{"id":9465,"date":"2013-03-18T15:45:05","date_gmt":"2013-03-18T20:45:05","guid":{"rendered":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/?p=9465"},"modified":"2019-08-26T15:10:10","modified_gmt":"2019-08-26T20:10:10","slug":"el-choco-de-gabo-y-el-de-hoy-poco-cambia","status":"publish","type":"post","link":"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/2013\/03\/el-choco-de-gabo-y-el-de-hoy-poco-cambia\/","title":{"rendered":"El Choc\u00f3 de Gabo y el de hoy: poco cambia"},"content":{"rendered":"<h3><img loading=\"lazy\" decoding=\"async\" class=\"alignnone size-full wp-image-9466\" title=\"choco\" src=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/choco.jpg\" alt=\"\" width=\"640\" height=\"363\" srcset=\"https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/choco.jpg 640w, https:\/\/arcoiris.com.co\/v3\/wp-content\/uploads\/2013\/03\/choco-300x170.jpg 300w\" sizes=\"(max-width: 640px) 100vw, 640px\" \/><\/h3>\n<h2>Una familia unida, sin v\u00edas de comunicaci\u00f3n<\/h2>\n<p>Es dif\u00edcil llegar a Quibd\u00f3. Pero es m\u00e1s dif\u00edcil salir. En una palabra, es ese el problema del Choc\u00f3, la causa de su situaci\u00f3n actual, el origen primario del conflicto que acaba de sortearse y al mismo tiempo la fuente de esa f\u00e9rrea unidad y de ese s\u00f3lido patriotismo de los chocoanos. Si se penetra un poco m\u00e1s a fondo, se comprende que la gente del Choc\u00f3 quiere a su tierra y est\u00e1 aferrada a ella en esa forma radical y definitiva, porque est\u00e1n acostumbrados a saber que son una sola familia. Desmembrar al departamento habr\u00eda sido, literalmente, dispersar una antigua y extensa casa de 100.000 parientes.<\/p>\n<p>Pol\u00edtica: un problema dom\u00e9stico<\/p>\n<p>El negocio de hotel es all\u00ed un mal negocio. En toda la secci\u00f3n, desde las bocas del Atrato hasta las del San Juan, no hay un solo pueblo con restaurante: cada viajero come donde el primo de su t\u00eda, y duerme donde su cu\u00f1ado o donde el cu\u00f1ado de su cu\u00f1ado.<\/p>\n<p>Cualquier chocoano raizal que explore su ascendencia en m\u00e1s de dos generaciones, encuentra la manera de ser pariente de su vecino. Y si no lo es, tampoco importa; porque tarde o temprano tendr\u00e1 la oportunidad de ser su compadre. Esa es la clave del ya proverbial nepotismo del Choc\u00f3. El pacto pol\u00edtico que acaba de suscribirse es, por eso, m\u00e1s que un pacto pol\u00edtico, una reconciliaci\u00f3n familiar.<\/p>\n<p>La carretera embotellada<\/p>\n<p>A trav\u00e9s del tiempo esa familia ha venido creciendo, fortaleci\u00e9ndose, a pesar de que para conservar su unidad, ha sido preciso caminar muchos kil\u00f3metros abrir muchas trochas en las selvas, recorrer enormes distancias en canoas bajo esos aguaceros primarios que parecen anteriores a la creaci\u00f3n. Lo alarmante es, que la naci\u00f3n en toda su historia no haya contribuido en forma efectiva a estimular, con adecuados medios de comunicaci\u00f3n, esa unidad chocoana que tan \u00fatil y ejemplar puede ser para el resto del pa\u00eds. Lo \u00fanico que se ha hecho es una carretera interna, te\u00f3ricamente de Yuto a Istmina, que muy probablemente es la \u00fanica carretera del mundo que en realidad no sale de ninguna parte, ni llega a ninguna parte. El embotellamiento del Choc\u00f3 es cr\u00edtico en tal extremo, que hasta su \u00fanica canetera interna es una carretera embotellada.