesor, el novelista R\u00f3mulo Gallegos, lo derrib\u00f3 el general Marcos P\u00e9rez Jim\u00e9nez, que se quedar\u00eda casi once a\u00f1os con todo el poder. \u00c9ste, a su vez, fue derribado por toda una generaci\u00f3n de j\u00f3venes dem\u00f3cratas que inaugur\u00f3 el per\u00edodo m\u00e1s largo de presidentes elegidos.<\/p>\n<p>El golpe de febrero parece ser lo \u00fanico que le ha salido mal al coronel Hugo Ch\u00e1vez Fr\u00edas. Sin embargo, \u00e9l lo ha visto por el lado positivo como un rev\u00e9s providencial. Es su manera de entender la buena suerte, o la inteligencia, o la intuici\u00f3n, o la astucia, o cualquiera cosa que sea el soplo m\u00e1gico que ha regido sus actos desde que vino al mundo en Sabaneta, estado Barinas, el 28 de julio de 1954, bajo el signo del poder: Leo. Ch\u00e1vez, cat\u00f3lico convencido, atribuye sus hados ben\u00e9ficos al escapulario de m\u00e1s de cien a\u00f1os que lleva desde ni\u00f1o, heredado de un bisabuelo materno, el coronel Pedro P\u00e9rez Delgado, que es uno de sus h\u00e9roes tutelares.<\/p>\n<p>Sus padres sobreviv\u00edan a duras penas con sueldos de maestros primarios, y \u00e9l tuvo que ayudarlos desde los nueve a\u00f1os vendiendo dulces y frutas en una carretilla. A veces iba en burro a visitar a su abuela materna en Los Rastrojos, un pueblo vecino que les parec\u00eda una ciudad porque ten\u00eda una plantita el\u00e9ctrica con dos horas de luz a prima noche, y una partera que lo recibi\u00f3 a \u00e9l y a sus cuatro hermanos. Su madre quer\u00eda que fuera cura, pero s\u00f3lo lleg\u00f3 a monaguillo y tocaba las campanas con tanta gracia que todo el mundo lo reconoc\u00eda por su repique. \u00abEse que toca es Hugo\u00bb, dec\u00edan. Entre los libros de su madre encontr\u00f3 una enciclopedia providencial, cuyo primer cap\u00edtulo lo sedujo de inmediato: C\u00f3mo triunfar en la vida.<\/p>\n<p>Era en realidad un recetario de opciones, y \u00e9l las intent\u00f3 casi todas. Como pintor asombrado ante las l\u00e1minas de Miguel Angel y David, se gan\u00f3 el primer premio a los doce a\u00f1os en una exposici\u00f3n regional. Como m\u00fasico se hizo indispensable en cumplea\u00f1os y serenatas con su maestr\u00eda del cuatro y su buena voz. Como beisbolista lleg\u00f3 a ser un catcher de primera. La opci\u00f3n militar no estaba en la lista, ni a \u00e9l se le habr\u00eda ocurrido por su cuenta, hasta que le contaron que el mejor modo de llegar a las grandes ligas era ingresar en la academia militar de Barinas. Debi\u00f3 ser otro milagro del escapulario, porque aquel d\u00eda empezaba el plan Andr\u00e9s Bello, que permit\u00eda a los bachilleres de las escuelas militares ascender hasta el m\u00e1s alto nivel acad\u00e9mico.<\/p>\n<p>Estudiaba ciencias pol\u00edticas, historia y marxismo al leninismo. Se apasion\u00f3 por el estudio de la vida y la obra de Bol\u00edvar, su Leo mayor, cuyas proclamas aprendi\u00f3 de memoria. Pero su primer conflicto consciente con la pol\u00edtica real fue la muerte de Allende en septiembre de 1973. Ch\u00e1vez no entend\u00eda. \u00bfY por qu\u00e9 si los chilenos eligieron a Allende, ahora los militares chilenos van a darle un golpe? Poco despu\u00e9s, el capit\u00e1n de su compa\u00f1\u00eda le asign\u00f3 la tarea de vigilar a un hijo de Jos\u00e9 Vicente Rangel, a quien se cre\u00eda comunista. \u00abF\u00edjate las vueltas que da la vida\u00bb, me dice Ch\u00e1vez con una explosi\u00f3n de risa. \u00abAhora su pap\u00e1 es mi canciller\u00bb. M\u00e1s ir\u00f3nico a\u00fan es que cuando se gradu\u00f3 recibi\u00f3 el sable de manos del presidente que veinte a\u00f1os despu\u00e9s tratar\u00eda de tumbar: Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez.