Por Paul Sánchez Puche*
Presentación
A través de su Programa Nacional Ambiental, la Corporación Nuevo Arco Iris, revive el dialogo asertivo con comunidades directamente afectadas, organizaciones sociales, empresa privada, gobierno nacional, departamental, municipal y por supuesto a la Hidroeléctrica Urrá una de las principales responsables de las inundaciones que hoy agobian el Departamento de Córdoba, con el propósito de buscar y concertar propuestas que pongan punto final al desastre natural que afecta toda la región.
El titular «Caos en Urrá llega al bosque» corresponde originalmente a un artículo de investigación del filósofo y ambientalista, profesor Paul Sánchez Puche, Director del Programa Nacional Ambiental de la Corporación Nuevo Arco Iris publicado porel periódico el Tiempo el 7 de septiembre de 1998. El texto aborda el impacto ambiental de la hidroeléctrica en el ecosistema del Parque Natural Nudo de Paramillo en toda la cuenca del rio Sinú destacando:
Deforestación: La afectación de 460.000 hectáreas de selva primaria (ecosistema maduro y virgen con alta biodiversidad) y selva secundaria (ecosistema en regeneración) en los límites de Córdoba y Antioquia.
Destrucción directa: La inundación de 7.400 hectáreas de selva primaria para la creación del embalse, sin sustraer la biomasa producida por la tala de árboles y remoción de la tierra.
Impacto social: El conflicto con la comunidad indígena Embera-Katío, quienes vieron alterado su territorio y su principal fuente de subsistencia, el río Sinú. Su principal Líder Domingo Pernía Dominicó fue cruelmente asesinado.
Consecuencias: La falta de remoción de biomasa generó eutrofización en el embalse, mientras que el control del río eliminó las inundaciones naturales necesarias para los ecosistemas de ciénagas.
Aunque el artículo es histórico, el nombre resurge hoy debido a una crisis hidrológica sin precedentes en el embalse:
Alerta Roja: En febrero de 2026, la hidroeléctrica (URRÁ 1) declaró alerta roja operativa por niveles críticos de agua tras las intensas lluvias no esperadas para la temporada seca. Las cuales son parte de los cambios producidos al clima por acción antrópica.
Emergencia Regional: El departamento de Córdoba fue declarado en Calamidad Pública debido al rebosamiento del embalse y el desbordamiento del río Sinú, afectando a más de 15.000 familias.
Cuatrocientas sesenta mil hectáreas de bosque primario y secundario húmedo tropical comenzaron a ser afectadas seriamente con la construcción de la represa de Urrá, en el parque natural Nudo de Paramillo, ubicado entre Córdoba y Antioquia. De este bosque, 7.400 hectáreas serán destruidas en forma directa con el llenado del lago artificial de la represa, de las cuales el 90 por ciento desaparecerán para siempre del planeta sin habérsele estudiado.
La riqueza de este bosque está representada en una gran biodiversidad y endemismo, es decir especies exclusivas de la zona. Allí nacen lo
ríos Verde, Esmeralda, Manso, Tigre, Caimán, San Jorge, Sinú y más de 500 quebradas, por lo que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza (UICN) lo considera entre los 10 parques naturales con mayor riqueza ecológica en el mundo. La destrucción de esta selva virgen será una pérdida irreversible para la humanidad, ya que según Anne H. Ehrlich y Paul R. un solo árbol en un bosque húmedo tropical produce 7,6 millones de litros de agua, durante su vida . Si esto lo multiplicamos por el número de árboles que tiene el Nudo de Paramillo, el aporte que este hace al medio es
incalculable. Además, su destrucción contribuirá al cambio climático del planeta, al disminuir el proceso de evapotranspiración en la zona, lo que reducirá el nivel de precipitación, que según el meteorólogo Max Henríquez es de 5.600 mm. en la parte alta del Paramillo.
Deterioro del Sinú
El río Sinú, con 370 kilómetros de longitud, es el único en Colombia y como pocos en el mundo que une a cuatro de los más importantes biomas del planeta: páramo, selva húmeda, humedales y estuarios. Aporta el 90 por ciento de la riqueza que posee el mar Caribe, representada en el planctum, zooplanctum y en los millones de microorganismos con que este ha irrigado el valle del Sinú, convirtiéndolo en el más fértil del mundo. Esta riqueza se perderá para siempre con la represa de Urrá, ya que ésta, al regular sus aguas, impedirá que el río vuelva a aportarle el mismo volumen de agua a la Ciénaga Grande de Lorica, en el bajo Sinú, la que se irá secando lentamente. Al no irrigar el Sinú su valle, bajará el nivel freático y sus tierras se volverán salinas, tal como ocurrió con el valle del río Nilo con la construcción de la represa de Aswan, en Egipto.