<\/p>\n<p>Fantas\u00edas del mapa<\/p>\n<p>El tramo de Quibd\u00f3 a Yuto aparece trazado en los mapas. Esa es otra especulaci\u00f3n cartogr\u00e1fica: ni un solo \u00e1rbol se ha derribado para explorar el terreno. El trayecto se recorre en lancha de motor desde Quibd\u00f3, subiendo por el Atrato, hasta el lugar en que la carretera sale al encuentro del r\u00edo, dos kil\u00f3metros m\u00e1s arriba de la poblaci\u00f3n de Yuto, y en la ribera opuesta. Con el correr del tiempo, es posible que all\u00ed se forme otro pueblo, alrededor de las dos oscuras y frescas enramadas en las que se vende -por otro pacto familiar- gallina guisada, en una, y pescado frito en la otra. Pero mientras ese pueblo no se forme y se le ponga el nombre de Yuto para conciliar la realidad con los mapas, hay que admitir la verad: la carretera de Yuto a Istmina no pasa ahora ni ha pasado nunca por Yuto.<\/p>\n<p>La tierra milagrosa<\/p>\n<p>A todo lo largo de aquellos 75 kil\u00f3metros estrehos y empedrados, divididos longitudinalmente por una cresta de hierba que es como una antlcIpaci\u00f3n natural de la cinta blanca en las carreteras asfaltadas, no hay un solo cent\u00edmetro, pero ni siquiera un mil\u00edmetro de tierra civilizada. Esa carretera es una incursi\u00f3n de piedra en la selva virgen, a trav\u00e9s de una vegetaci\u00f3n insaciable y poderosa. All\u00ed no hay nada que sembrar. Nada que criar. Son tierras inexploradas de las que extrajeron los constructores de la carretera huesos de f\u00f3siles marinos, a 80 kllometros del mar. Es enteramente sensato pensar que si se le hubiera ocurrido a alguien sembrar en esa tierra una mata de pl\u00e1tano, las frutas habr\u00edan crecIdo hinchadas con granos de platino. Sin embargo, la realidad indica que ni siquiera esos pl\u00e1tanos fabulosos podr\u00edan ser llevados al mercado m\u00e1s cercano antes que empezaran a podrirse.<\/p>\n<p>En carne y hueso<\/p>\n<p>De no ser por la incomodidad de los trasbordos, el viaje por la \u00fanica carretera interna del Choc\u00f3 ser\u00eda una reposada experiencia humana. All\u00ed viaja el vendedor de baratijas que habla de pol\u00edtica y de la manera de prevenir las mordeduras de serpiente. Viaja la maestra de escuela, que atiende en una remota aldea del San Juan una escuela con 123 ni\u00f1os, muchos de los cuales recorren varios kil\u00f3metros en canoa para asistir a las clases. All\u00ed viaja el indio que est\u00e1 siendo catequizado por los protestantes y cuyo idioma tiene 24 matices de las vocales y verbos que condeasan toda una oraci\u00f3n castellana. Ese indio, que vende gallinas y no acepta el pago sino en billetes de a peso, porque no entiende el r\u00e9gimen monetario, es tal vez una de las \u00fanicas ocho mil personas que con una sola palabra pueden decir: \u00abVoy de Quibd\u00f3 a Condoto, y almorzar\u00e9 en Istmina\u00bb. Los misioneros protestantes que adelantan investigaciones ling\u00fc\u00edsticas en el San Juan, aseguran haber recogido diez mil t\u00e9rminos, para un diccionario ind\u00edgena que definir\u00e1 diez mil.<\/p>\n<blockquote><p>59 a\u00f1os han pasado de este retrato del Choc\u00f3 hecho por Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez. Hoy azotado por la ola invernal y gobernado cada cuatrenio por las mismas castas pol\u00edticas, muy poco ha cambiado para el inmenso pesar del pa\u00eds y de los propios chocoanos.<\/p><\/blockquote>\n<p>En el cami\u00f3n que conduce de Yuto a Istmina, entre el baratillero, la maestra y el indio, viajaba un hombrecillo de 60 a\u00f1os, destrozado por el paludismo, que dec\u00eda en voz alta para que lo oyeran los periodistas: \u00abEsta es la gente m\u00e1s honrada del mundo. En esta cartera llevo treinta mil pesos en valores declarados y a nadie se le ha ocurrido rob\u00e1rmelos\u00bb. Era verdad. Al pregunt\u00e1rsele qui\u00e9n. era, el hombrecillo, muy cordial, muy cordial, muy ceremonioso, se presento amucha honra:<\/p>\n<p>-Soy el correo nacional.