Por Walter Aldana Q.
La zozobra generada por el despertar del volcán Puracé desde hace meses con sus constantes emisiones de ceniza y los temblores asociados a la actividad del volcán, así como el terremoto acaecido el pasado 10 de agosto, deben llamar la atención del ente territorial regional respecto a la atención dedicada a la evolución de estos hechos para determinar políticas, acciones, planes y metas orientadas a proteger a las comunidades ubicadas en el área de influencia del volcán y a atender los efectos colaterales que sufran los habitantes de los municipios vecinos. Para ello se deberá tener presentes los criterios de subsidiaridad, complementariedad y concurrencia de los niveles nacional, departamental y municipal.
No basta con seguir las indicaciones oficiales de los organismos que por misión tienen a cargo el monitoreo del volcán. Es necesario que el gobierno del Cauca socialice de forma amplia los planes de prevención y atención que ha diseñado para evitar que se generen conjeturas que se conviertan en alertas sin fundamento científico entre las comunidades del Departamento.
Quienes ejercen el gobierno regional o aspiran a ello están en el deber de definir con claridad un eje de intervención para la gestión de riesgos, mediante el diseño de una política pública que plantee cómo armonizar la expresión viva de los doce volcanes que conforman la cadena de Los Coconucos en nuestra cordillera central y la presencia de las comunidades en ese territorio, lo que implica conocer bien la actividad volcánica para adoptar las medidas necesarias para prevenir los riesgos asociados a los fenómenos de la naturaleza.
Ante la ausencia de políticas claras de prevención, las comunidades y sus autoridades concentran su acción en atender las emergencias coyunturales, incluso con esa hermosa expresión de solidaridad ciudadana que se ha advertido con ocasión del terremoto reciente. Es urgente que la política pública se oriente a anticiparse a una posible erupción del volcán, a los peligros de deslizamiento en la vía panamericana y en las carreteras intermunicipales, en realizar las obras de arte en las vías para evitar que el agua corra “como Pedro por su casa» y de canalización de pequeñas fuentes de agua que, como en el caso de Arbela en el municipio de la Vega, prevenga que su discurrir socave las bases de las casas y provoque su deslizamiento.
Los programas de gobierno para la contienda electoral de 2027 y su expresión en los planes de desarrollo departamental y municipales debe incluir la realidad del riesgo, que supere los efectos del conflicto armado, de los cultivos de uso ilícito y de la minería. Habrá que considerar entre las prioridades la necesidad de atender de forma preventiva la convivencia con los volcanes, los movimientos telúricos, los deslizamientos de tierra sobre vías y lugares de habitación que modifican la cotidianidad de sus territorios.