<\/p>\n<p>\u00abAdem\u00e1s\u00bb, le dije, \u00abusted estuvo a punto de matarlo\u00bb. \u00abDe ninguna manera\u00bb, protest\u00f3 Ch\u00e1vez. \u00abLa idea era instalar una asamblea constituyente y volver a los cuarteles\u00bb. Desde el primer momento me hab\u00eda dado cuenta de que era un narrador natural. Un producto \u00edntegro de la cultura popular venezolana, que es creativa y alborazada. Tiene un gran sentido del manejo del tiempo y una memoria con algo de sobrenatural, que le permite recitar de memoria poemas de Neruda o Whitman, y p\u00e1ginas enteras de R\u00f3mulo Gallegos.<\/p>\n<p>Desde muy joven, por casualidad, descubri\u00f3 que su bisabuelo no era un asesino de siete leguas, como dec\u00eda su madre, sino un guerrero legendario de los tiempos de Juan Vicente G\u00f3mez. Fue tal el entusiasmo de Ch\u00e1vez, que decidi\u00f3 escribir un libro para purificar su memoria. Escudri\u00f1\u00f3 archivos hist\u00f3ricos y bibliotecas militares, y recorri\u00f3 la regi\u00f3n de pueblo en pueblo con un morral de historiador para reconstruir los itinerarios del bisabuelo por los testimonios de sus sobrevivientes. Desde entonces lo incorpor\u00f3 al altar de sus h\u00e9roes y empez\u00f3 a llevar el escapulario protector que hab\u00eda sido suyo.<\/p>\n<p>Uno de aquellos d\u00edas atraves\u00f3 la frontera sin darse cuenta por el puente de Arauca, y el capit\u00e1n colombiano que le registr\u00f3 el morral encontr\u00f3 motivos materiales para acusarlo de esp\u00eda: llevaba una c\u00e1mara fotogr\u00e1fica, una grabadora, papeles secretos, fotos de la regi\u00f3n, un mapa militar con gr\u00e1ficos y dos pistolas de reglamento. Los documentos de identidad, como corresponde a un esp\u00eda, pod\u00edan ser falsos. La discusi\u00f3n se prolong\u00f3 por varias horas en una oficina donde el \u00fanico cuadro era un retrato de Bol\u00edvar a caballo. \u00abYo estaba ya casi rendido, -me dijo Ch\u00e1vez-, pues mientras m\u00e1s le explicaba menos me entend\u00eda\u00bb. Hasta que se le ocurri\u00f3 la frase salvadora: \u00abMire mi capit\u00e1n lo que es la vida: hace apenas un siglo \u00e9ramos un mismo ej\u00e9rcito, y \u00e9se que nos est\u00e1 mirando desde el cuadro era el jefe de nosotros dos. \u00bfC\u00f3mo puedo ser un esp\u00eda?\u00bb. El capit\u00e1n, conmovido, empez\u00f3 a hablar maravillas de la Gran Colombia, y los dos terminaron esa noche bebiendo cerveza de ambos pa\u00edses en una cantina de Arauca. A la ma\u00f1ana siguiente, con un dolor de cabeza compartido, el capit\u00e1n le devolvi\u00f3 a Ch\u00e1vez sus enseres de historiador y lo despidi\u00f3 con un abrazo en la mitad del puente internacional.