<\/p>\n<p>El rev\u00e9s de la teor\u00eda<\/p>\n<p>El trasbordo de la lancha al cami\u00f3n, no es el \u00fanico que se hace en el viaje de Quibd\u00f3 a Istmina. Hay que hacer un segundo trasbordo, \u00aben C\u00e9rtegui\u00bb, seg\u00fan se dice. Pero tambi\u00e9n es esa una manera de decir las cosas, sencillamente porque la carretera de Yuto a C\u00e9rtegui, que no pasa por Yuto, tampoco pasa por C\u00e9rtegui. Pasa por un sitio donde ya se est\u00e1 formando un pueblo, a tres kil\u00f3metros de la verdadera poblaci\u00f3n de C\u00e9rtegui, en cuya gallera se jug\u00f3 hace veinte a\u00f1os una libra de platino, y hoy es una polvorienta aldea tirada al margen de la carretera. Al rev\u00e9s de lo que ha ocurrido siempre, en el Choc\u00f3 son los pueblos los que tienen que pasar forzosamente por las carreteras y no las carreteras por los pueblos.<\/p>\n<p>Un solo puente<\/p>\n<p>De la ribera izquierda del r\u00edo C\u00e9rtegui, donde se interrumpe la carretera, hay que atravesar en canoa a la ribera derecha, donde se toma el camino que definitivamente conduce a Istmina. All\u00ed est\u00e1 el \u00fanico puntal para un puente que no se construy\u00f3 jam\u00e1s, nadie sabe por qu\u00e9. Aunque acaso sea para que el Choc\u00f3 siga siendo la gran paradoja administrativa, el departamento que tiene mayor cantidad de r\u00edos, y que sin embargo no le ha costado nada m\u00e1s que un puente interior a la naci\u00f3n: el puente de Las \u00c1nimas, construido en 1942.<\/p>\n<p>\u00abComo me lo contaron\u00bb<\/p>\n<p>La raz\u00f3n para que una carretera que fue construida para desembotellar a C\u00e9rtegui no pase por C\u00e9rtegui, es cosa muy dif\u00edcil de averiguar. Los habitantes de la regi\u00f3n, acostumbrados a las m\u00e1s inexplicables y curiosas maniobras administrativas, aseguran que C\u00e9rtegui se qued\u00f3 sin carretera porque el ingeniero constructor se ba\u00f1aba desnudo dentro del per\u00edmetro urbano y el inspector de polic\u00eda le llam\u00f3 la atenci\u00f3n. Como represalia el ingeniero dej\u00f3 a C\u00e9rtegui sin carretera.<\/p>\n<p>Esa es la historia, como la cuentan en el pueblo. Pero los informantes m\u00e1s serios insisten en que todo eso es pura literatura folcl\u00f3rica y que lo que realmente ocurri\u00f3 fue que a \u00faltima hora se modific\u00f3 el progreso y se desvi\u00f3 la carretera por donde el puente fuera menos costoso y m\u00e1s f\u00e1cil de construir. De eso hace muchos a\u00f1os y todav\u00eda el puente no ha sido construido.<\/p>\n<p>Istmina \u00a1Por fin!<\/p>\n<p>Al final de la carretera, Istmina es una calle larga, o m\u00e1s exactamente, el \u00faltimo tramo de la carretera con deterioradas casas de madera a lado y lado, hasta la orilla del r\u00edo San Juan. Un pueblo de gente sencilla, cordial y hospitalaria, que desayuna con leche condensada, porque no hay otra, y que s\u00f3lo come carne de res durante quince d\u00edas. En una eminencia, a espaldas de un busto del general Uribe que nadie se explica c\u00f3mo sobrevivi\u00f3 a la violencia, hay un colegio de misioneros con seminaristas que cantan en el coro y al atardecer salen a pasear por el pueblo en bicicleta y a tomar fotograf\u00edas.<\/p>\n<p>* * *<\/p>\n<p>El acueducto, construido por el Instituto de Fomento Municipal, surte a la poblaci\u00f3n desde una pileta al aire libre, en la que adem\u00e1s del agua se deposita toda clase de desperdicios. Donaldo Lozano asegura que hace tres meses abri\u00f3 el grifo de su casa y por \u00e9l sali\u00f3 el hollejo de una serpiente. Aunque en Istmina saben que Donaldo Lozano vive en olor de exageraci\u00f3n, desde hace tres meses nadie ha vuelto a beber el agua del acueducto.