Por Walter Aldana
Desde el gobierno de Floro Tunubalá no se hacía tan importante y necesaria la integración social, económica y política del suroccidente colombiano, no solo por ser la región del país con mayor identidad progresista, sino también por la riqueza de la diversidad cosmogónica, la importancia ambiental del agua, los páramos, la Amazonía y nuestro imponente litoral Pacífico. Ello quiere decir que impulsar la integración de la sur-colombianidad es tarea central para nuestro desarrollo, basado en la articulación entre las dinámicas productivas y la conservación ambiental, lo que exige una lectura similar del territorio y una noción compartida del desarrollo a escala humana por los gobiernos nacional y departamental.
Desarrollo a escala humana en el Cauca significa promover que este territorio se convierta en la despensa agrícola del Suroccidente colombiano con proyección nacional a partir de la transformación de las prácticas agrícolas, la introducción de niveles de tecnificación en los sistemas de sembrado y recolección, el avance en la transformación de los productos para incorporar valor agregado a las tradicionales materias primas agrícolas y la promoción activa del acceso de los productores a los mercados -compras públicas, mercados campesinos en las ciudades, vías terciarias, etc.
Pero no se trata solo de tecnificar. Desarrollo a escala humana significa que la modernización de los sistemas productivos implica el reconocimiento de las campesinas y campesinos, tal como suena, sin eufemismos, y la promoción de su participación activa en las transformaciones a introducir en la producción.
De otra parte, la gente reclama una práctica de gobernanza conocida como “gobierno abierto”, “gobierno digital”, basada en la aplicación del precepto “mandar obedeciendo”, que implica brindar información a los ciudadanos y ciudadanas, generar participación comunitaria en la identificación de los problemas, la definición de las soluciones, la ejecución de las acciones y la rendición de cuentas como la clave para el cumplimiento de las decisiones y la vigilancia de los recursos públicos frente al extendido fenómeno de la corrupción. Se trata en últimas de que “el pueblo hable y el pueblo mande”.
Esta reflexión que hoy les comparto nace del recorrido que he iniciado por nuestros territorios, de la conversa con lideresas y líderes de los diversos estamentos locales o municipales, de la necesidad de llamar la atención sobre la necesidad de recuperar la vocación de servicio como empleados, funcionarios y/o servidores públicos, y la identidad y sentido de pertenencia con la institución que nos brinda la posibilidad laboral, tal cual lo hacen, o deben hacerlo, el médico, el profesor y el cura.
Desde la región, desde el departamento, integrar, aportar soluciones materiales e inmateriales, reconocerse en sus potencialidades y deficiencias, constituyen las riquezas del Cauca y el Suroccidente de Colombia.