<\/p>\n<p>\u00abDe esa \u00e9poca me vino la idea concreta de que algo andaba mal en Venezuela\u00bb, dice Ch\u00e1vez. Lo hab\u00edan designado en Oriente como comandante de un pelot\u00f3n de trece soldados y un equipo de comunicaciones para liquidar los \u00faltimos reductos guerrilleros. Una noche de grandes lluvias le pidi\u00f3 refugio en el campamento un coronel de inteligencia con una patrulla de soldados y unos supuestos guerrilleros acabados de capturar, verdosos y en los puros huesos. Como a las diez de la noche, cuando Ch\u00e1vez empezaba a dormirse, oy\u00f3 en el cuarto contiguo unos gritos desgarradores. \u00abEra que los soldados estaban golpeando a los presos con bates de b\u00e9isbol envueltos en trapos para que no les quedaran marcas\u00bb, cont\u00f3 Ch\u00e1vez. Indignado, le exigi\u00f3 al coronel que le entregara los presos o se fuera de all\u00ed, pues no pod\u00eda aceptar que torturara a nadie en su comando. \u00abAl d\u00eda siguiente me amenazaron con un juicio militar por desobediencia, -cont\u00f3 Ch\u00e1vez- pero s\u00f3lo me mantuvieron por un tiempo en observaci\u00f3n\u00bb.<\/p>\n<p>Pocos d\u00edas despu\u00e9s tuvo otra experiencia que rebas\u00f3 las anteriores. Estaba comprando carne para su tropa cuando un helic\u00f3ptero militar aterriz\u00f3 en el patio del cuartel con un cargamento de soldados mal heridos en una emboscada guerrillera. Ch\u00e1vez carg\u00f3 en brazos a un soldado que ten\u00eda varios balazos en el cuerpo. \u00abNo me deje morir, mi teniente\u00bb&#8230; le dijo aterrorizado. Apenas alcanz\u00f3 a meterlo dentro de un carro. Otros siete murieron. Esa noche, desvelado en la hamaca, Ch\u00e1vez se preguntaba: \u00ab\u00bfPara qu\u00e9 estoy yo aqu\u00ed? Por un lado campesinos vestidos de militares torturaban a campesinos guerrilleros, y por el otro lado campesinos guerrilleros mataban a campesinos vestidos de verde. A estas alturas, cuando la guerra hab\u00eda terminado, ya no ten\u00eda sentido disparar un tiro contra nadie\u00bb. Y concluy\u00f3 en el avi\u00f3n que nos llevaba a Caracas: \u00abAh\u00ed ca\u00ed en mi primer conflicto existencial\u00bb.<\/p>\n<p>Al d\u00eda siguiente despert\u00f3 convencido de que su destino era fundar un movimiento. Y lo hizo a los veintitr\u00e9s a\u00f1os, con un nombre evidente: Ej\u00e9rcito bolivariano del pueblo de Venezuela. Sus miembros fundadores: cinco soldados y \u00e9l, con su grado de subteniente. \u00ab\u00bfCon qu\u00e9 finalidad?\u00bb le pregunt\u00e9. Muy sencillo, dijo \u00e9l: \u00abcon la finalidad de prepararnos por si pasa algo\u00bb. Un a\u00f1o despu\u00e9s, ya como oficial paracaidista en un batall\u00f3n blindado de Maracay, empez\u00f3 a conspirar en grande. Pero me aclar\u00f3 que usaba la palabra conspiraci\u00f3n s\u00f3lo en su sentido figurado de convocar voluntades para una tarea com\u00fan.<\/p>\n<p>Esa era la situaci\u00f3n el 17 de diciembre de 1982 cuando ocurri\u00f3 un episodio inesperado que Ch\u00e1vez considera decisivo en su vida. Era ya capit\u00e1n en el segundo regimiento de paracaidistas, y ayudante de oficial de inteligencia. Cuando menos lo esperaba, el comandante del regimiento, \u00c1ngel Manrique, lo comision\u00f3 para pronunciar un discurso ante mil doscientos hombres entre oficiales y tropa.<\/p>\n<p>A la una de la tarde, reunido ya el batall\u00f3n en el patio de f\u00fatbol, el maestro de ceremonias lo anunci\u00f3. \u00ab\u00bfY el discurso?