<\/p>\n<p>La bolsa de valores<\/p>\n<p>El comercio de Istmina es de una variabilidad imprevisible. El mi\u00e9rcoles de la semana pasada un paquete de cigarrillos nacionales costaba treinta centavos, como en todo el pa\u00eds. El viernes costaba ochenta. La modificaci\u00f3n de los precios se deb\u00eda a que la avioneta de \u00abSeraco\u00bb, que anda, de pueblo en pueblo como un saltamontes providencial, no pudo transportar un cargamento de cigarrillos, que le aguardaba en Buenaventura. La avioneta debi\u00f3 de volver el martes. Si tampoco en esa ocasi\u00f3n pudo transportar la carga, todo Istmina debe de estar fumando cigarrillos extranjeros, que ya deben ser mucho m\u00e1s baratos que los nacionales.<\/p>\n<p>La despensa perdida<\/p>\n<p>La consecuencia dram\u00e1tica del embotellamiento del Choc\u00f3 est\u00e1 en el Baud\u00f3, la prodigiosa e in\u00fatil despensa donde el pl\u00e1tano se pudre y el arroz se pierde porque no hay c\u00f3mo sacarlos a los mercados. Nada se logra con llevar los productos a Puerto Pizarro, en el oc\u00e9ano Pac\u00edfico, porque el \u00fanico barco que pasa por all\u00ed, \u00abEl Ciudad Quibd\u00f3\u00bb, demora un mes en la traves\u00eda. Varios kil\u00f3metros al norte se quedaron esper\u00e1ndolo \u00ablos locos del Baudo\u00bb, ese pu\u00f1ado de intr\u00e9pidos colonizadores que sobrevivieron comiendo cucarachas marinas.<br \/>\nNo hay un mercado en el mundo a donde los suculentos pl\u00e1tanos del Baud\u00f3 -de los cuales se conocen ocho variedades- puedan llevarse en menos de una semana. Y el pl\u00e1tano empieza a podrirse cinco dias despu\u00e9s de recolectado.<\/p>\n<p>A lomo de hombre<\/p>\n<p>El camino del arroz es largo y sangriento. Pero como los habitantes de Istmina, Condoto, Andagoya y Tad\u00f3, tienen que alimentarse de cualquier cosa para no comerse su tierra de oro y platino, el camino del arroz sigue utiliz\u00e1ndose. Hay que remontar la carga, en canoas, hasta las cabeceras del r\u00edo Pepe. All\u00ed lo espera una cuadrilla de hombres de carga, de bestias humanas que lo transportan, en largas y dram\u00e1ticas jornadas a trav\u00e9s de la selva, agarr\u00e1ndose como gatos a las faldas de la monta\u00f1a virgen, hasta la carretera de Istmina. Cada cargador, sobreviviente de los tiempos heroicos de la Colonia, devenga dos pesos por jornada. Un saco de arroz comprado a quince pesos en el Baud\u00f3, llega a Istmina -80 kil\u00f3metros aproximadamente- costando 28 pesos, si se ha contado con la suerte de que no llueva demasiado.<\/p>\n<p>\u00bfD\u00f3nde est\u00e1 el Pac\u00edfico?<\/p>\n<p>Si es dif\u00edcil viajar al Choc\u00f3 desde cualquier lugar del pa\u00eds, es m\u00e1s dif\u00edcil viajar dentro del Choc\u00f3. En Quibd\u00f3 se habla de Bah\u00eda Solano como de una leyenda: se dice que es la ensenada natural m\u00e1s hermosa y aprovechable del pa\u00eds, y que puede ser la fant\u00e1stica puerta del Pac\u00edfico. Pero muy pocos de quienes lo dicen conocen a Bah\u00eda Solano, sencillamente porque para recorrer el centenar de kil\u00f3metros que la separan de Quibd\u00f3, se necesitan hasta cuatro d\u00edas, por la ruta del pian y el paludismo.<\/p>\n<p>Incluso los pueblos del Pac\u00edfico est\u00e1n incomunicados entre s\u00ed. Bah\u00eda Solano ignora a qu\u00e9 saben las naranjas de Cupica, a pesar de que en el mapa figuran a una pulgada de distancia. Desde las bocas del SanJuan hasta Punta Ardita, en la frontera de Panam\u00e1, no hay una sola oficina telegr\u00e1fica. En octubre del a\u00f1o pasado, un visitador de la polic\u00eda que viajaba a Jurad\u00f3 tuvo que dormir en Bah\u00eda Solano. El agente postal le pidi\u00f3 el favor de llevar al agente postal de Jurad\u00f3 un peque\u00f1o envoltorio, protegido con papel encerado. Era el correo de 6 meses.<\/p>\n<p>(Septiembre, 1954).<\/p>\n<h5><strong>Por: Gabriel Garc\u00eda M\u00e1rquez \u00a0|\u00a0<\/strong>*Publicado en El Espectador<\/h5>\n","protected":false},"excerpt":{"rendered":"<p>Una familia unida, sin v\u00edas de comunicaci\u00f3n Es dif\u00edcil llegar a Quibd\u00f3. Pero es m\u00e1s dif\u00edcil salir. 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