Adiós al bocachico
La hidroeléctrica de Urrá no solo afectará al Nudo de Paramillo en toda su dimensión, sino que ya acabó con el bocachico y otras especies de las cuales se alimentaban 3 mil indígenas emberá katios de los resguardos de Karagabi e Iwagadó, y más de 10 mil familias de pescadores y zenúes que viven en la cuenca baja del río Sinú, porque la represa impide que el bocachico pueda volver a subir a desovar o reproducirse en la parte alta del río Sinú como lo hizo durante toda sun vida.n La desaparición del bocachico había sido advertida reiteradamente por ecólogos y ambientalistas mucho antes de que se construyera la represa. Sin embargo pudieron más los intereses políticos de ngobiernos insensibles y el afán de las multinacionales financiadas por Suecia y Canadá, que el hambre y la cultura de las comunidades que por siglos han mantenido un verdadero desarrollo sostenible para esta y las futuras generaciones. Otro de los impactos socio-ambientales que ocasionará la represa es la desaparición de las playas del río Sinú porque este ya no tiene la suficiente fuerza para arrastrar el material rocoso desde lo alto del Nudo de Paramillo, que al fraccionarse se convierte en piedra, gravilla y arena. Además, porque el río mantendrá el caudal estable, lo que no permitirá que las playas vuelvan a aparecer a lo largo de la cuenca del
Sinú, de la cual vivían unos 8.000 areneros, quienes con su labor permitían que los materiales de construcción en Córdoba fueran más baratos.
El proyecto Urrá solo producirá 340 megavatios de energía, lo que es poco frente al daño que ocasionará. Es un megaproyecto que se construyó sin un estudio serio y profundo de impacto ambiental. Los directivos de Urrá afirman que el promedio de vida de esta represa es de 50 años, cuando en realidad la vida útil es de aproximadamente 20 años debido a la alta sedimentación y la biomasa a descomponer. Además, no tiene licencia ambiental de llenado y operación del Ministerio del Medio Ambiente, ni se realizaron las consultas previas a las comunidades antes de construirse la represa.
En el mundo, esta forma obsoleta de producir energía ha sido cuestionada por el daño irreversible que ocasiona a ecosistemas vírgenes y a comunidades. En los países del primer mundo la construcción de hidroeléctricas está prohibida y actualmente se ha empezado a romper los diques para que los ríos vuelvan a fertilizar sus valles.
Sin embargo, en los países del tercer mundo se siguen construyendo estos megaproyectos, financiados en su mayoría por el Banco Mundial, y en el caso de Urrá, un buen porcentaje lo hace el Nordie International Bank de Noruega. Existen ejemplos desastrosos como el de Aswan, en Africa; Marastran, en la India, y el proyecto Grande Carajás, en Brasil. En la región Amazónica, las cinco grandes hidroeléctricas han destruido 5.335 kilómetros cuadrados de bosque, produciendo grandes cantidades de metano, cuyo aporte a la atmósfera es cinco veces mayor que el dióxido de carbono, el cual es el principal gas de efecto invernadero que contribuye al calentamiento del planeta.
¿Quién pagará los impactos ambientales?
De acuerdo con el ministro del Medio Ambiente, Juan Mayr, nadie ha contemplado los inmensos impactos ambientales y sociales que
ocasionará para las generaciones futuras la hidroeléctrica de Urrá . Mayr explicó que no se ha tenido en cuenta cuáles serán esos estragos
y quién los pagará. Dijo que la represa no se puede llenar porque no tiene licencia de impacto ambiental y, además, porque se espera el fallo de la Corte Constitucional sobre una tutela interpuesta por la comunidad Embera katío, que tiene parado el proceso de llenado. El Ministro puso como ejemplo el grave deterioro de la Ciénaga Grande de Santa Marta, ocasionado por la construcción de una carretera y el taponamiento de caños que llevaban agua dulce a este sistema. El costo social y económico de la falta de previsión ambiental fue enorme. Tanto, que le ha costado al país más de 20 millones de dólares tratar de restituir este ecosistema. Mayr también cuestionó que nunca se tiene en cuenta a tiempo la variable ambiental a la hora de construir grandes proyectos y de distribuir los recursos económicos.
Por otro lado, el llenado del embalse está en veremos si Urrá no cumple con la consulta previa con las comunidades indígenas Embera
katío (resguardos Karagabí e Iwagadó) y con el pueblo zenú (resguardo de San Andrés de Sotavento). Además, está pendiente la entrega de tres planes sociales, culturales, económicos, productivos y de desarrollo sostenible para colonos localizados aguas arriba del embalse, pescadores localizados aguas abajo y para todas las poblaciones de colonos e indígenas afectadas por el proyecto. También está en veremos la construcción de un puerto fluvial y definitivo para la población de Crucito y sus 26 veredas, sistema de transporte fluvial permanente, plan cultural de convivencia con el embalse aguas arriba y diseño para el desarrollo de los programas de educación ambiental.
*Paul Sánchez Puche es filósofo, ambientalista, coordinador del área ambiental de la Corporación Nuevo Arco Iris.