\u00bb, le pregunt\u00f3 el comandante del regimiento al verlo subir a la tribuna sin papel. \u00abYo no tengo discurso escrito\u00bb, le dijo Ch\u00e1vez. Y empez\u00f3 a improvisar. Fue un discurso breve, inspirado en Bol\u00edvar y Mart\u00ed, pero con una cosecha personal sobre la situaci\u00f3n de presi\u00f3n e injusticia de Am\u00e9rica Latina transcurridos doscientos a\u00f1os de su independencia. Los oficiales, los suyos y los que no lo eran, lo oyeron impasibles. Entre ellos los capitanes Felipe Acosta Carle y Jes\u00fas Urdaneta Hern\u00e1ndez, simpatizantes de su movimiento. El comandante de la guarnici\u00f3n, muy disgustado, lo recibi\u00f3 con un reproche para ser o\u00eddo por todos:<\/p>\n<p>\u00abCh\u00e1vez, usted parece un pol\u00edtico\u00bb. \u00abEntendido\u00bb, le replic\u00f3 Ch\u00e1vez.<\/p>\n<p>Felipe Acosta, que med\u00eda dos metros y no hab\u00edan logrado someterlo diez contendores, se par\u00f3 de frente al comandante, y le dijo: \u00abUsted est\u00e1 equivocado, mi comandante. Ch\u00e1vez no es ning\u00fan pol\u00edtico. Es un capit\u00e1n de los de ahora, y cuando ustedes oyen lo que \u00e9l dijo en su discurso se mean en los pantalones\u00bb.<\/p>\n<p>Entonces el coronel Manrique puso firmes a la tropa, y dijo: \u00abQuiero que sepan que lo dicho por el capit\u00e1n Ch\u00e1vez estaba autorizado por m\u00ed. Yo le di la orden de que dijera ese discurso, y todo lo que dijo, aunque no lo trajo escrito, me lo hab\u00eda contado ayer\u00bb. Hizo una pausa efectista, y concluy\u00f3 con una orden terminante: \u00ab\u00a1Que eso no salga de aqu\u00ed!\u00bb.<\/p>\n<p>Al final del acto, Ch\u00e1vez se fue a trotar con los capitanes Felipe Acosta y Jes\u00fas Urdaneta hacia el Sam\u00e1n del Guere, a diez kil\u00f3metros de distancia, y all\u00ed repitieron el juramento solemne de Sim\u00f3n Bol\u00edvar en el monte Aventino. \u00abAl final, claro, le hice un cambio\u00bb, me dijo Ch\u00e1vez. En lugar de \u00abcuando hayamos roto las cadenas que nos oprimen por voluntad del poder espa\u00f1ol\u00bb, dijeron: \u00abHasta que no rompamos las cadenas que nos oprimen y oprimen al pueblo por voluntad de los poderosos\u00bb.<\/p>\n<p>Desde entonces, todos los oficiales que se incorporaban al movimiento secreto ten\u00edan que hacer ese juramento. La \u00faltima vez fue durante la campa\u00f1a electoral ante cien mil personas. Durante a\u00f1os hicieron congresos clandestinos cada vez m\u00e1s numerosos, con representantes militares de todo el pa\u00eds. \u00abDurante dos d\u00edas hac\u00edamos reuniones en lugares escondidos, estudiando la situaci\u00f3n del pa\u00eds, haciendo an\u00e1lisis, contactos con grupos civiles, amigos. \u00abEn diez a\u00f1os -me dijo Ch\u00e1vez- llegamos a hacer cinco congresos sin ser descubiertos\u00bb.<\/p>\n<p>A estas alturas del di\u00e1logo, el Presidente ri\u00f3 con malicia, y revel\u00f3 con una sonrisa de malicia: \u00abBueno, siempre hemos dicho que los primeros \u00e9ramos tres. Pero ya podemos decir que en realidad hab\u00eda un cuarto hombre, cuya identidad ocultamos siempre para protegerlo, pues no fue descubierto el 4 de febrero y qued\u00f3 activo en el Ej\u00e9rcito y alcanz\u00f3 el grado de coronel. Pero estamos en 1999 y ya podemos revelar que ese cuarto hombre est\u00e1 aqu\u00ed con nosotros en este avi\u00f3n\u00bb. Se\u00f1al\u00f3 con el \u00edndice al cuarto hombre en un sill\u00f3n apartado, y dijo: \u00ab\u00a1El coronel Badull!\u00bb.<\/p>\n<p>De acuerdo con la idea que el comandante Ch\u00e1vez tiene de su vida, el acontecimiento culminante fue El Caracazo, la sublevaci\u00f3n popular que devast\u00f3 a Caracas. Sol\u00eda repetir: \u00abNapole\u00f3n dijo que una batalla se decide en un segundo de inspiraci\u00f3n del estratega\u00bb. A partir de ese pensamiento, Ch\u00e1vez desarroll\u00f3 tres conceptos: uno, la hora hist\u00f3rica. El otro, el minuto estrat\u00e9gico. Y por fin, el segundo t\u00e1ctico. \u00abEst\u00e1bamos inquietos porque no quer\u00edamos irnos del Ej\u00e9rcito\u00bb, dec\u00eda Ch\u00e1vez. \u00abHab\u00edamos formado un movimiento, pero no ten\u00edamos claro para qu\u00e9\u00bb. Sin embargo, el drama tremendo fue que lo que iba a ocurrir ocurri\u00f3 y no estaban preparados. \u00abEs decir -concluy\u00f3 Ch\u00e1vez- que nos sorprendi\u00f3 el minuto estrat\u00e9gico\u00bb.<\/p>\n<p>Se refer\u00eda, desde luego, a la asonada popular del 27 de febrero de 1989: El Caracazo. Uno de los m\u00e1s sorprendidos fue \u00e9l mismo. Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez acababa de asumir la presidencia con una votaci\u00f3n caudalosa y era inconcebible que en veinte d\u00edas sucediera algo tan grave. \u00abYo iba a la universidad a un postgrado, la noche del 27, y entro en el fuerte Tiuna en busca de un amigo que me echara un poco de gasolina para llegar a la casa\u00bb, me cont\u00f3 Ch\u00e1vez minutos antes de aterrizar en Caracas. \u00abEntonces veo que est\u00e1n sacando las tropas, y le pregunto a un coronel: \u00bfPara d\u00f3nde van todos esos soldados? Porque que sacaban los de Log\u00edstica que no est\u00e1n entrenados para el combate, ni menos para el combate en localidades. Eran reclutas asustados por el mismo fusil que llevaban. As\u00ed que le pregunto al coronel: \u00bfPara d\u00f3nde va ese pocot\u00f3n de gente? Y el coronel me dice: A la calle, a la calle. La orden que dieron fue esa: hay que parar la vaina como sea, y aqu\u00ed vamos. Dios m\u00edo, \u00bfpero qu\u00e9 orden les dieron? Bueno Ch\u00e1vez, me contesta el coronel: la orden es que hay que parar esta vaina como sea. Y yo le digo: Pero mi coronel, usted se imagina lo que puede pasar. Y \u00e9l me dice: Bueno, Ch\u00e1vez, es una orden y ya no hay nada qu\u00e9 hacer. Que sea lo que Dios quiera\u00bb.<\/p>\n<p>Ch\u00e1vez dice que tambi\u00e9n \u00e9l iba con mucha fiebre por un ataque de rub\u00e9ola, y cuando encendi\u00f3 su carro vio un soldadito que ven\u00eda corriendo con el casco ca\u00eddo, el fusil guindando y la munici\u00f3n desparramada. \u00abY entonces me paro y lo llamo\u00bb, dijo Ch\u00e1vez. \u00abY \u00e9l se monta, todo nervioso, sudado, un muchachito de 18 a\u00f1os. Y yo le pregunto: Aj\u00e1, \u00bfy para d\u00f3nde vas t\u00fa corriendo as\u00ed? No, dijo \u00e9l, es que me dej\u00f3 el pelot\u00f3n, y all\u00ed va mi teniente en el cami\u00f3n. Ll\u00e9veme, mi mayor, ll\u00e9veme. Y yo alcanzo el cami\u00f3n y le pregunto al que los lleva: \u00bfPara d\u00f3nde van? Y \u00e9l me dice: Yo no s\u00e9 nada. Qui\u00e9n va a saber, imag\u00ednese\u00bb. Ch\u00e1vez toma aire y casi grita ahog\u00e1ndose en la angustia de aquella noche terrible: \u00abT\u00fa sabes, a los soldados t\u00fa los mandas para la calle, asustados, con un fusil, y quinientos cartuchos, y se los gastan todos. Barr\u00edan las calles a bala, barr\u00edan los cerros, los barrios populares. \u00a1Fue un desastre! As\u00ed fue: miles, y entre ellos Felipe Acosta\u00bb. \u00abY el instinto me dice que lo mandaron a matar\u00bb, dice Ch\u00e1vez. \u00abFue el minuto que esper\u00e1bamos para actuar\u00bb. Dicho y hecho: desde aquel momento empez\u00f3 a fraguarse el golpe que fracas\u00f3 tres a\u00f1os despu\u00e9s.<\/p>\n<p>El avi\u00f3n aterriz\u00f3 en Caracas a las tres de la ma\u00f1ana. Vi por la ventanilla la ci\u00e9naga de luces de aquella ciudad inolvidable donde viv\u00ed tres a\u00f1os cruciales de Venezuela que lo fueron tambi\u00e9n para mi vida. El presidente se despidi\u00f3 con su abrazo caribe y una invitaci\u00f3n impl\u00edcita: \u00abNos vemos aqu\u00ed el 2 de febrero\u00bb. Mientras se alejaba entre sus escoltas de militares condecorados y amigos de la primera hora, me estremeci\u00f3 la inspiraci\u00f3n de que hab\u00eda viajado y conversado a gusto con dos hombres opuestos. Uno a quien la suerte empedernida le ofrec\u00eda la oportunidad de salvar a su pa\u00eds. Y el otro, un ilusionista, que pod\u00eda pasar a la historia como un d\u00e9spota m\u00e1s.<\/p>\n<p><em><span style=\"color: #808080;\"><strong>\/ Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez<\/strong><\/span><\/em><\/p>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>El enigma de los dos Ch\u00e1vez \/ Por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez Cambio 16 | Febrero de 1999 Carlos Andr\u00e9s P\u00e9rez descendi\u00f3 al atardecer del avi\u00f3n que lo llev\u00f3 de Davos, Suiza, y se sorprendi\u00f3 de ver en la plataforma al general Fernando Ochoa Antich, su ministro de Defensa. \u00ab\u00bfQu\u00e9 pasa?\u00bb, le pregunt\u00f3 intrigado. El ministro [&hellip;]<\/p>\n","protected":false},"author":3,"featured_media":9137,"comment_status":"closed","ping_status":"closed","sticky":false,"template":"","format":"standard","meta":{"_et_pb_use_builder":"","_et_pb_old_content":"","_et_gb_content_width":"","footnotes":""},"categories":[29,3,15],"tags":[77,76],"class_list":["post-9136","post","type-post","status-publish","format-standard","has-post-thumbnail","hentry","category-nacional","category-pais","category-politica","tag-chavez","tag-venezuela"],"_links":{"self":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9136","targetHints":{"allow":["GET"]}}],"collection":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts"}],"about":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/types\/post"}],"author":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/users\/3"}],"replies":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/comments?post=9136"}],"version-history":[{"count":0,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/posts\/9136\/revisions"}],"wp:featuredmedia":[{"embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media\/9137"}],"wp:attachment":[{"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/media?parent=9136"}],"wp:term":[{"taxonomy":"category","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/categories?post=9136"},{"taxonomy":"post_tag","embeddable":true,"href":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-json\/wp\/v2\/tags?post=9136"}],"curies":[{"name":"wp","href":"https:\/\/api.w.org\/{rel}","templated":true}]}}